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Textos y colaboraciones

Nombre: pedsarod
Ubicación: santo domingo, Dominican Republic

15.6.07

El escandaloso circo del G 8



Por José Carlos García Fajardo
CCS, UCM

Con el único criterio de su riqueza y de su poder se han escogido y se reúnen anualmente los jefes de Estado y de Gobierno de los países más industrializados del mundo. Es el poder contante y sonante, la riqueza y la fuerza para imponer criterios en defensa de sus intereses. Si no comenzamos a llamar a las cosas por su nombre jamás conseguiremos una sociedad más humana, justa y solidaria. El poder que surge de las armas o del dinero no da lugar a la democracia si no a una plutocracia y a la oligarquía globalizada y financiera.

La idea del G7 se le ocurrió al entonces presidente de Francia Valéry Giscard d'Estaing en 1974. Los reunió bajo su presidencia en 1975 , como a "los mejores y a los más grandes y poderosos". Esos eran los criterios que siempre han amueblado su cabeza, de ahí que muchos nos preguntemos si fue acertada su elección para presidir la Comisión encargada de redactar el texto para la Constitución de la Unión Europea. Su falta de sensibilidad social y sus criterios elitistas y megalómanos no han dejado de pasar factura. Más tarde, no pudieron ignorar a Rusia y, en 2003, nació el G8.

La última reunión del G8 ha sido presidida por la canciller de Alemania Angela Merkel. En los medios de comunicación ya causan más sonrisa que auténtico interés tanto el G8 como las manifestaciones de sus voluntariosos oponentes, que sí que tuvieron un importante papel durante años anteriores.
Es tan descarada la prepotencia de esos líderes, no elegidos para ese puesto democráticamente, que han tenido que recurrir a invitar a personajes de las finanzas, de la política y de la intelectualidad o del espectáculo para que asistiesen como corifeos del evento.
Este año han invitado a 5 jefes de Gobierno de países emergentes y a 5 jefes de Estado africanos para paliar el abandono absoluto y la falta de justicia con los pueblos de este continente de la esperanza. Les han vuelto a prometer 60.000 millones de ayuda cuando todavía no les han desembolsado los 40.000 millones prometidos en la reunión anterior, ni puesto en práctica la cancelación de la deuda a los países más empobrecidos.

El G8, a excepción de Japón, son países europeos o de ascendencia europea: Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Rusia, EEUU y Canadá. Cuatro de ellos son miembros de la Unión Europea, y otros cuatro son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Los vencedores de una guerra mundial que finalizó hace 52 años. Desde entonces, parece que nada se ha movido en el tablero mundial y países emergentes como Brasil, México, China, Sudáfrica o India no ocupan puestos permanentes en el Consejo de Seguridad.

Nos recuerda el gran analista francés de origen tunecino, Béchir Ben Yahmed, que la dirección general del Fondo Monetario Internacional "para el Desarrollo" (FMI) está reservada desde hace 60 años a un país europeo y que la presidencia del Banco Mundial, también "para el Desarrollo", la ocupa un norteamericano nombrado directamente por el Presidente de EEUU. Así nos podemos hacer una idea de cómo está repartido el poder real en el mundo.

Lo increíble es que, en ese colosal grupo de poder, no están representados ni la ONU ni ninguna de las instituciones de carácter social y de verdadero desarrollo humano: FAO, OMS, UNESCO, etc. Pero el antiguo presidente de Francia persiste en que el G8 es representativo de la humanidad "porque sus miembros suponen el 63% del Producto Interior Bruto mundial, cerca de la mitad del comercio y dos tercios de la ayuda al desarrollo".

¿Cómo se puede hablar del calentamiento del planeta y de la degradación del medio ambiente, de la proliferación nuclear, de la pobreza y de la ayuda al desarrollo, de los paraísos fiscales y del dinero de la droga y del tráfico de armas, del agotamiento de las fuentes de energía y de la lucha contra el terrorismo sin que participen en el debate y en la búsqueda de soluciones los países menos ricos?, se pregunta nuestro colega.

La opinión pública se siente traicionada y los pueblos empobrecidos del Sur nos muestran las heridas de cuatro partes de la humanidad con movimientos migratorios crecientes y con gritos en forma de terror. Y es suicida atribuir a movimientos ideologizados que sólo buscan la destrucción de los privilegios adquiridos de una minoría. Se hace en nombre de otra ideología, la de un etnocentrismo basado en el poder del dinero, en la explotación de otros seres humanos y de sus riquezas, así como en una fuerza militar y subversiva como jamás había conocido la humanidad. Es imposible someterse a la injusticia de que el 2% de la población posea más del 50% de la riqueza mundial, mientras que el 50% más pobre no alcanza ni al 1%. Lo pagaremos a pesar de los muros de egoísmo y de exclusión que erijamos.

Ben Yahmed aporta estas reflexiones del último presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn: "El mundo no puede alcanzar una relativa serenidad más que si todos los habitantes del planeta viven con la esperanza de un porvenir más justo (...) porque la ayuda de los ricos a los empobrecidos ya no puede ser considerada como un sacrificio o como generosidad sino como una contribución obligatoria a la paz en el mundo".

José Carlos García Fajardo
Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM)
Director del CCS
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2.2.07

Syria Poletti: Historias en Rojo, Corazón y Sangre




Por Daniela Aspeé Venegas* -
Pontificia Universidad Católica de
Chile


Historias en rojo es una obra fuerte en el qué y en el cómo. En la pluma de Syria Poletti parecen traducirse constantemente guiños de una vida difícil, marcada por la soledad, los cambios abruptos, la carencia. El amor maternal en esta obra se extralimita y se transforma en algo negativo, pero plenamente justificado: nadie condena a una madre que mata por un hijo, en la obra de Poletti tampoco, y esto parece ser el desahogo de una carencia marcada a sangre en su vida. Pero no solo matan madres, también lo hacen hombres, presentados como animales obsesivos puramente pasionales, que matan inspirados por una pasión incontrolable y duramente castigada, siendo tal vez otra carencia traspasada en forma magistral al papel. Historias en rojo de Syria Poletti no sólo envuelve al lector en un ir y venir de sentimientos llevados a su máxima expresión, consigue además que surjan sentimientos nobles, como la compasión, frente a estas obsesiones casi aberrantes.



SYRIA POLETTI
Syria Poletti nació en Pieve di Cadore, ciudad al norte de Italia, en 1917. La emigración de sus padres a Argentina, en búsqueda de mayores oportunidades, la llevaron a crecer bajo la sensación de abandono, el cual para una niña de nueve años no se justificaba pese a las precarias condiciones económicas, sobretodo viniendo de una madre. El abandono se compensó con la figura de su abuela, quien se transformó en una madre para ella, no sólo en lo emocional, si no que también en lo artístico: "es como el símbolo de la perfección humana que la autora quiere imitar y retratar en cada una de sus obras" (Gardini 13).

Arrancada de los brazos de esta madre por un tío que veía en el bienestar económico lo único necesario para una niña, se transformó en una joven rebelde, cuyo castigo fue la internación en un orfanato.El abandono absoluto no la intimidó, como sí lo hizo una escoliosis deformante que transformó su columna en el peso más limitante de su vida. Sólo al alcanzar la madurez su deformidad se transformó en un estímulo artístico, dejando de ser simplemente un obstáculo para el amor sexual. A los 21 años, luego de titularse como maestra, quiso emprender viaje a Argentina junto a su hermana Beppina, también abandonada pero más conforme.

Sin embargo, no fue considerada apta para el viaje y tuvo que esperar que su hermana viajara y desde Buenos Aires consiguiera un permiso para ella. Argentina se transformó en su segunda patria, pese a las dificultades económicas y culturales que en los primeros años la acompañaron. No obstante, fue en esta tierra lejana donde se consagró académica y artísticamente. Su éxito no fue gratuito, realizó enormes esfuerzos y sacrificios para sobrevivir haciendo lo que más le gustaba y lo que esa tierra nueva y llena de historias le permitía hacer: crear como su abuela le enseñó. Por eso decidió trasladarse a Buenos Aires, la capital política y literaria de Argentina, que la pobreza y la soledad no pudieron desvirtuar. El éxito se lo ganó y la acompañó hasta los años ochenta, cuando la situación política y la crisis social tuvieron como primeras víctimas a los artistas.

La sensación de abandono que marcó su infancia fue una huella inevitable en su vejez. Los lectores y el círculo artístico la abandonaron. No había ánimo, ambiente, ni muchas posibilidades de acceder al arte. Pero Syria renació y siguió publicando, dedicada a esos libros que la hacían recuperar lo que sintió perdido en Italia: los libros infantiles. En 1991 murió la escritora de dos patrias, fiel a cada una de ellas, orgullosa de sí misma, siempre golpeada por la falta de afectos primarios. Syria Poletti tuvo una producción literaria vasta y exitosa desde el comienzo.

En 1961 publicó su novela Gente conmigo, que obtuvo el Premio Internacional Losada y el Premio Municipal de Buenos Aires, seleccionada entre las diez mejores novelas sudamericanas por la Editorial Alan Williams de New York y llevada al cine con la adaptación de Jorge Masciángioli y bajo la dirección de Jorge Darnell en 1965. Además fue traducida al alemán, checo, inglés e italiano. En 1964 publicó Línea de fuego, libro de cuentos que se incluyeron en diversas antologías y fueron llevados a la televisión en varias ocasiones.

En 1965 obtuvo en Madrid el Premio Doncel por su libro de cuentos infantiles Botella al mar. En 1969 publicó Historias en rojo que obtuvo el Primer Premio Municipal de Buenos Aires. En 1971 apareció Extraño oficio (Crónicas de una obsesión), novela propuesta para el Premio Nacional de Literatura de ese año. En 1972 publicó Reportajes supersónicos, libro infantil que obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
En 1974, Syria Poletti fue distinguida por el Gobierno italiano con el título de Gran Caballero de la Estrella de la Solidaridad, por su obra cultural en Italia y Argentina. En 1977 publicó Taller de imaginería y en 1989 ...Y llegarán Buenos Aires.

Fue distinguida en muchas ocasiones por su labor de acercamiento cultural entre Italia y Argentina, y por su destacada participación como mujer en el ambiente cultural. Publicó una gran cantidad de libros para niños, además de los ya mencionados, que originó una selección en 1987 titulada 100 cuentos de Syria Poletti.
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HISTORIAS EN ROJO
Historias en rojo es una serie de cuentos aparecidos en la revista argentina Vea y Lea, publicados como libro en 1969. Estos cuentos policiales están fuertemente marcados por la doble influencia cultural de su autora.

Así, lo policial de esta obra se desarrolla bajo características italianas, pero en un contexto social argentino. El tema constante de Historias en rojo son las luchas familiares que culminan en asesinatos: "Ahora estamos en el hic et nunc de las relaciones obsesivamente personales, y hasta familiares" (Volta 22-3). Esto constituye, precisamente, lo italiano en las narraciones de Poletti, que la terminan ubicando dentro de las manifestaciones del país europeo. Dicha especificidad, Luigi Volta la define aún más: "Syria Poletti escribe sus anómalos policiales como para exorcizar su propia idea de 'pasado' en una Italia patriarcal, que es la misma idea que está en la base de la literatura policial italiana y que produce tanta dificultad de movimiento para los detectives de aquel país" (Volta 24).

Sin embargo, todo esto es desarrollado dentro de las problemáticas de los inmigrantes en una tierra argentina marcada por la desigualdad, las injusticias, el paisaje y la pobreza. Los cuentos de Historias en rojo son relatos de crímenes motivados por el amor malentendido, obsesivo, protector o celoso. En cada uno de ellos el resultado es el asesinato, único tipo de crimen que se desarrolla en la obra. Este parece ser el medio ideal por el cual el amor puede expresarse cuando llega a límites anormales. La excepción es "Vírgenes prudentes", cuento que no tiene crimen y da la sensación de pertenecer a otro libro. Es la historia de un abandono romántico y místico, narrado desde la negación de la abandonada. Los demás cuentos pueden clasificarse en dos tipos, según el sexo del asesino: los cuentos donde los asesinos son hombres presentan patrones similares, que no comparten los cuentos donde el crimen está en manos de mujeres.

Estos patrones tienen que ver, principalmente, con las motivaciones y la inteligencia del criminal. Sin embargo, esta clasificación puede parecer poco sustentable, debido a la considerable diferencia de cantidad entre uno y otro. Sólo en dos relatos, "Rojo en la salina" y "El hombre de las vasijas de barro", el asesino es hombre. Aún así, el análisis desde este punto de vista se hace interesante y necesario. En "Rojo en la salina" un hombre débil y lisiado, que ha dejado en manos de su mujer todo el peso del trabajo y el éxito, asesina al administrador de la salina que dirige su esposa, para huir con su amante, mujer de la víctima.

En "El hombre de las vasijas de barro", un enfermero de un geriátrico asesina a una muchacha menor de edad, deficiente mental, para que no fuera descubierto el embarazo del cual él era responsable. En ambos cuentos es la pasión motivo de los crímenes: en el primero, la necesidad de dar libertad a esa pasión, en el segundo la necesidad de ocultar las consecuencias de esa pasión. Asimismo, en los dos relatos existe una planificación del crimen, más o menos elaborada, que sobrepasa las capacidades de todos, incluyendo a la policía. Sin embargo, en los dos cuentos, una mujer fuerte, muy inteligente, confiada en sus instintos, resuelve el caso. El proceso de investigación de los personajes femeninos que actúan como detectives en estos cuentos, se basa en los instintos y en la observación aguda del comportamiento humano.

En "Rojo en la salina", el distanciamiento y comportamiento de su hija con su adorada mejor amiga, quien era hija de la víctima y de la amante del asesino, llevan a la obligada detective a descubrir en su esposo al culpable. Esto junto a la decepcionante visión que mantenía de su marido, un hombre débil sin ninguna sensibilidad artística, le permiten formar un cuadro criminal absolutamente lógico.

En "El hombre de las vasijas de barro" es precisamente esta sensibilidad artística la que lleva a la abuela, detective del cuento, a negar rotundamente la culpabilidad de Basilio, interno del geriátrico que administra su sobrino, culpado en forma categórica del crimen. Esto, junto a su capacidad de observación y su aguda inteligencia, que le permiten entender que en todo comportamiento humano reprochable por los cánones sociales existe una omisión, además de su capacidad de aceptar la pérdida de la inocencia y enfrentar los temas "pecaminosos" sin tapujos, le permiten vislumbrar un motivo para el crimen y conectar esto con el culpable, que de ninguna manera podía ser un loco, sobretodo si este es un artista que cayó en la demencia por culpa de la guerra, lo que lo incapacita de ejercer una violencia que su mente no fue capaz de tolerar.

En los cuentos donde los asesinos son mujeres, la motivación parece ser siempre el amor, pero un amor malentendido, exagerado, que se caracteriza por ser protector, obsesivo y siempre maternal. Las madres que matan en defensa del hijo parecen estar justificadas y en Historias en rojo nunca reciben castigo. En Mala suerte, Doña Carmelina asesina a Rosita, la mujer más deseada de Villaguay, dueña de un boliche, donde aprovechaba de robar a los hombres cuando borrachos iban con ella a una habitación. Cuando su esposo se transformó en una víctima de Rosita, Carmelina decidió defender lo que le pertenecía a ella y a sus hijos, asesinando. En "Pisadas de caballo" tres hermanas cuidan de su padre y de su hermano enfermo. Durante una noche crítica, Nives, una de las hermanas, administra las dos únicas inyecciones de coagulante a su hermano, dejando morir a su padre.

En "A largo plazo", Mino, el menor de tres hermanos, muere tras una larga enfermedad. Sin embargo, Antonio, su hermano mayor, insiste en la idea del asesinato. Como sus sospechosos estaban en la familia de su otro hermano desiste de la idea y nunca descubre que su esposa, María, asesinó a Mino en venganza de las humillaciones a las que sus hijos fueron sometidos por ese arrivista tío. En "Estampa antigua", Wanda es asesinada por su esposo, quien creía que la pistola con la que solía amenazarla estaba descargada. Ambos sabían que la amenaza era sólo eso, casi un juego, pero la madre de Nano, sabiendo los engaños de Wanda, decide terminar con las humillaciones de su hijo cargando la pistola confiada en que la dispararía Herminio, primo de Nano, celoso por un nuevo romance de Wanda.

En ninguno de estos cuentos las asesinas son descubiertas, no existe un detective ni un proceso de investigación detallado y eficaz. La policía actúa en algunos casos, pero parece inútil frente a estos crímenes que, si bien no son planificados con detalles, son muy inteligentes en su realización.

En "A largo plazo" y "Estampa antigua", la impunidad de los crímenes se produce gracias a la complicidad entre la asesina y su hija o nieta. Por lo tanto se presenta la relación entre la figura maternal y la niña como un lazo cómplice, inquebrantable y justificado frente a todo. En el primer cuento mencionado, la hija de María conoce la participación de su madre en la muerte de Mino, y le presenta su apoyo incondicional, justificando plenamente su actuación. En el segundo relato, la nieta de la asesina esconde la única evidencia que podría haber señalado a su abuela como culpable, como un acto de fidelidad absoluta y nunca mencionado. Sólo en dos cuentos existe un castigo que no proviene de la justicia.

En "Pisadas de caballo", Nives es descubierta por su hermano quien rechaza abruptamente su actitud y la increpa en forma dura y cruel, haciéndola sentir miserable. En "Estampa antigua", el deseo de la abuela de que Wanda fuera asesinada por su sobrino, se ve abortado por la llegada imprevista de su hijo, quien comete el asesinato. Nano es condenado por el crimen, lo que lleva a la desesperación, caída y muerte de esta madre en pleno dictamen de la condena, cuyo asesinato perfecto tomó un rumbo equivocado. Por lo tanto, en Historias en rojo los crímenes cometidos en nombre del amor maternal y protector no reciben castigo, salvo aquellos que desembocan en un daño a ese hijo protegido. Nives daña a su hermano al quitarle la vida a su padre, el ser más querido para el joven. La madre de Nano destruye la vida de su hijo al quitarle a su mujer amada y llevarlo a pagar él por su muerte. Estos castigos no son físicos, no interviene la justicia institucional, pero sí son emocionales, lo que los hace más duros.

CORAZÓN Y SANGRE
En Historias en rojo los hombres matan por pasión, las mujeres por amor. Los asesinos hombres son fríos y toman características inhumanas. Tal vez, Syria Poletti quiso traspasar al papel justamente aquello que perpetuó su soledad hasta el fin de su vida. Su cuerpo marcado por una dura enfermedad la hizo sentir que el amor no puede separarse de esa pasión física que una mujer como ella no podía despertar. Esta incapacidad masculina de amar sin involucrar lo pasional en ello parece distinguir a los hombres de las mujeres, según lo que la obra de Poletti dice: los personajes masculinos de Historias en rojo son animales esclavos de su pasión, capaces de todo por ella. Las mujeres asesinas son absolutamente emocionales, matan por sus hijos, o por aquellos a los que aman como a hijos.

Un deseo de protección llevado a límites anormales, amor malentendido, mantenimiento de funciones a las que debe renunciarse cuando el hijo se hace independiente: estas son las características que estas madres asesinas presentan, figuras maternales que parecen reflejar la carencia máxima de una autora marcada por el abandono de su madre. Estos asesinatos son la expresión máxima de un deseo de niña: tener a una madre capaz de todo por ella.Celia Correas de Zapata dice que "La obra narrativa de Syria Poletti está asignada por una insobornable rebeldía" (203). Sin duda es así, pero esta rebeldía es la misma respuesta que un niño herido da a un mundo siniestro, cruel e insensible.

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*Daniela Aspeé Venegas Candidata a
Doctora en la Pontificia Universidad Católica de Chile

BIBLIOGRAFÍA
Correas de Zapata, Celia. "Syria Poletti: Crónica de una rebeldía". Ensayos Hispanoamericanos. Buenos Aires: Corregidor, 1978: 203-22. Gardini, Walter. Syria Poletti: mujer de dos mundos. Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri, 1994. Poletti, Syria. Historias en rojo. Buenos Aires: Losada, 1973. Volta, Luigi. "Syria Poletti: asesinatos en familia". Los héroes difíciles. Literatura policial en la Argentina y en Italia. Buenos Aires: Corregidor, 1991.

Observaciones filosóficas 2005
Adolfo Vásquez Rocca


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13.12.06

MEMORIA Y OLVIDO: DERRIDA LEE A HERMANN COHEN

Jacques Derrida

Hermann Cohen

Ricardo Forster


Memoria y olvido: Derrida lee a Hermann Cohen

Por Ricardo Forster
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Hermann Cohen:
N
acido en una poderosa familia judía de Hamburgo, Hermann Cohen (1820-1871) es educado en la religiosidad de un judaísmo ilustrado, y en el desprecio de todo lo cristiano: sacerdotes, cruz, sacramentos, etc.

A los cuatro años inicia Hermann su formación musical, y a los once da ya conciertos al piano. Un año después, como discípulo predilecto de Franz Liszt (1811-1886), inicia en París y desarrolla después por toda Europa una carrera muy brillante como pianista, profesor de piano y compositor.

Los personajes más brillantes y anticatólicos de su tiempo fueron los más íntimos amigos de Hermann en su adolescencia y juventud. Felicité de Lamennais (1782-1854), sacerdote que acabó en la apostasía, fue su maestro. George Sand (1804-1876), escritora casada, que abandonó a su familia, y vivió sucesivamente con Mérimée, Musset, Chopin y con algún otro, tenía en Hermann, su Puzzi, su pajecito inseparable, que a veces incluso le acompañaba en los viajes. Admirador de Voltaire y de Rousseau, lo mismo se relacionaba con el anarquista Bakunine (1814-1876), que brillaba en los salones de la aristocracia europea.

Hermann Cohen es un triunfador famoso, viaja por toda Europa, conoce bien varias lenguas -alemán y francés, italiano y español-, gana mucho dinero con sus conciertos, lo pierde también cuantiosamente en el juego, y llega a conocer todos los vicios. Así vive, así malvive hasta los veintiséis años, hasta 1847.

Una conversión eucarística
El propio Hermann relata su conversión al sacerdote Alfonso María de Ratisbona (1814-1884), otro judío converso, como antes lo fue el hermano de éste, Teodoro, también sacerdote.

Un viernes de mayo de 1847, en París, el príncipe de Moscú le pide a su amigo Hermann que le reemplace en la dirección de un coro de aficionados en la iglesia de Santa Valeria. Hermann, que vive en la vecindad, va allí con gusto. Y en el acto final de la bendición con el Santísimo, experimenta «una extraña emoción, como remordimientos de tomar parte en la bendición, en la cual carecía absolutamente de derechos para estar comprendido». Sin embargo, la emoción es grata y fuerte, y siente «un alivio desconocido».

Vuelve Hermann a la misma iglesia los viernes siguientes, y siempre en el acto en que el sacerdote bendice con la custodia a los fieles arrodillados, experimenta la misma conmoción espiritual. Pasa el mes de mayo, y con él las solemnidades musicales en honor de María. Pero él cada domingo vuelve a Santa Valeria para asistir a Misa.

En la casa de Adalberto de Beaumont, donde vive entonces, toma un viejo devocionario de la biblioteca, y con él inicia su instrucción en el cristianismo. En seguida, recibe la ayuda del padre Legrand, de la curia arzobispal de París. También el vicario general, Mons. de la Bouillerie, muy interesado en las obras eucarísticas, se interesa por él. Pero pronto Hermann tiene que partir a Ems, en Alemania, donde ha de dar un concierto.

«Apenas hube llegado a dicha ciudad, visité al párroco de la pequeña iglesia católica, para quien el sacerdote Legrand me había dado una carta de recomendación. El segundo día después de mi llegada, era un domingo, el 8 de agosto, y, sin respeto humano, a pesar de la presencia de mis amigos, fui a oír Misa.

«Allí, poco a poco, los cánticos, las oraciones, la presencia -invisible, y sin embargo sentida por mí- de un poder sobrehumano, empezaron a agitarme, a turbarme, a hacerme temblar. En una palabra, la gracia divina se complacía en derramarse sobre mí con toda su fuerza. En el acto de la elevación, a través de mis párpados, sentí de pronto brotar un diluvio de lágrimas que no cesaban de correr a lo largo de mis mejillas... ¡Oh momento por siempre jamás memorable para la salud de mi alma! Te tengo ahí, presente en la mente, con todas las sensaciones celestiales que me trajiste de lo Alto... Invoco con ardor al Dios todopoderoso y misericordiosísimo, a fin de que el dulce recuerdo de tu belleza quede eternamente grabado en mi corazón, con los estigmas imborrables de una fe a toda prueba y de un agradecimiento a la medida del inmenso favor de que se ha dignado colmarme...

«Al salir de esta iglesia de Ems, era ya cristiano. Sí, tan cristiano como es posible serlo cuando no se ha recibido aún el santo bautismo...»

Vuelto a París, se dedica Hermann apasionadamente a la oración y a su instrucción religiosa. Pero todavía se ve obligado durante unos meses a dar clases y conciertos, pues ha de pagar considerables deudas de juego a sus acreedores.

Llega por fin el día de su bautismo: el 28 de agosto de 1847. «Estaba tan emocionado, escribe, que aun hoy no recuerdo, sino muy imperfectamente, las ceremonias que se hicieron». Ingresa en las Conferencias de San Vicente de Paúl. Pero donde mejor se halla siempre es en la iglesia, en oración ante el Santísimo. El 10 de noviembre hace voto, ante el altar de la Virgen, de ordenarse sacerdote y de prepararse a ello en cuanto se vea libre de sus acreedores. Cambia su vida totalmente, y sus antiguos compañeros de bohemia y de fiesta no lo entienden. Piensan que, quizá por sus excesos, anda trastornado. Algunos, como Adalberto de Beaumont, le vuelven la espalda, y él ha de buscarse nuevo domicilio.

Proyecto de Hermann aprobado por Mons. de la Bouillerie
Hermann alquila un modesto cuarto en la calle de la Universidad, número 102 -casa que ya no existe-, y que se puede considerar como la cuna de la Adoración Nocturna. Un amigo suyo, el señor Dupont, uno de sus primeros seguidores, refiere los datos de esta fundación:

«Habiendo entrado un día por la tarde en la capilla de las Carmelitas, [Hermann] que se complacía en visitar las iglesias en que se hallaba expuesto el Santísimo Sacramento, se puso a adorar a Nuestro Señor manifiesto en la custodia, sin contar las horas y sin advertir que la noche se acercaba. Era en noviembre. Una Hermana tornera llega y da la señal de salir. Fue necesario un segundo aviso. Entonces Hermann dijo a la religiosa: "Ya saldré cuando lo hagan esas personas que se hallan al fondo de la capilla". Y ella: "Pues no saldrán en toda la noche".
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«Semejante respuesta de la Hermana era más que suficiente, y dejaba una preciosa semilla en un corazón bien dispuesto. Hermann sale del oratorio y se dirige precipitadamente a casa de Monseñor de la Bouillerie: "Acaban de hacerme salir de una capilla, exclama, en la que unas mujeres estarán toda la noche ante el Santísimo Sacramento"... Monseñor de la Bouillerie responde: "Bien, encuéntreme hombres y les autorizo a imitar a esas buenas mujeres, cuya suerte ante Nuestro Señor envidia usted". Pues bien, ya desde el día siguiente, con el favor de los ángeles buenos, Hermann hallaba la necesaria ayuda en varias almas».

Monseñor de la Bouillerie había establecido ya anteriormente en París, en 1844, una pequeña asociación para la Adoración nocturna en casa, cuyos miembros, hombres o mujeres, se levantaban por turnos durante la noche una vez al mes, a hora fijada de antemano, para adorar a Nuestro Señor. También había contribuído a fundar la Adoración nocturna del Santísimo Sacramento, asociación femenina establecida por la señorita Debouché, que iba a ser el núcleo de las religiosas Reparadoras.

Nace la Adoración Nocturna
Hermann, muy contento con la autorización de Monseñor de la Bouillerie, se puso inmediatamente en busca de hombres de fe, ávidos como él de agradecer al Jesús de la Eucaristía todos sus beneficios, entregándole sacrificio por sacrificio.

Los primeros inscritos en la lista fueron el caballero Aznarez, antiguo diplomático español, que había enseñado el castellano a Hermann en los tiempos de su vida artística, y el conde Raimundo de Cuers, capitán de fragata, muy amigo.

Pronto se presentaron otros, y el 22 de noviembre de 1848, Hermann los reunía a todos en su cuartito de la calle de la Universidad. Sólo diecinueve miembros se hallaban presentes; cuatro inscritos no habían podido acudir. Monseñor de la Bouillerie presidía la pequeña reunión, cuyos miembros se habían juntado «con la intención, dice el acta de esta primera sesión, de fundar una asociación que tendrá por objeto la Exposición y Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, la reparación de los ultrajes de que es objeto, y para atraer sobre Francia las bendiciones de Dios y apartar de ella los males que la amenazan».

¡Un programa inmenso para tan pequeño número de hombres, casi todos de la más humilde condición! Aparte del promotor de la reunión, pianista famoso, además de Mons. de la Bouillerie y de dos oficiales de marina, los asociados no eran casi más que empleados oscuros, obreros y criados.

Éstos fueron los instrumentos de que el Señor se sirvió para establecer la asociación de la Adoración Nocturna, que pronto había de extenderse por casi todos los países católicos.

Obra providencial para tiempos duros de la Iglesia
Al saber que la revolución había triunfado en Roma, y que el papa Pío IX había tenido que refugiarse en Gaeta, puerto al sur de Roma, animó a aquellos primeros asociados a poner en práctica inmediatamente su proyecto. Y así la primera vigilia nocturna de Adoración se celebró el 6 de diciembre de 1848.

La segunda y tercera noches se verificaron los días 20 y 21 del mismo mes, con ocasión de las rogativas de Cuarenta Horas ordenadas con esa ocasión, en favor del Papa, por el arzobispo de París.

En Francia, pues, esta fundación se relaciona con una de las fases más dolorosas del Papado. Y coincide en ello con la obra de Adoración fundada en Roma, en 1809, cuando Napoleón hace cautivo a Pío VII.

Primeras vigilias de la Adoración Nocturna
Las primeras vigilias se efectuaron en el famoso santuario de Nuestra Señora de las Victorias. Más tarde, los socios de la Adoración Nocturna y de las Conferencias de San Vicente de Paúl perpetuaron el hecho con una lápida de mármol, en testimonio de agradecimiento:
A Nuestra Señora de las Victorias,
nuestra protectora,
en homenaje de gratitud y de amor
de las Conferencias
de San Vicente de Paúl
y de la asociación
de la Adoración Nocturna de parís.
31 de mayo de 1871
La asociación de la Exposición y
Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, en París,
ha tenido su origen en esta iglesia,
el 6 de diciembre de 1848,
debido al celo del Rdo. padre Hermann
y de Mons. Francisco de la Bouillerie,
obispo de Carcasona,
entonces vicario general de la diócesis de París.

Las vigilias no pudieron continuarse en Nuestra Señora de las Victorias, y se escogió para lugar de reunión el oratorio de los Padres Maristas.

El padre Hermann, carmelita
En 1849 Hermann ingresa en el Carmelo, que en esos años, tras las persecuciones de la Revolución Francesa, estaba siendo refundado en Francia bajo la dirección del carmelita español Domingo de San José. Una vez ordenado presbítero, el padre Hermann, con muchos viajes y trabajos, fue la fuerza más eficaz tanto para la extensión del Carmelo como para la difusión de la Adoración Nocturna en Francia y fuera de ella.

El padre Hermann era un religioso ejemplar, tan contemplativo y orante como activo y apostólico. Tuvo relación amistosa con muchas de las grandes figuras católicas de su tiempo: el santo Cura de Ars, santa Bernardita, san Pedro-Julián Eymard, el cardenal Wiseman, etc. Tuvo, por otra parte, la alegría de bautizar a diez miembros de su familia judía.

Al fin, agotado por el trabajo y contagiado de viruela, muere en 1871, a los cincuenta años de edad, estando en Spandau, Alemania, al servicio de los prisioneros franceses de la guerra franco-prusiana.

El apóstol de la Eucaristía
El padre Hermann, famoso predicador, hace voto de mencionar la Eucaristía en todos sus sermones. Y no le cuesta nada cumplirlo, pues como su tesoro es la Eucaristía, allí está, pues, su corazón; y de la abundancia del corazón habla su boca (+Mt 6,21; 12,34).

Aunque al entrar en el Carmelo dejó del todo la composición de música, siendo estudiante de teología, le autorizaron en una ocasión sus superiores esa actividad como descanso. Y como no podía ser menos, compuso una colección de Cánticos al Santísimo Sacramento, la más perfecta de todas sus obras. En la introducción, escribe emocionado:
«Jesús, adorado por mí, que me has conducido a la soledad para hablarme al corazón; por mí, cuyos días y noches se deslizan felizmente en medio de las celestiales conversaciones de tu Presencia adorable, entre los recuerdos de la comunión de hoy y las esperanzas de la comunión de mañana... Yo beso con entusiasmo las paredes de mi celda querida, en la que nada me distrae de mi único pensamiento, en la que no respiro sino para amar tu divino Sacramento...

«¡Que vengan, que vengan los que me han conocido en otro tiempo, y que menosprecian a un Dios muerto de amor por ellos!... Que vengan, Jesús mío, y sabrán si tú puedes cambiar los corazones. Sí, mundanos, yo os lo digo, de rodillas ante este amor despreciado: si ya no me veis esforzarme sobre vuestras mullidas alfombras para mendigar aplausos y solicitar vanos honores, es porque he hallado la gloria en el humilde tabernáculo de Jesús-Hostia, de Jesús-Dios.

«Si ya no me veis jugar a una carta el patrimonio de una familia entera, o correr sin aliento para adquirir oro, es porque he hallado la riqueza, el tesoro inagotable en el cáliz de amor que guarda a Jesús-Hostia.

«Si ya no me veis tomar asiento en vuestras mesas suntuosas y aturdirme en las fiestas frívolas que dais, es porque hay un festín de gozo en el que me alimento para la inmortalidad y me regocijo con los ángeles del cielo. Es porque he hallado la felicidad suprema. Sí, he hallado el bien que amo, él es mío, lo poseo, y que venga quien pretenda despojarme de él.

«Pobres riquezas, tristes placeres, humillantes honores eran los que perseguía con vosotros... Pero ahora que mis ojos han visto, que mis manos han tocado, que sobre mi corazón ha palpitado el corazón de un Dios, ¡oh, cómo os compadezco, en vuestra ceguera, por perseguir y lograr placeres incapaces de llenar el corazón!

«Venid, pues, al banquete celestial que ha sido preparado por la Sabiduría eterna; ¡venid, acercaos!... Dejad ahí vuestros juguetes vanos, las quimeras que traéis, arrojad a lo lejos los harapos engañadores que os cubren. Pedid a Jesús el vestido blanco del perdón, y, con un corazón nuevo, con un corazón puro, bebed en el manantial límpido de su amor... "¡Venid y ved qué bueno es el Señor!" [Sal 33,9].

«¡Oh Jesús, amor mío, cómo quisiera demostrarles la felicidad que me das! Me atrevo a decir que, si la fe no me enseñase que contemplarte en el cielo es mayor gozo aún, no creería jamás posible que existiera mayor felicidad que la que experimento al amarte en la Eucaristía y al recibirte en mi pobre corazón, que tan rico es gracias a ti!»...

No fueron éstos unos pasajeros fervores de novicio. Por el contrario, durante toda su vida -como se comprueba en su diario, en sus cartas y predicaciones- el Espíritu Santo mantuvo su corazón encendido en la llama de un amor inmenso al Jesús de la Eucaristía.

Jesucristo es hoy la Eucaristía
El amor abrasador del padre Hermann a la Eucaristía, es decir, a Jesucristo, hacía que no pudiera comulgar o llevar el Sacramento sin experimentar una emoción tan viva y fuerte que se parecía a la embriaguez. De esta vivencia personal tan profunda reciben sus escritos eucarísticos una vibración tan singular.

«¡Oh, Jesús! ¡oh, Eucaristía, que en el desierto de esta vida me apareciste un día, que me revelaste la luz, la belleza y grandeza que posees! Cambiaste enteramente mi ser, supiste vencer en un instante a todos mis enemigos... Luego, atrayéndome con irresistible encanto, has despertado en mi alma un hambre devoradora por el Pan de vida y en mi corazón has encendido una sed abrasadora por tu Sangre divina...

«Y ahora que te poseo y que me has herido en el corazón, ¡ah!, deja que les diga lo que para mi alma eres...

«¡Jesucristo, hoy, es la sagrada Eucaristía! Jesus Christus hodie [+Heb 13,8]. ¿Es posible pronunciar esta palabra sin sentir en los labios una dulzura como de miel? ¿como un fuego ardiente en las venas? ¡La sagrada Eucaristía! El habla enmudece, y sólo el corazón posee el lenguaje secreto para expresarlo.
«¡Jesucristo en el día de hoy!...
«Hoy me siento débil... Necesito una fuerza que venga de arriba para sostenerme, y Jesús bajado del cielo se hace Eucaristía, es el pan de los fuertes.

«¡Hoy me hallo pobre!... Necesito un cobertizo para guarecerme, y Jesús se hace casa... Es la casa de Dios, es el pórtico del cielo, ¡es la Eucaristía!...
«Hoy tengo hambre y sed. Necesito alimento para saciar el espíritu y el corazón, y bebida para apagar el ardor de mi sed, y Jesús se hace trigo candeal, se hace vino de la Eucaristía: Frumentum electorum et vinum germinans virgines [trigo que alimenta a los jóvenes y vino que anima a las vírgenes: Zac 9,17].

«Hoy me siento enfermo... Necesito una medicina benéfica para curarme las llagas del alma, y Jesús se extiende como ungüento precioso sobre mi alma al entregárseme en la Eucaristía: impinguasti in oleo caput meum; oleum effusum... oleo lætitiæ unxi eum... fundens oleum desuper [Sal 22,5; 44,8; 88,21].

«Hoy necesito ofrecer a Dios un holocausto que le sea agradable, y Jesús se hace víctima, se hace Eucaristía.
«Hoy en fin me hallo perseguido, y Jesús se hace coraza para defenderme: scutum meum et cornu salutis meæ [mi escudo y la fuerza de mi salvación: 2Re 22,3 Vulgata]. Me hace temible al demonio.
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«Hoy estoy extraviado, se me hace estrella; estoy desanimado, me alienta; estoy triste, me alegra; estoy solo, viene a morar conmigo hasta la consumación de los siglos; estoy en la ignorancia, me instruye y me ilumina; tengo frío, me calienta con un fuego penetrante.
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«Pero, más que todo lo dicho, necesito amor, y ningún amor de la tierra había podido contentar mi corazón, y es entonces sobre todo cuando se hace Eucaristía, y me ama, y su amor me satisface, me sacia, me llena por entero, me absorbe y me sumerge en un océano de caridad y de embriaguez.
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«Sí, ¡amo a Jesús, amo a la Eucaristía! ¡Oídlo, ecos; repetidlo a coro, montañas y valles! Decidlo otra vez conmigo: ¡Amo a la Eucaristía! Jesús hoy es Jesús conmigo»...
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JACQUES DERRIDA (1930-2004 ):
Filósofo francés, cuyo trabajo originó la escuela de deconstrucción, una estrategia de análisis que ha sido aplicada a literatura, lingüística, filosofía, jurisprudencia y arquitectura.
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En 1967, publicó tres libros: Speech and Phenomena (1), Of Grammatology (2), y Writing and Difference (3), que han introducido el punto de vista deconstructivista en la lectura de textos.
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Derrida ha resistido ser clasificado, y sus últimos trabajos continúan redefiniendo su pensamiento.
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Nació en El-Biar, Argelia. En 1952 comenzó su estudio de filosofía en la Escuela Normal Superior de París, donde más tarde enseño desde 1965 a 1984. Desde 1960 a 1964, Derrida enseñó en la Sorbona, en París. Desde los comienzos de 1970 ha dividido mucho de su tiempo entre París y Estados Unidos, donde ha enseñado en universidades tales como Johns Hopkins, Yale, y la Universidad de California, en Irvine.
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Otros trabajos suyos incluyen Glas (1974) (4) y The Post Card (1980) (5).
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La obra de Derrida se centra en el lenguaje. Sostiene que el modo metafísico o tradicional de lectura produce un sinnúmero de falsas suposiciones sobre la naturaleza de los textos. Un lector tradicional cree que el lenguaje es capaz de expresar ideas sin cambiarlas, que en la jerarquía del lenguaje escribir es secundario a hablar, y que el autor de un texto es la fuente de su sentido. El estilo deconstructivista de lectura de Derrida subvierte estas presunciones y desafía la idea de que un texto tiene un significado incambiable y unificado. La cultura occidental ha tendido a asumir que el habla es una vía clara y directa para comunicar. Derrida cuestiona esta presunción en psicoanálisis y lingüística.
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Como resultado, las intenciones de los autores en el discurso no pueden ser incondicionalmente aceptadas. Esto multiplica el número de interpretaciones legítimas de un texto.La deconstrucción muestra los múltiples estratos de sentido en que trabaja el lenguaje. Deconstruyendo las obras de anteriores pensadores, Derrida intenta mostrar que el lenguaje está mudando constantemente. Aunque el pensamiento de Derrida es considerado a veces por los críticos como destructivo de la filosofía, la deconstrucción puede ser mejor entendida como la muestra de ineludibles tensiones entre los ideales de claridad y coherencia que gobiernan la filosofía, y los inevitables defectos que acompañan su producción.
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(1) La voz y el fenómeno. Traducción de P.Peñalver. Valencia, Pre-Textos, 1985.
(2) De la gramatología. Traducción de O. del Barco y C.Ceretti, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.
(3) La escritura y la diferencia. Traducción de P.Peñalver, Barcelona, Anthropos, 1989.
(4) Glas (extractos). Traducción de C. De Peretti y L. Ferrero, Anthropos ? Revista de Documentación Científica de la Cultura, Barcelona, Suplementos 32, Mayo 1992.
(5) La tarjeta postal. De Freud a Lacan y más allá. Traducción de T.Segovia, México, Siglo XXI, 1986 (no incluye la primera parte: Envois).
Traducción: Daniel López Salort
De: Antroposmoderno
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JACQUES DERRIDA:
Nota: lo siguiente ha sido extraído de Fifty Key Contemporary Thinkers, John Lechte, Routledge, 1994.
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Recientemente, Jacques Derrida ha agregado otro margen a su trabajo con un libro sobre Marx. Su filosofía deconstructivista, ha dicho, nunca ha sido antimarxista en ningún sentido puro. De este modo, ahora muchos están esperando, quizás equivocadamente, una anticipación de si hay realmente un elemento político en la gramatología de Derrida.

Hijo de una familia argelina judía, Jaques Derrida nació en 1930 en Argelia y llegó a Francia en 1959. Educado en al Escuela Normal Superior (calle d?Ulm) en París, Derrida llamó la primero la atención de un amplio público a fines de 1965 cuando publicó dos largos artículos de reseñas de libros en historia y naturaleza de la escritura, en el diario parisino Critique. Estos dos trabajos formaron las bases del más importante y posiblemente mejor conocido libro: Of Grammatology (1).

Un número importante de tendencias subyacen en el punto de vista de Derrida en filosofía y, más específicamente, en la tradición occidental de pensamiento. Ellas son, primero, una preocupación por reflejar arriba y abajo la dependencia de esta tradición de la lógica de identidad. Esta lógica de identidad deriva particularmente de Aristóteles y, en palabras de Bertrand Russell, comprende las siguientes características claves:

1. La Ley de Identidad: ?Lo que es, es?.
2. La Ley de Contradicción: ?Nada puede a la vez ser y no ser?.
3. La Ley del Tercero Excluido: ?Todo debe ser o no ser?.

Estas ?leyes? de pensamiento presuponen no sólo coherencia lógica, sino que también aluden a algo igualmente profundo y característico de la tradición en cuestión, a saber: que hay una realidad esencial ?un origen- al que estas leyes se refieren. Para sostener la coherencia lógica, este origen debe ser ?simple? (por ejemplo, libre de contradicción), homogéneo (de la misma substancia u orden), presente a, o de lo mismo como sí mismo (por ejemplo, separado y distinto de cualquier mediación, consciente de sí mismo sin ningún espacio entre el origen y la consciencia).
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Claramente, estas ?leyes? implican la exclusión de determinadas características, a saber: complejidad, mediación, y diferencia ?brevemente, características que evocan ?impurezas? o complejidad. Este proceso de exclusión toma lugar en un nivel metafísico y general en el que, además, un sistema completo de conceptos (sensible-inteligible; ideal-real; interno-externo; ficción-verdad; naturaleza-cultura; habla-escritura; actividad-pasividad; etc.) que gobiernan la operación del pensamiento en Occidente, llega a estar instituido.

A través del punto de vista llamado ?deconstrucción? Derrida ha comenzado una investigación fundamental en la naturaleza de la tradición metafísica occidental y sus bases en la ley de identidad. Superficialmente, los resultados de esta investigación parecen revelar una tradición perforada por paradojas y aporías lógicas, tal como la que sigue, en la filosofía de Rousseau.
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Rousseau argumenta en un momento que la sola voz de la naturaleza debería ser escuchada. Esta naturaleza es idéntica a sí misma, una plenitud a la cual nada puede ser añadido o substraído. Pero él también llama nuestra atención sobre el hecho de que la naturaleza en verdad está alguna veces carenciada ?como cuando una madre no puede producir suficiente leche en sus pechos para la criatura. La carencia no llega a ser vista como común en la naturaleza, si ésa no es una de sus más significativas características. De este modo, Derrida muestra, de acuerdo a Rosseau, que la naturaleza autosuficiente también está desprovista. La falta, en realidad, pone en peligro la autosuficiencia de la naturaleza, esto es su identidad o, como Derrida prefiere, su autopresencia.
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La autosuficiencia de la naturaleza puede ser mantenida solamente si la carencia es suplida. Sin embargo, en resguardo de la lógica de identidad, si la naturaleza requiere un elemento supletorio tampoco puede ser autosuficiente (idéntica consigo misma), porque autosuficiencia y necesidad son opuestos: una u otra pueden ser las bases de una identidad pero no ambas, para que la contradicción sea evitada. Este ejemplo no es ninguna excepción. La impureza de esta identidad, o el debilitamiento de su autopresencia, es un hecho ineludible. Pero, más ampliamente, cada origen aparentemente ?simple? tiene, como su íntima condición de posibilidad, un no-origen. Los seres humanos requieren la mediación de la consciencia, o el espejo del lenguaje, para conocerse a sí mismos y al mundo; pero esta mediación o espejo (estas impurezas) tiene que estar excluida del proceso de conocimiento; hace posible el conocimiento, aunque no está incluida en el proceso de conocimiento. O, si lo están, como en la filosofía de los fenomenólogos, ellas mismas (consciencia, subjetividad, lenguaje) devienen equivalentes a una suerte de presencia autoidéntica.
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El proceso de ?deconstrucción? que investiga los fundamentos del pensamiento occidental, no lo hace en la esperanza de que será capaz de remover estas paradojas o estas contradicciones; ni lo hace en la pretensión de ser capaz de escapar a las exigencias de su tradición ni establecer un sistema de su propia narrativa. Más bien, reconoce que está forzado a usar los mismos conceptos que ve como insostenibles, en los términos de la demanda que realizan. Brevemente, también debe (al menos, provisionalmente) sostener estas demandas.
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El ímpetu de la deconstrucción no es simplemente que muestra, filosóficamente, que las ?leyes? de pensamiento se hallan defectuosas. Más bien, la tendencia evidente en la oeuvre de Derrida es un interés de penetrar efectos, abrir el terreno filosófico para que pueda continuar siendo el sitio de creatividad e invención. La noción de diferencia o différance, lleva tal vez a la segunda tendencia más claramente discernible en la obra de Derrida ?una íntimamente alineada con el deseo de mantener la creatividad de la filosofía.

Différance es el término acuñado por Derrida en 1968, a la luz de sus investigaciones en la teoría saussureana y estructuralista del lenguaje. Mientras Saussure había sufrido grandes dolores al mostrar que el lenguaje en su forma más general podía ser entendido como un sistema de diferencias, ?sin términos positivos?, Derrida notó que las totales implicaciones de esa concepción no fueron apreciadas ni por los estructuralistas de días posteriores ni por el mismo Saussure. Diferencia en términos positivos implica que esta dimensión en lenguaje debe permanecer siempre imperceptible, estrictamente hablando es inconceptualizable. Con Derrida, la diferencia deviene en lo que queda fuera del alcance del pensamiento metafísico occidental, porque es la última condición de posibilidad.
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Por supuesto, en la vida cotidiana la gente habla más fácilmente sobre diferencia y diferencias. Decimos, por ejemplo, que ?x? (que tiene una cualidad específica) es diferente de ?y? (que tiene otra cualidad específica), y usualmente significamos que es posible enumerar las cualidades que producen esta diferencia. Esto, sin embargo, es dar a la diferencia términos positivos ?implicando que puede haber una forma fenoménica-, de modo que ello no puede ser la diferencia anunciada por Saussure, la que es efectivamente inconceptualizable. La primera razón para el neologismo de Derrida deviene en consecuencia aparente: él quiere distinguir la diferencia conceptualizable del sentido común, de una diferencia que no es traída de regreso en el sentido de lo mismo y que, a través de un concepto, da una identidad. La diferencia no es una identidad, ni es la diferencia entre dos identidades.
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Diferencia es diferencia diferida (en francés, el mismo verbo ?différer- significa tanto ?diferenciarse? como ?diferir?). Différance nos alerta sobre una serie de términos que son prominentes en la obra de Derrida, cuya estructura es inexorablemente doble: fármaco (tanto veneno como antídoto); suplemento (tanto lo sobrante como adición necesaria); hymen (tanto interior como exterior).

Otra justificación para el neologismo de Derrida también deriva de la teoría del lenguaje de Saussure. La escritura, había dicho Saussure, es secundaria con respecto al habla hablada por los miembros de una comunidad lingüística. La escritura para Saussure es incluso una deformación del lenguaje en el sentido que él (a través de la gramática) llega a ser una verdadera representación; mientras que, en realidad, reclamó Saussure, la esencia del lenguaje está contenida únicamente en el discurso viviente, el que está cambiando siempre.
Derrida interroga esta distinción. Y como distinto, él observa que tanto Saussure como los estructuralistas (cf. Lévi-Strauss) operan con una noción coloquial de escritura, una que intenta evacuar todas las complejidades. Por lo tanto, la escritura presupone ser puramente gráfica, quizás una ayuda para la memoria, pero secundaria para el habla; está considerada por ser fundamentalmente fonética, y representa así los sonidos del lenguaje. El habla, por su parte, supone estar más cercana al pensamiento, y en consecuencia a las emociones, ideas e intenciones del hablante. El habla, como lo primario y más original, contrasta entonces con lo secundario, el estatuto representado por la escritura.
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Derrida, el gramatólogo (teórico de la escritura), intenta mostrar que esta distinción es insostenible. El propio término différance, por ejemplo, tienen un elemento irreductiblemente gráfico que no puede ser detectado en el nivel de la voz. Además, la pretensión de que la escritura fonética es enteramente fonética, o que el habla es completamente audible, se torna sospechosa tan pronto como la naturaleza exclusivamente gráfica de la puntuación deviene aparente, junto con los silencios (espacios) impresentables del habla.

De un modo u otro, la ouevre de Derrida es una exploración de la naturaleza de la escritura en el más amplio sentido como différance. La dimensión de la escritura, que siempre incluye elementos pictográficos, ideográficos y fonéticos, no es idéntica consigo misma. La escritura, entonces, siempre es impura, y como tal desafía la noción de identidad, y, finalmente, la noción del origen como ?simple?. No es ni totalmente presente ni ausente, sino que es la huella resultante de su propia borradura en el viaje hacia la transparencia.
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Más que esto, la escritura es, en un sentido, más ?original? que las formas fenoménicas que supuestamente evoca. La escritura como huella, marca, grafema, deviene en la precondición de todas las formas fenoménicas. Este es el sentido implícito en el capítulo de Of Grammatology titulado ?El fin del libro y el comienzo de la escritura?. La escritura en el sentido más estricto, muestra ese capítulo, es virtual, no fenoménica; no es lo que está producido sino lo que hace posible la producción. Evoca todo el campo de la cibernética, la matemáticas teórica y la teoría de la información.

Estas reflexiones sobre temas de literatura, arte y psicoanálisis, al igual que de la historia de la filosofía, parten de la estrategia de Derrida de hacer visible la ?impureza? de la escritura (y de cualquier identidad). Es decir, Derrida demuestra frecuentemente que él está intentando confirmar filosóficamente, empleando estrategias retóricas, gráficas y poéticas (como por ejemplo en Glas (2), o The post card: from Socrates to Freud and beyond), de modo que el lector pueda estar alertado sobre el desdibujarse de las fronteras entre disciplinas (tales como filosofía y literatura), y tema-materia (tales como escritura/filosofía y autobiografía).
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En la primera presentación de différance, ofrecida en la Sorbona en 1968, un astuto oyente remarcó, aunque con algún pesar, que ?En su obra, la expresión es tan importante que la atención del oyente está constantemente dividida y dirigida, por una parte, a su modo de hablar, y por la otra a lo que usted quiere decir?.Derrida respondió diciendo: ?Trato de colocarme a mí mismo en un cierto punto en el que ... la cosa significada ya no es fácilmente separable de quien significa?.

La demostración de que es imposible separar rigurosamente la dimensión poética y retórica del texto (en el nivel de quien significa) del ?contenido?, mensaje o significado (el nivel de lo significado) es la maniobra más necesaria y aún controversial en todo el emprendimiento derrideano. Mientras un significativo número de críticos literarios norteamericanos parecen haber sido profundamente enamorados por esta estrategia, uno puede realmente dudar sobre la dimensión en la cual esa estrategia pueda estar bajo el control (consciente) del filósofo.
Si los límites de disciplinas y géneros son convenciones con historias bien específicas ?esto es, por implicación, si ellos están ubicados solamente en las bases de una clase de confianza- deviene posible subvertirlas. Lo que entonces está siendo subvertido es en realidad un principio de trabajo sumamente frágil, y no una verdad de alguna clase, profundamente atrincherada y esencial.
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Con la obra de Laclau (quien ha sido inspirado por Derrida) en teoría política, es exactamente esta fragilidad de identidad la que es vista como hacedora de un nuevo estímulo a los políticos. Porque las identidades son construidas y no esenciales, son inevitablemente frágiles, pero sin embargo no menos importantes. Desde otro ángulo, la obra de Derrida abre una nueva creatividad, un sentido en el cual el interés por la escritura como gramatología tiene efectos prácticos. Aquí, observamos que Derrida muestra que los principios eternos, metafísicos, tienen una base extremadamente frágil y finalmente ambigua.
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Lo que es correcto y ?propio? (como el nombre propio) porque tiene una identidad determinada, origina finalmente una deconstrucción de ?propio? (por ejemplo, un nombre no tiene simplemente a un objeto o persona simple, ?real? o fenoménica; porque eso también tiene una dimensión retórica, que el juego de retruécanos hace posible). Cuando a un nombre propio se lo muestra in-a-propiado, emerge la escritura en el sentido de Derrida.
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El nombre del poeta francés, F. Ponge (el cual, en un bien conocido ensayo, Derrida transforma en éponge ?esponja-), da una fuente admirable de escritura creativa, filosófica y crítica. En inglés, uno necesita tan sólo pensar en Wordsworth y en el ?regocijo? en Joyce, para comenzar toda una serie de asociaciones ?impropias?. A través del retruécano, anagrama, etimología, o un sinnúmero de características diacríticas (recordemos el ?regocijo? en Joyce), un nombre propio puede estar enlazado a uno o más sistemas diferentes de conceptos, ideas o palabras (incluyendo aquéllas de otros idiomas).
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Derrida en verdad también ha unido el nombre propio a variadas series de imágenes y sonidos, de modo que, desde cierto punto de vista, el texto de referencia parece tener una relación muy tangencial al texto crítico (ver el tratamiento de la obra de Jean Genet en Glas, o el ensayo Signéponge ?sobre? la obra de Francis Ponge). Realmente, mientras el crítico literario tradicional podía tender a buscar la verdad (fuera semántica, poética, o ideológica) del texto literario escrito por otro, y luego adoptar una actitud respetuosa, secundaria, ante la ?primacía? de ese texto, Derrida lleva el texto ?primario? a una fuente de nueva inspiración y creatividad. Ahora, el crítico/lector ya no interpretará únicamente (lo cual nunca fue completamente el caso, de todos modos), sino que deviene en un/a escritor/a en su propio derecho.

Nuevamente, mientras el sentido común tiende a asumir que la iterabilidad es, más o menos, una cualidad accidental del idioma, de modo que palabras, frases, oraciones, etc., pueden ser repetidas en contextos diferentes, verdaderamente la íntima cualidad que Derrida considera irrevocable destaca el nivel del significador de lo significado. Así, si el significado es referido al contexto, no hay, con respecto a la estructura profunda del lenguaje, contexto conveniente para proporcionar pruebas de un significado final. El contexto es ilimitado, ha dicho Jonathan Culler.
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El debate de Derrida con el filósofo norteamericano John R. Searl, sobre la teoría de las ?performativas? de J.L. Austin, gira precisamente sobre este punto. Mientras Austin trata de producir una feliz ?performativa? (realizando por lo dicho ?como cuando hacemos una promesa), depende de que sea realizada en un contexto apropiado por la persona apropiada, en tanto que una ?performativa? poco feliz ?como cuando alguien dice ?sí? fuera de la ceremonia nupcial, o cuando la persona equivocada abre una reunión- no puede ser eliminada del lenguaje. Derrida observa que esto es así porque lo inoportuno está enraizado profundamente en la estructura de las performativas; la cualidad de iterabilidad significa que el lenguaje, incluyendo las signaturas, puede ser tomado por cualquiera en cualquier momento. Iterabilidad, así, impone la posibilidad de signaturas falsas.

En suma, la tarea filosófica de Derrida demanda deconstruir penetrantes eslóganes, como éstos suceden tanto en el trabajo académico como en lenguaje de la vida diaria. El lenguaje cotidiano no es neutral; carga en su interior presupuestos e hipótesis culturales de toda una tradición. Al mismo tiempo, la reelaboración crítica de las bases filosóficas de la tradición en cuestión resulta, tal vez inesperadamente, en un nuevo énfasis en la autonomía individual y la creatividad del investigador/filósofo/lector. Puede ser que este elemento antipopulista, aunque antiplatónico, en la gramatología, sea la contribución más importante de Derrida al pensamiento de la era de postguerra.
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(1) De la gramatología. Traducción de O. Del Barco y C. Ceretti, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.(2) Glas (Extractos). Traducción de C. De Peretti y L. Ferrero, Anthropos. Revista de Documentación Científica de la Cultura (Barcelona), Suplementos 32 (Mayo 1992).
Traducción: Daniel López Salort
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Ricardo Forster:
Es Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha cursado estudios de Historia y Filosofía en la Universidad Autónoma de México, en la Universidad del Salvador (Argentina) y en FLACSO. Es profesor titular de grado y posgrado de numerosas universidades argentinas e internacionales: U.B.A., Universidad Nacional del Gral. San Martín, Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Comahue, Universidad de Princeton (EE.UU.), Universidad Hebrea de Jerusalem, Instituto Tecnológico de Monterrey, entre otras.
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Entre sus ensayos se cuentan W. Benjamin - Th. W. Adorno, el ensayo como filosofía (Ediciones Nueva Visión, 1991), Itinerarios de la modernidad (Eudeba, 1996), El exilio de la palabra (Eudeba,1999), Walter Benjamin y el problema del mal (Altamira, 2001).

CICLO CRUCE DE PALABRAS 10/10/2006
Debaten: Manuel Cruz, Ricardo Forster y Alejandro Kaufman. Presenta: R. Forster
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ODIO, VIOLENCIA, EMANCIPACIÓN 10/11/2005-17/11/2005-24/11/2005
Jueves 10: Néstor García Canclini y Carlos Thiebaut, Jueves 17: Horacio González y Aureli...
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8.11.06

ADOLFO VASQUEZ ROCCA: "LA INVENCION DE MOREL", DE A. BIOY CASARES


A. Bioy Casares

La Invención de Morel.
Defensa para sobrevivientes

En referencia a 'La invención de Morel':“He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releido;no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”.
Jorge Luis Borges

Por Adolfo Vásquez Rocca

Como homenaje a Adolfo Bioy Casares

Introducción

El presente artículo se ocupa de la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel (1949) novela fundacional de la literatura de anticipación, en la que a través de la ficción científica, policíaca y amatoria, concurren los tópicos del ingenio técnico, la reduplicación de la vida, los periplos de inmortalidad, los archivos de imágenes, los simulacros y finalmente los hologramas, alumbrando el estatuto ontológico de las imágenes en la nueva ecología de medios, cuestiones problematizadas por teóricos de la imagen como Jean Baudrillard, Paul Virilio o Susan Sontag. Dando lugar, finalmente, a una reflexión en torno al complejo paso de lo real a lo virtual en el cual el mundo de las imágenes amenaza por suplantar al mundo real.

1.
En su mítica novela (1) publicada en 1940, Adolfo Bioy Casares narra la aventura de un prófugo que se oculta en una isla aparentemente desierta –asolada por extrañas enfermedades (2) – en la que, sin embargo, descubre una forma peculiar de vida: la de un conjunto de personas cuya actividad a lo largo de un período limitado de tiempo es "proyectada" una y otra vez por una máquina alimentada por la energía de las mareas.

La invención de Morel es una ficción científica, policíaca y amatoria. Haciendo uso de una geometría implacable que pone en juego hipótesis que se van descartando analíticamente; la isla desierta, poblada de imágenes, en la que el narrador de la ficción se confina, se convierte en la prisión amorosa, en el paisaje filosófico ideal donde se asienta el amor, libre del mundo, entregado a sí mismo: isla de libertad, pero también isla interior, donde la pasión se va anudando a la mirada.

La obra se puede leer tanto como una fábula de amor trágico, como una arriesgada especulación sobre la relación entre el mundo real y el de las imágenes.

Bioy Casares a través de esta máquina –que se alimenta a través de turbinas conectadas con las mareas– capaz de reproducir todos los sentidos juntos, pone en juego una de las hipótesis más sugerentes de toda la ciencia ficción, la coincidencia, en un mismo espacio, de un objeto y su imagen total. Este hecho sugiere la posibilidad de que el mundo esté constituido, exclusivamente, por sensaciones. Para ello realiza un trazado elíptico de la isla y el museo, así como una radiografía espectral de los personajes proyectados, para concluir en una delirante y anticipatoria reflexión sobre la realidad virtual y los simulacros, anticipando las preocupaciones de Jean Baudrillard (3) y Paul Virilio –entre otros teóricos de la imagen– en torno a los periplos de inmortalidad y la estética de la desaparición (4). La fotografía, como la caracterizara Susan Sontag (5), es un modo de certificar la experiencia o de convertirla en colección. Pareciera que la fotografía quiere jugar este juego vertiginoso, liberar a lo real de su principio de realidad, liberar al otro del principio de identidad y arrojarlo a la extrañeza.

El carácter anticipatorio de La invención de Morel se hace evidente si se considera que Denis Gabor (6) se planteó la posibilidad de utilizar los hologramas para reconstruir la imagen del objeto original sólo siete años después de que Bioy Casares publicó su novela. Este eco literario que comporta el concepto de holograma es también referido en Hombre mirando al sudeste (7) , filme tributario a la imaginería de Bioy Casares.

La vida "real", una vez duplicada por la máquina, comienza a perder densidad ontológica, hasta que su peso de realidad es igual a cero, mientras que las proyecciones cobran vida propia asumiendo un extraño estatuto de realidad en relación a la cual el prófugo define sus expectativas; éste, finalmente, decide duplicarse y "editarse" dentro de la proyección eterna.

Se trata de una invención ciertamente ingeniosa, no sólo por su diseño y eficiencia técnica para proyectar eternamente imágenes que duplican a seres reales, sino porque al decir de su creador ha permitido perpetuar "una buena semana" compartida por un grupo de amigos.

El narrador en un minucioso y sistemático ejercicio nos relata su huida y naufragio. Su actual condición de asilado, de fugitivo en una persecución donde múltiples – aunque difusas– fuerzas de represión lo asedian. Es acorralado por las aduanas, por los documentos tenaces, por las redes de verdugos que entretejen las policías del mundo, por las leyes de una libertad condicionada a los retratos sellados que cubren los pasaportes bajo firmas filisteas de repúblicas tiranas. Acorralado también por una búsqueda infinita de paraísos en una isla utópica de eterna primavera y soledad pausada.

El narrador desembarca en una isla hacia la que lo ha conducido su destino de perseguido. Encuentra un paraíso cuyo espacio ha sido alterado levemente por unas extrañas construcciones de orden misteriosamente ceremonial: un museo, una capilla y una pileta de natación (8). Los 'edificios' de Morel ostentan el orgullo de su gratuidad, exaltan su imaginación y pretenden su inmortalidad. Morel pretende perpetuar una semana de felicidad ociosa.

La isla de Morel es un espacio sagrado donde se ha construido la utopía de la eternidad. La eternidad que Morel sugiere ha encontrado su espacio y su proyección pero le faltaba la mirada. La mirada recrea la utopía y confirma su existencia en las palabras del manuscrito que la revela. Sin la narración, la isla sería una utopía sin memoria, un espacio mutilado, un espacio sin ritual, un espacio invisible. El narrador es el testigo de la creación, es el espectador ante quien se proyectan las imágenes.

La isla lo enfrenta a una naturaleza alterada por duplicaciones, a una naturaleza que desdobla los soles y refleja dos lunas, que yuxtapone extrañamente veranos y primaveras y reúne peces descompuestos y peces de adorno del acuario, que calcina los árboles o les da un verdor eterno. Las mareas adelantan el verano e inundan las playas que lo albergan y producen figuras en un espacio antes alterado sólo por los edificios. A la persecución de la naturaleza se añade la persecución de los “intrusos” que asedian al autor del manuscrito.

El asedio lo mantiene vivo, aunque siempre se aproxime a su muerte. Todo ese laborioso aparato refleja una construcción que se habrá de llamar 'Defensa ante sobrevivientes' o Elogio a 'Malthus' (9), para demostrar que “el mundo [...] es un infierno unánime para los perseguidos” (10). Ese manuscrito que ha llegado a ser una necesidad fundamental para el narrador se postula como espejo de una vida que por la palabra habrá de sacar a su creador del caos al que lo precipita la persecución, pero, que en realidad es el reflejo escrito del universo construido por Morel. Así a la duplicación de fenómenos naturales, a la coincidencia de vida y muerte que se alían imperturbables, se responde con la duplicación del paraíso desdoblado en el laberinto y abismo de la escritura.

El narrador se encuentra perplejo al oírse interminablemente escoltado por expansivos ecos, reduplicando su soledad. “Hay nueve cámaras iguales; otras cinco en un sótano más bajo[...]” (11) La multiplicación de cámaras simétricas reproduce multiplicado el sonido en un edificio destinado a almacenar la vida en el recuerdo fotografiado. Y el manuscrito del narrador asegura que las líneas que en él escribe "permanecerán invariables". El recuerdo se guardará en la fotografía y en el libro. La fotografía recogerá los instantes y los repetirá también “invariablemente” en la imagen reiterada que durante ocho días captó la vida y le devolvió su cuerpo (12) a la memoria. El manuscrito recoge la memoria del naufragio y repite de nuevo los mismos días transcritos por la palabra.

Sonido e imagen se sintetizan en la palabra escrita formando el tercer cuerpo de la memoria. Esta superposición de memorias recogidas por los diversos métodos señalados asegura la inmortalidad aparente de un eterno retorno de las imágenes a las que Morel pretendió conservar la vida sin advertir, como el narrador, “que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo”.

Morel ha logrado mediante su invento una imagen holográfica perfecta que engaña a los sentidos; los sentidos son conservados en la imagen, pero los cuerpos que se ofrecieron sin saberlo ante el obturador sacrificial de la cámara son calcinados en este extraño holocausto, un paroxista ritual de inmortalidad.

Descifrar el enigma es destruir el laberinto, penetrar, siguiendo paso a paso ciertas claves en su secreto y descubrirlo, es advertir que la civilización tecnológica le ha prestado a Morel, el constructor de los edificios, un recurso de eternidad. Inventando la inmortalidad de las imágenes mediante el artificio cinematográfico perfeccionado, Morel le devuelve al cuerpo una realidad que se reiterará indefinidamente en un reflejo polivalente de espejos.

Morel ha fotografiado la vida y la ha conservado en una isla desierta y el flujo y reflujo de las mareas asegura su perfecta conservación. El genio de Morel erige un monumento, un museo en el que vivirán eternamente algunos hombres y mujeres repitiendo eternamente sus mismas voces, sus mismos gestos, sus mismos olores, sus mismas miradas, en un simulacro donde la única inmortalidad posible es la de las imágenes en el celuloide. Morel ha retenido todos los utensilios de la humanidad y los ha encerrado en un inmenso sarcófago, reproductor incansable de la misma gesticulación, del ademán patético, mero simulacro que recrea la precaria realidad del mundo.

2.

Bioy Casares considera al texto como un homenaje al cine; homenaje, pero de aquellos que exaltan y cuestionan: en la nueva ecología de medios que el narrador describe, y que no ha hecho más que intensificarse desde la publicación de la novela, el mundo de las imágenes termina por cuestionar y suplantar al mundo real. La fascinación por la tecnología y la seducción de las imágenes devoran al narrador. Seducción y muerte: sugiere la novela, la tecnología y los medios de masa al individuo, ambivalentes promesas de modernidad para sociedades periféricas.

La certeza acerca de la realidad de los veraneantes irá siendo minada. Los hechos extraños que ocurren en torno a ellos dan pie a la duda: por un lado, son capaces de hacerse 'bruscamente presentes'; por otro, parecen no oír, ni ver, ni darse cuenta de la presencia del narrador. Además, sus palabras y movimientos se repiten de manera exacta cada ocho días. El narrador acumula pruebas que indican que su relación con ellos es como una entre 'seres en distintos planos'. Sospecha incluso que son de otra naturaleza.

Los intrusos aparecen de repente en la órbita visual del narrador y son, como “héroes del esnobismo” o “pensionistas de un manicomio”; sus apariciones inesperadas ponen en peligro su vida. “Sin espectadores –o soy el público previsto desde el comienzo– para ser originales cruzan el límite de incomodidad insoportable, desafían la muerte. Esto es verídico, no una invención de mi rencor [...]” (13) En los ojos del narrador se ha proyectado la memoria de Morel y su propia memoria de perseguido refleja sus movimientos interiores proyectándolos a su vez sobre los seres extraordinarios que parecen desafiar a la muerte y que en realidad viven en un verano ajeno al de la isla, es el verano de la fotografía del recuerdo, el verano de la memoria mecánica y enajenada. La memoria del narrador empieza a transformarse y yuxtapone el recuerdo del perseguido a la imagen del fantasma: “No sé, todavía, si contaban, efectivamente cuentos de fantasmas, o si los fantasmas aparecieron en la frase para anunciar que había ocurrido algo extraño (mi aparición)” (14).

Al jugar con el doble sentido de aparición que es apariencia pero también fantasma, el narrador se desdobla en el que mira a los fantasmas o apariciones (las imágenes de Morel) que lo persiguen y en el perseguidor del fantasma de Faustine. La mirada del narrador abarca a Faustine, pero la de ella prescinde de él “como si yo fuera invisible” (15). El cuerpo invisible de la joven proyectada como fantasma por la máquina de Morel vuelve invisible al narrador en el espejo de la memoria enajenada (16). La memoria que entra por los ojos, esa memoria que ha visto una mirada “aumentando el mundo” convertirá en imagen al narrador y al convertirlo en imagen desaparecerá su cuerpo quedando sólo su “aparición”, su “fantasma”, será invisible. Bioy Casares ha logrado encontrar una simbología nueva para cristalizar el viejo mito amoroso; el arquetipo platónico se inserta en una nueva forma de enunciar la metáfora “fabricada a imagen de las criaturas del tiempo” que el cinematógrafo ha preservado en su eternidad precaria.

Cuando el narrador inserta en la narración las páginas explicativas de Morel en torno a su invención, queda claro que los veraneantes son 'imágenes fotográficas', o mejor, hologramas tridimensionales. La tecnología es figurada como un artefacto capaz de dar muerte al individuo, y luego, de resucitarlo artificialmente y eternizarlo en su archivo de simulacros: por su fantasía sentimental de querer estar eternamente junto a una mujer que lo desdeña (17), Morel hace que Faustine y sus amigos mueran, y él muere con ellos. Esta proyección no sólo se extiende a los personajes sino al museo, a la piscina y a la capilla: un simulacro de realidad que amenaza las nociones mismas de 'identidad' y 'realidad' del narrador. De la mano de la tecnología, los medios de masa se irán apoderando del narrador.

La novela relaciona los medios de masa con la idea del archivo, y a ambos con la muerte y el más allá. Para Virilio el cine es, en el siglo XX, una industria fantasmal “en busca de nuevos vectores en el más allá”. La fotografía y el cine son archivos cuyo tema central es la supervivencia de los muertos. La invención de Morel enfoca su reflexión en estos archivos que no sólo contrarrestan ausencias, sino que las retienen. Gracias a la imagen fotográfica, lo que ya no está más persiste de algún modo. El narrador cree avizorar un futuro en que, gracias a aparatos más complejos, la vida será sólo 'un depósito de la muerte'. En otras palabras, la novela sugiere que la vida existirá para que exista el simulacro. No sólo eso: a la larga, no será posible diferenciar lo real de su simulacro: “Ignoro cuáles son las moscas verdaderas y las artificiales”, dice el narrador, anticipando la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (1968).

La novela da un paso más en su reflexión y cuando Morel sugiere que el archivo de imágenes y voces guarda un paralelismo con el destino de los hombres, cuestiona la noción de la realidad: “¿En dónde yacemos, como un disco de músicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer?” (18). El narrador, desde coordenadas kantianas alude a los límites del conocimiento y las condiciones de posibilidad de la experiencia, poniendo en cuestión la noción misma de identidad : “El hecho de que no podamos comprender nada fuera del tiempo y del espacio, tal vez esté sugiriendo que nuestra vida no sea apreciablemente distinta de la sobrevivencia a obtenerse con este aparato” (19). El espectáculo del eterno retorno de Faustine y sus amigos, le hace ver al narrador que su vida es “irreparablemente casual”. Rodeado de simulacros, él también se considera como ellos.

En este paraíso artificial, ¿qué le queda al narrador? Enamorado de un fantasma, de una mujer muerta, no le queda otra cosa, para estar junto a ella, que dejarse devorar por la pantalla y transformarse él mismo en simulacro. Con su seducción y muerte, y con su ingreso a la eternidad del archivo, la hegemonía de una nueva ecología de medios en la isla es completa. El triunfo de la ilusión del narrador es el fin de cualquier intento de escapar al triunfo final de la tecnología.

Notas:
(1) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981.

(2) Ibid
(3) VASQUEZ ROCCA, Adolfo, “Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro”

(4) VIRILIO, Paul, Estética de la desaparición, Editorial Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 1998.(5) SONTAG, Susan, On photography, Penguin Books, London, 1979
(6) Dennis Gabor, Físico húngaro, precursor de la holografía (1947), recibió por esto el Premio Nobel de Física en 1971. La invención se perfeccionó años más tarde con el desarrollo del láser, pues los hologramas de Gabor eran muy primitivos a causa de las precarias fuentes luz disponibles en su tiempo. Originalmente, Gabor sólo quería encontrar una manera para mejorar la resolución y definición de las imágenes del microscopio electrónico. Llamó a este proceso holografía, del griego "holos", que significa completo, ya que los hologramas mostraban un objeto completamente y no sólo una perspectiva. En realidad, los primeros hologramas que verdaderamente representaban un objeto tridimensional bien definido, fueron hechos por Emmett Leith y Juris Upatnieks en Estados Unidos en 1963 y por Yuri Denisyuk en la Unión Soviética.
(7) “Hombre mirando al sudeste”, Dirigida por Elíseo Subiela, realizada en 1986 por la productora Cinequanon, 105 minutos; estrenada el 2 de abril de 1987, en el cine Monumental (Buenos Aires, Argentina).(8) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 14
(9) Thomas Robert Malthus, economista inglés, precursor de la Demografía, conocido principalmente por su Ensayo sobre la población (1798), en el que expone el principio según el cual la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética. Así, llegará un punto en el que la población no encontrará recursos suficientes para su subsistencia (catástrofe malthusiana). Además, según Malthus, los recursos para la vida están limitados y, cuando se hayan agotado, la vida humana desaparecerá.
(10) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 14
(11) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, pp. 30-31(12) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 25
(13) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 1981.p. 39.
(14) Ibid pp. 59-60
(15) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, p. 43
(16) Uno de los antecedentes argentinos de La invención de Morel es “El vampiro”, de Horacio Quiroga. Un hombre se enamora de una estrella de cine y logra materializar su cuerpo. El fantasma corporificado de la actriz se convierte en el vampiro que extermina a su creador. En este sentido es interesante relacionar a los vampiros y a los espejos. Los espejos se ciegan para los vampiros pues nunca reflejan la imagen: son como Faustine que mira ciega al narrador.
(17) Sin embargo, la mujer no tiene ninguna posibilidad de ignorarlo significativamente.
(18) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, pp. 122 a 126
(19) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, p. 100

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DATOS PERSONALES
VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo

DOMICILIO
Valparaiso, Chile

CENTRO DE TRABAJO
Pontificia Universidad Católica de ValparaísoUniversidad Nacional Andrés Bello – UNAB

FORMACIÓN
-Licenciado en Filosofía, Universidad Católica de Valparaíso.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética
Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.

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