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Textos y colaboraciones

Nombre: pedsarod
Lugar: santo domingo, Dominican Republic

15.6.07

El escandaloso circo del G 8



Por José Carlos García Fajardo
CCS, UCM

Con el único criterio de su riqueza y de su poder se han escogido y se reúnen anualmente los jefes de Estado y de Gobierno de los países más industrializados del mundo. Es el poder contante y sonante, la riqueza y la fuerza para imponer criterios en defensa de sus intereses. Si no comenzamos a llamar a las cosas por su nombre jamás conseguiremos una sociedad más humana, justa y solidaria. El poder que surge de las armas o del dinero no da lugar a la democracia si no a una plutocracia y a la oligarquía globalizada y financiera.

La idea del G7 se le ocurrió al entonces presidente de Francia Valéry Giscard d'Estaing en 1974. Los reunió bajo su presidencia en 1975 , como a "los mejores y a los más grandes y poderosos". Esos eran los criterios que siempre han amueblado su cabeza, de ahí que muchos nos preguntemos si fue acertada su elección para presidir la Comisión encargada de redactar el texto para la Constitución de la Unión Europea. Su falta de sensibilidad social y sus criterios elitistas y megalómanos no han dejado de pasar factura. Más tarde, no pudieron ignorar a Rusia y, en 2003, nació el G8.

La última reunión del G8 ha sido presidida por la canciller de Alemania Angela Merkel. En los medios de comunicación ya causan más sonrisa que auténtico interés tanto el G8 como las manifestaciones de sus voluntariosos oponentes, que sí que tuvieron un importante papel durante años anteriores.
Es tan descarada la prepotencia de esos líderes, no elegidos para ese puesto democráticamente, que han tenido que recurrir a invitar a personajes de las finanzas, de la política y de la intelectualidad o del espectáculo para que asistiesen como corifeos del evento.
Este año han invitado a 5 jefes de Gobierno de países emergentes y a 5 jefes de Estado africanos para paliar el abandono absoluto y la falta de justicia con los pueblos de este continente de la esperanza. Les han vuelto a prometer 60.000 millones de ayuda cuando todavía no les han desembolsado los 40.000 millones prometidos en la reunión anterior, ni puesto en práctica la cancelación de la deuda a los países más empobrecidos.

El G8, a excepción de Japón, son países europeos o de ascendencia europea: Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Rusia, EEUU y Canadá. Cuatro de ellos son miembros de la Unión Europea, y otros cuatro son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Los vencedores de una guerra mundial que finalizó hace 52 años. Desde entonces, parece que nada se ha movido en el tablero mundial y países emergentes como Brasil, México, China, Sudáfrica o India no ocupan puestos permanentes en el Consejo de Seguridad.

Nos recuerda el gran analista francés de origen tunecino, Béchir Ben Yahmed, que la dirección general del Fondo Monetario Internacional "para el Desarrollo" (FMI) está reservada desde hace 60 años a un país europeo y que la presidencia del Banco Mundial, también "para el Desarrollo", la ocupa un norteamericano nombrado directamente por el Presidente de EEUU. Así nos podemos hacer una idea de cómo está repartido el poder real en el mundo.

Lo increíble es que, en ese colosal grupo de poder, no están representados ni la ONU ni ninguna de las instituciones de carácter social y de verdadero desarrollo humano: FAO, OMS, UNESCO, etc. Pero el antiguo presidente de Francia persiste en que el G8 es representativo de la humanidad "porque sus miembros suponen el 63% del Producto Interior Bruto mundial, cerca de la mitad del comercio y dos tercios de la ayuda al desarrollo".

¿Cómo se puede hablar del calentamiento del planeta y de la degradación del medio ambiente, de la proliferación nuclear, de la pobreza y de la ayuda al desarrollo, de los paraísos fiscales y del dinero de la droga y del tráfico de armas, del agotamiento de las fuentes de energía y de la lucha contra el terrorismo sin que participen en el debate y en la búsqueda de soluciones los países menos ricos?, se pregunta nuestro colega.

La opinión pública se siente traicionada y los pueblos empobrecidos del Sur nos muestran las heridas de cuatro partes de la humanidad con movimientos migratorios crecientes y con gritos en forma de terror. Y es suicida atribuir a movimientos ideologizados que sólo buscan la destrucción de los privilegios adquiridos de una minoría. Se hace en nombre de otra ideología, la de un etnocentrismo basado en el poder del dinero, en la explotación de otros seres humanos y de sus riquezas, así como en una fuerza militar y subversiva como jamás había conocido la humanidad. Es imposible someterse a la injusticia de que el 2% de la población posea más del 50% de la riqueza mundial, mientras que el 50% más pobre no alcanza ni al 1%. Lo pagaremos a pesar de los muros de egoísmo y de exclusión que erijamos.

Ben Yahmed aporta estas reflexiones del último presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn: "El mundo no puede alcanzar una relativa serenidad más que si todos los habitantes del planeta viven con la esperanza de un porvenir más justo (...) porque la ayuda de los ricos a los empobrecidos ya no puede ser considerada como un sacrificio o como generosidad sino como una contribución obligatoria a la paz en el mundo".

José Carlos García Fajardo
Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM)
Director del CCS
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2.2.07

Syria Poletti: Historias en Rojo, Corazón y Sangre




Por Daniela Aspeé Venegas* -
Pontificia Universidad Católica de
Chile


Historias en rojo es una obra fuerte en el qué y en el cómo. En la pluma de Syria Poletti parecen traducirse constantemente guiños de una vida difícil, marcada por la soledad, los cambios abruptos, la carencia. El amor maternal en esta obra se extralimita y se transforma en algo negativo, pero plenamente justificado: nadie condena a una madre que mata por un hijo, en la obra de Poletti tampoco, y esto parece ser el desahogo de una carencia marcada a sangre en su vida. Pero no solo matan madres, también lo hacen hombres, presentados como animales obsesivos puramente pasionales, que matan inspirados por una pasión incontrolable y duramente castigada, siendo tal vez otra carencia traspasada en forma magistral al papel. Historias en rojo de Syria Poletti no sólo envuelve al lector en un ir y venir de sentimientos llevados a su máxima expresión, consigue además que surjan sentimientos nobles, como la compasión, frente a estas obsesiones casi aberrantes.



SYRIA POLETTI
Syria Poletti nació en Pieve di Cadore, ciudad al norte de Italia, en 1917. La emigración de sus padres a Argentina, en búsqueda de mayores oportunidades, la llevaron a crecer bajo la sensación de abandono, el cual para una niña de nueve años no se justificaba pese a las precarias condiciones económicas, sobretodo viniendo de una madre. El abandono se compensó con la figura de su abuela, quien se transformó en una madre para ella, no sólo en lo emocional, si no que también en lo artístico: "es como el símbolo de la perfección humana que la autora quiere imitar y retratar en cada una de sus obras" (Gardini 13).

Arrancada de los brazos de esta madre por un tío que veía en el bienestar económico lo único necesario para una niña, se transformó en una joven rebelde, cuyo castigo fue la internación en un orfanato.El abandono absoluto no la intimidó, como sí lo hizo una escoliosis deformante que transformó su columna en el peso más limitante de su vida. Sólo al alcanzar la madurez su deformidad se transformó en un estímulo artístico, dejando de ser simplemente un obstáculo para el amor sexual. A los 21 años, luego de titularse como maestra, quiso emprender viaje a Argentina junto a su hermana Beppina, también abandonada pero más conforme.

Sin embargo, no fue considerada apta para el viaje y tuvo que esperar que su hermana viajara y desde Buenos Aires consiguiera un permiso para ella. Argentina se transformó en su segunda patria, pese a las dificultades económicas y culturales que en los primeros años la acompañaron. No obstante, fue en esta tierra lejana donde se consagró académica y artísticamente. Su éxito no fue gratuito, realizó enormes esfuerzos y sacrificios para sobrevivir haciendo lo que más le gustaba y lo que esa tierra nueva y llena de historias le permitía hacer: crear como su abuela le enseñó. Por eso decidió trasladarse a Buenos Aires, la capital política y literaria de Argentina, que la pobreza y la soledad no pudieron desvirtuar. El éxito se lo ganó y la acompañó hasta los años ochenta, cuando la situación política y la crisis social tuvieron como primeras víctimas a los artistas.

La sensación de abandono que marcó su infancia fue una huella inevitable en su vejez. Los lectores y el círculo artístico la abandonaron. No había ánimo, ambiente, ni muchas posibilidades de acceder al arte. Pero Syria renació y siguió publicando, dedicada a esos libros que la hacían recuperar lo que sintió perdido en Italia: los libros infantiles. En 1991 murió la escritora de dos patrias, fiel a cada una de ellas, orgullosa de sí misma, siempre golpeada por la falta de afectos primarios. Syria Poletti tuvo una producción literaria vasta y exitosa desde el comienzo.

En 1961 publicó su novela Gente conmigo, que obtuvo el Premio Internacional Losada y el Premio Municipal de Buenos Aires, seleccionada entre las diez mejores novelas sudamericanas por la Editorial Alan Williams de New York y llevada al cine con la adaptación de Jorge Masciángioli y bajo la dirección de Jorge Darnell en 1965. Además fue traducida al alemán, checo, inglés e italiano. En 1964 publicó Línea de fuego, libro de cuentos que se incluyeron en diversas antologías y fueron llevados a la televisión en varias ocasiones.

En 1965 obtuvo en Madrid el Premio Doncel por su libro de cuentos infantiles Botella al mar. En 1969 publicó Historias en rojo que obtuvo el Primer Premio Municipal de Buenos Aires. En 1971 apareció Extraño oficio (Crónicas de una obsesión), novela propuesta para el Premio Nacional de Literatura de ese año. En 1972 publicó Reportajes supersónicos, libro infantil que obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
En 1974, Syria Poletti fue distinguida por el Gobierno italiano con el título de Gran Caballero de la Estrella de la Solidaridad, por su obra cultural en Italia y Argentina. En 1977 publicó Taller de imaginería y en 1989 ...Y llegarán Buenos Aires.

Fue distinguida en muchas ocasiones por su labor de acercamiento cultural entre Italia y Argentina, y por su destacada participación como mujer en el ambiente cultural. Publicó una gran cantidad de libros para niños, además de los ya mencionados, que originó una selección en 1987 titulada 100 cuentos de Syria Poletti.
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HISTORIAS EN ROJO
Historias en rojo es una serie de cuentos aparecidos en la revista argentina Vea y Lea, publicados como libro en 1969. Estos cuentos policiales están fuertemente marcados por la doble influencia cultural de su autora.

Así, lo policial de esta obra se desarrolla bajo características italianas, pero en un contexto social argentino. El tema constante de Historias en rojo son las luchas familiares que culminan en asesinatos: "Ahora estamos en el hic et nunc de las relaciones obsesivamente personales, y hasta familiares" (Volta 22-3). Esto constituye, precisamente, lo italiano en las narraciones de Poletti, que la terminan ubicando dentro de las manifestaciones del país europeo. Dicha especificidad, Luigi Volta la define aún más: "Syria Poletti escribe sus anómalos policiales como para exorcizar su propia idea de 'pasado' en una Italia patriarcal, que es la misma idea que está en la base de la literatura policial italiana y que produce tanta dificultad de movimiento para los detectives de aquel país" (Volta 24).

Sin embargo, todo esto es desarrollado dentro de las problemáticas de los inmigrantes en una tierra argentina marcada por la desigualdad, las injusticias, el paisaje y la pobreza. Los cuentos de Historias en rojo son relatos de crímenes motivados por el amor malentendido, obsesivo, protector o celoso. En cada uno de ellos el resultado es el asesinato, único tipo de crimen que se desarrolla en la obra. Este parece ser el medio ideal por el cual el amor puede expresarse cuando llega a límites anormales. La excepción es "Vírgenes prudentes", cuento que no tiene crimen y da la sensación de pertenecer a otro libro. Es la historia de un abandono romántico y místico, narrado desde la negación de la abandonada. Los demás cuentos pueden clasificarse en dos tipos, según el sexo del asesino: los cuentos donde los asesinos son hombres presentan patrones similares, que no comparten los cuentos donde el crimen está en manos de mujeres.

Estos patrones tienen que ver, principalmente, con las motivaciones y la inteligencia del criminal. Sin embargo, esta clasificación puede parecer poco sustentable, debido a la considerable diferencia de cantidad entre uno y otro. Sólo en dos relatos, "Rojo en la salina" y "El hombre de las vasijas de barro", el asesino es hombre. Aún así, el análisis desde este punto de vista se hace interesante y necesario. En "Rojo en la salina" un hombre débil y lisiado, que ha dejado en manos de su mujer todo el peso del trabajo y el éxito, asesina al administrador de la salina que dirige su esposa, para huir con su amante, mujer de la víctima.

En "El hombre de las vasijas de barro", un enfermero de un geriátrico asesina a una muchacha menor de edad, deficiente mental, para que no fuera descubierto el embarazo del cual él era responsable. En ambos cuentos es la pasión motivo de los crímenes: en el primero, la necesidad de dar libertad a esa pasión, en el segundo la necesidad de ocultar las consecuencias de esa pasión. Asimismo, en los dos relatos existe una planificación del crimen, más o menos elaborada, que sobrepasa las capacidades de todos, incluyendo a la policía. Sin embargo, en los dos cuentos, una mujer fuerte, muy inteligente, confiada en sus instintos, resuelve el caso. El proceso de investigación de los personajes femeninos que actúan como detectives en estos cuentos, se basa en los instintos y en la observación aguda del comportamiento humano.

En "Rojo en la salina", el distanciamiento y comportamiento de su hija con su adorada mejor amiga, quien era hija de la víctima y de la amante del asesino, llevan a la obligada detective a descubrir en su esposo al culpable. Esto junto a la decepcionante visión que mantenía de su marido, un hombre débil sin ninguna sensibilidad artística, le permiten formar un cuadro criminal absolutamente lógico.

En "El hombre de las vasijas de barro" es precisamente esta sensibilidad artística la que lleva a la abuela, detective del cuento, a negar rotundamente la culpabilidad de Basilio, interno del geriátrico que administra su sobrino, culpado en forma categórica del crimen. Esto, junto a su capacidad de observación y su aguda inteligencia, que le permiten entender que en todo comportamiento humano reprochable por los cánones sociales existe una omisión, además de su capacidad de aceptar la pérdida de la inocencia y enfrentar los temas "pecaminosos" sin tapujos, le permiten vislumbrar un motivo para el crimen y conectar esto con el culpable, que de ninguna manera podía ser un loco, sobretodo si este es un artista que cayó en la demencia por culpa de la guerra, lo que lo incapacita de ejercer una violencia que su mente no fue capaz de tolerar.

En los cuentos donde los asesinos son mujeres, la motivación parece ser siempre el amor, pero un amor malentendido, exagerado, que se caracteriza por ser protector, obsesivo y siempre maternal. Las madres que matan en defensa del hijo parecen estar justificadas y en Historias en rojo nunca reciben castigo. En Mala suerte, Doña Carmelina asesina a Rosita, la mujer más deseada de Villaguay, dueña de un boliche, donde aprovechaba de robar a los hombres cuando borrachos iban con ella a una habitación. Cuando su esposo se transformó en una víctima de Rosita, Carmelina decidió defender lo que le pertenecía a ella y a sus hijos, asesinando. En "Pisadas de caballo" tres hermanas cuidan de su padre y de su hermano enfermo. Durante una noche crítica, Nives, una de las hermanas, administra las dos únicas inyecciones de coagulante a su hermano, dejando morir a su padre.

En "A largo plazo", Mino, el menor de tres hermanos, muere tras una larga enfermedad. Sin embargo, Antonio, su hermano mayor, insiste en la idea del asesinato. Como sus sospechosos estaban en la familia de su otro hermano desiste de la idea y nunca descubre que su esposa, María, asesinó a Mino en venganza de las humillaciones a las que sus hijos fueron sometidos por ese arrivista tío. En "Estampa antigua", Wanda es asesinada por su esposo, quien creía que la pistola con la que solía amenazarla estaba descargada. Ambos sabían que la amenaza era sólo eso, casi un juego, pero la madre de Nano, sabiendo los engaños de Wanda, decide terminar con las humillaciones de su hijo cargando la pistola confiada en que la dispararía Herminio, primo de Nano, celoso por un nuevo romance de Wanda.

En ninguno de estos cuentos las asesinas son descubiertas, no existe un detective ni un proceso de investigación detallado y eficaz. La policía actúa en algunos casos, pero parece inútil frente a estos crímenes que, si bien no son planificados con detalles, son muy inteligentes en su realización.

En "A largo plazo" y "Estampa antigua", la impunidad de los crímenes se produce gracias a la complicidad entre la asesina y su hija o nieta. Por lo tanto se presenta la relación entre la figura maternal y la niña como un lazo cómplice, inquebrantable y justificado frente a todo. En el primer cuento mencionado, la hija de María conoce la participación de su madre en la muerte de Mino, y le presenta su apoyo incondicional, justificando plenamente su actuación. En el segundo relato, la nieta de la asesina esconde la única evidencia que podría haber señalado a su abuela como culpable, como un acto de fidelidad absoluta y nunca mencionado. Sólo en dos cuentos existe un castigo que no proviene de la justicia.

En "Pisadas de caballo", Nives es descubierta por su hermano quien rechaza abruptamente su actitud y la increpa en forma dura y cruel, haciéndola sentir miserable. En "Estampa antigua", el deseo de la abuela de que Wanda fuera asesinada por su sobrino, se ve abortado por la llegada imprevista de su hijo, quien comete el asesinato. Nano es condenado por el crimen, lo que lleva a la desesperación, caída y muerte de esta madre en pleno dictamen de la condena, cuyo asesinato perfecto tomó un rumbo equivocado. Por lo tanto, en Historias en rojo los crímenes cometidos en nombre del amor maternal y protector no reciben castigo, salvo aquellos que desembocan en un daño a ese hijo protegido. Nives daña a su hermano al quitarle la vida a su padre, el ser más querido para el joven. La madre de Nano destruye la vida de su hijo al quitarle a su mujer amada y llevarlo a pagar él por su muerte. Estos castigos no son físicos, no interviene la justicia institucional, pero sí son emocionales, lo que los hace más duros.

CORAZÓN Y SANGRE
En Historias en rojo los hombres matan por pasión, las mujeres por amor. Los asesinos hombres son fríos y toman características inhumanas. Tal vez, Syria Poletti quiso traspasar al papel justamente aquello que perpetuó su soledad hasta el fin de su vida. Su cuerpo marcado por una dura enfermedad la hizo sentir que el amor no puede separarse de esa pasión física que una mujer como ella no podía despertar. Esta incapacidad masculina de amar sin involucrar lo pasional en ello parece distinguir a los hombres de las mujeres, según lo que la obra de Poletti dice: los personajes masculinos de Historias en rojo son animales esclavos de su pasión, capaces de todo por ella. Las mujeres asesinas son absolutamente emocionales, matan por sus hijos, o por aquellos a los que aman como a hijos.

Un deseo de protección llevado a límites anormales, amor malentendido, mantenimiento de funciones a las que debe renunciarse cuando el hijo se hace independiente: estas son las características que estas madres asesinas presentan, figuras maternales que parecen reflejar la carencia máxima de una autora marcada por el abandono de su madre. Estos asesinatos son la expresión máxima de un deseo de niña: tener a una madre capaz de todo por ella.Celia Correas de Zapata dice que "La obra narrativa de Syria Poletti está asignada por una insobornable rebeldía" (203). Sin duda es así, pero esta rebeldía es la misma respuesta que un niño herido da a un mundo siniestro, cruel e insensible.

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*Daniela Aspeé Venegas Candidata a
Doctora en la Pontificia Universidad Católica de Chile

BIBLIOGRAFÍA
Correas de Zapata, Celia. "Syria Poletti: Crónica de una rebeldía". Ensayos Hispanoamericanos. Buenos Aires: Corregidor, 1978: 203-22. Gardini, Walter. Syria Poletti: mujer de dos mundos. Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri, 1994. Poletti, Syria. Historias en rojo. Buenos Aires: Losada, 1973. Volta, Luigi. "Syria Poletti: asesinatos en familia". Los héroes difíciles. Literatura policial en la Argentina y en Italia. Buenos Aires: Corregidor, 1991.

Observaciones filosóficas 2005
Adolfo Vásquez Rocca


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13.12.06

MEMORIA Y OLVIDO: DERRIDA LEE A HERMANN COHEN

Jacques Derrida

Hermann Cohen

Ricardo Forster


Memoria y olvido: Derrida lee a Hermann Cohen

Por Ricardo Forster
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Hermann Cohen:
N
acido en una poderosa familia judía de Hamburgo, Hermann Cohen (1820-1871) es educado en la religiosidad de un judaísmo ilustrado, y en el desprecio de todo lo cristiano: sacerdotes, cruz, sacramentos, etc.

A los cuatro años inicia Hermann su formación musical, y a los once da ya conciertos al piano. Un año después, como discípulo predilecto de Franz Liszt (1811-1886), inicia en París y desarrolla después por toda Europa una carrera muy brillante como pianista, profesor de piano y compositor.

Los personajes más brillantes y anticatólicos de su tiempo fueron los más íntimos amigos de Hermann en su adolescencia y juventud. Felicité de Lamennais (1782-1854), sacerdote que acabó en la apostasía, fue su maestro. George Sand (1804-1876), escritora casada, que abandonó a su familia, y vivió sucesivamente con Mérimée, Musset, Chopin y con algún otro, tenía en Hermann, su Puzzi, su pajecito inseparable, que a veces incluso le acompañaba en los viajes. Admirador de Voltaire y de Rousseau, lo mismo se relacionaba con el anarquista Bakunine (1814-1876), que brillaba en los salones de la aristocracia europea.

Hermann Cohen es un triunfador famoso, viaja por toda Europa, conoce bien varias lenguas -alemán y francés, italiano y español-, gana mucho dinero con sus conciertos, lo pierde también cuantiosamente en el juego, y llega a conocer todos los vicios. Así vive, así malvive hasta los veintiséis años, hasta 1847.

Una conversión eucarística
El propio Hermann relata su conversión al sacerdote Alfonso María de Ratisbona (1814-1884), otro judío converso, como antes lo fue el hermano de éste, Teodoro, también sacerdote.

Un viernes de mayo de 1847, en París, el príncipe de Moscú le pide a su amigo Hermann que le reemplace en la dirección de un coro de aficionados en la iglesia de Santa Valeria. Hermann, que vive en la vecindad, va allí con gusto. Y en el acto final de la bendición con el Santísimo, experimenta «una extraña emoción, como remordimientos de tomar parte en la bendición, en la cual carecía absolutamente de derechos para estar comprendido». Sin embargo, la emoción es grata y fuerte, y siente «un alivio desconocido».

Vuelve Hermann a la misma iglesia los viernes siguientes, y siempre en el acto en que el sacerdote bendice con la custodia a los fieles arrodillados, experimenta la misma conmoción espiritual. Pasa el mes de mayo, y con él las solemnidades musicales en honor de María. Pero él cada domingo vuelve a Santa Valeria para asistir a Misa.

En la casa de Adalberto de Beaumont, donde vive entonces, toma un viejo devocionario de la biblioteca, y con él inicia su instrucción en el cristianismo. En seguida, recibe la ayuda del padre Legrand, de la curia arzobispal de París. También el vicario general, Mons. de la Bouillerie, muy interesado en las obras eucarísticas, se interesa por él. Pero pronto Hermann tiene que partir a Ems, en Alemania, donde ha de dar un concierto.

«Apenas hube llegado a dicha ciudad, visité al párroco de la pequeña iglesia católica, para quien el sacerdote Legrand me había dado una carta de recomendación. El segundo día después de mi llegada, era un domingo, el 8 de agosto, y, sin respeto humano, a pesar de la presencia de mis amigos, fui a oír Misa.

«Allí, poco a poco, los cánticos, las oraciones, la presencia -invisible, y sin embargo sentida por mí- de un poder sobrehumano, empezaron a agitarme, a turbarme, a hacerme temblar. En una palabra, la gracia divina se complacía en derramarse sobre mí con toda su fuerza. En el acto de la elevación, a través de mis párpados, sentí de pronto brotar un diluvio de lágrimas que no cesaban de correr a lo largo de mis mejillas... ¡Oh momento por siempre jamás memorable para la salud de mi alma! Te tengo ahí, presente en la mente, con todas las sensaciones celestiales que me trajiste de lo Alto... Invoco con ardor al Dios todopoderoso y misericordiosísimo, a fin de que el dulce recuerdo de tu belleza quede eternamente grabado en mi corazón, con los estigmas imborrables de una fe a toda prueba y de un agradecimiento a la medida del inmenso favor de que se ha dignado colmarme...

«Al salir de esta iglesia de Ems, era ya cristiano. Sí, tan cristiano como es posible serlo cuando no se ha recibido aún el santo bautismo...»

Vuelto a París, se dedica Hermann apasionadamente a la oración y a su instrucción religiosa. Pero todavía se ve obligado durante unos meses a dar clases y conciertos, pues ha de pagar considerables deudas de juego a sus acreedores.

Llega por fin el día de su bautismo: el 28 de agosto de 1847. «Estaba tan emocionado, escribe, que aun hoy no recuerdo, sino muy imperfectamente, las ceremonias que se hicieron». Ingresa en las Conferencias de San Vicente de Paúl. Pero donde mejor se halla siempre es en la iglesia, en oración ante el Santísimo. El 10 de noviembre hace voto, ante el altar de la Virgen, de ordenarse sacerdote y de prepararse a ello en cuanto se vea libre de sus acreedores. Cambia su vida totalmente, y sus antiguos compañeros de bohemia y de fiesta no lo entienden. Piensan que, quizá por sus excesos, anda trastornado. Algunos, como Adalberto de Beaumont, le vuelven la espalda, y él ha de buscarse nuevo domicilio.

Proyecto de Hermann aprobado por Mons. de la Bouillerie
Hermann alquila un modesto cuarto en la calle de la Universidad, número 102 -casa que ya no existe-, y que se puede considerar como la cuna de la Adoración Nocturna. Un amigo suyo, el señor Dupont, uno de sus primeros seguidores, refiere los datos de esta fundación:

«Habiendo entrado un día por la tarde en la capilla de las Carmelitas, [Hermann] que se complacía en visitar las iglesias en que se hallaba expuesto el Santísimo Sacramento, se puso a adorar a Nuestro Señor manifiesto en la custodia, sin contar las horas y sin advertir que la noche se acercaba. Era en noviembre. Una Hermana tornera llega y da la señal de salir. Fue necesario un segundo aviso. Entonces Hermann dijo a la religiosa: "Ya saldré cuando lo hagan esas personas que se hallan al fondo de la capilla". Y ella: "Pues no saldrán en toda la noche".
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«Semejante respuesta de la Hermana era más que suficiente, y dejaba una preciosa semilla en un corazón bien dispuesto. Hermann sale del oratorio y se dirige precipitadamente a casa de Monseñor de la Bouillerie: "Acaban de hacerme salir de una capilla, exclama, en la que unas mujeres estarán toda la noche ante el Santísimo Sacramento"... Monseñor de la Bouillerie responde: "Bien, encuéntreme hombres y les autorizo a imitar a esas buenas mujeres, cuya suerte ante Nuestro Señor envidia usted". Pues bien, ya desde el día siguiente, con el favor de los ángeles buenos, Hermann hallaba la necesaria ayuda en varias almas».

Monseñor de la Bouillerie había establecido ya anteriormente en París, en 1844, una pequeña asociación para la Adoración nocturna en casa, cuyos miembros, hombres o mujeres, se levantaban por turnos durante la noche una vez al mes, a hora fijada de antemano, para adorar a Nuestro Señor. También había contribuído a fundar la Adoración nocturna del Santísimo Sacramento, asociación femenina establecida por la señorita Debouché, que iba a ser el núcleo de las religiosas Reparadoras.

Nace la Adoración Nocturna
Hermann, muy contento con la autorización de Monseñor de la Bouillerie, se puso inmediatamente en busca de hombres de fe, ávidos como él de agradecer al Jesús de la Eucaristía todos sus beneficios, entregándole sacrificio por sacrificio.

Los primeros inscritos en la lista fueron el caballero Aznarez, antiguo diplomático español, que había enseñado el castellano a Hermann en los tiempos de su vida artística, y el conde Raimundo de Cuers, capitán de fragata, muy amigo.

Pronto se presentaron otros, y el 22 de noviembre de 1848, Hermann los reunía a todos en su cuartito de la calle de la Universidad. Sólo diecinueve miembros se hallaban presentes; cuatro inscritos no habían podido acudir. Monseñor de la Bouillerie presidía la pequeña reunión, cuyos miembros se habían juntado «con la intención, dice el acta de esta primera sesión, de fundar una asociación que tendrá por objeto la Exposición y Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, la reparación de los ultrajes de que es objeto, y para atraer sobre Francia las bendiciones de Dios y apartar de ella los males que la amenazan».

¡Un programa inmenso para tan pequeño número de hombres, casi todos de la más humilde condición! Aparte del promotor de la reunión, pianista famoso, además de Mons. de la Bouillerie y de dos oficiales de marina, los asociados no eran casi más que empleados oscuros, obreros y criados.

Éstos fueron los instrumentos de que el Señor se sirvió para establecer la asociación de la Adoración Nocturna, que pronto había de extenderse por casi todos los países católicos.

Obra providencial para tiempos duros de la Iglesia
Al saber que la revolución había triunfado en Roma, y que el papa Pío IX había tenido que refugiarse en Gaeta, puerto al sur de Roma, animó a aquellos primeros asociados a poner en práctica inmediatamente su proyecto. Y así la primera vigilia nocturna de Adoración se celebró el 6 de diciembre de 1848.

La segunda y tercera noches se verificaron los días 20 y 21 del mismo mes, con ocasión de las rogativas de Cuarenta Horas ordenadas con esa ocasión, en favor del Papa, por el arzobispo de París.

En Francia, pues, esta fundación se relaciona con una de las fases más dolorosas del Papado. Y coincide en ello con la obra de Adoración fundada en Roma, en 1809, cuando Napoleón hace cautivo a Pío VII.

Primeras vigilias de la Adoración Nocturna
Las primeras vigilias se efectuaron en el famoso santuario de Nuestra Señora de las Victorias. Más tarde, los socios de la Adoración Nocturna y de las Conferencias de San Vicente de Paúl perpetuaron el hecho con una lápida de mármol, en testimonio de agradecimiento:
A Nuestra Señora de las Victorias,
nuestra protectora,
en homenaje de gratitud y de amor
de las Conferencias
de San Vicente de Paúl
y de la asociación
de la Adoración Nocturna de parís.
31 de mayo de 1871
La asociación de la Exposición y
Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, en París,
ha tenido su origen en esta iglesia,
el 6 de diciembre de 1848,
debido al celo del Rdo. padre Hermann
y de Mons. Francisco de la Bouillerie,
obispo de Carcasona,
entonces vicario general de la diócesis de París.

Las vigilias no pudieron continuarse en Nuestra Señora de las Victorias, y se escogió para lugar de reunión el oratorio de los Padres Maristas.

El padre Hermann, carmelita
En 1849 Hermann ingresa en el Carmelo, que en esos años, tras las persecuciones de la Revolución Francesa, estaba siendo refundado en Francia bajo la dirección del carmelita español Domingo de San José. Una vez ordenado presbítero, el padre Hermann, con muchos viajes y trabajos, fue la fuerza más eficaz tanto para la extensión del Carmelo como para la difusión de la Adoración Nocturna en Francia y fuera de ella.

El padre Hermann era un religioso ejemplar, tan contemplativo y orante como activo y apostólico. Tuvo relación amistosa con muchas de las grandes figuras católicas de su tiempo: el santo Cura de Ars, santa Bernardita, san Pedro-Julián Eymard, el cardenal Wiseman, etc. Tuvo, por otra parte, la alegría de bautizar a diez miembros de su familia judía.

Al fin, agotado por el trabajo y contagiado de viruela, muere en 1871, a los cincuenta años de edad, estando en Spandau, Alemania, al servicio de los prisioneros franceses de la guerra franco-prusiana.

El apóstol de la Eucaristía
El padre Hermann, famoso predicador, hace voto de mencionar la Eucaristía en todos sus sermones. Y no le cuesta nada cumplirlo, pues como su tesoro es la Eucaristía, allí está, pues, su corazón; y de la abundancia del corazón habla su boca (+Mt 6,21; 12,34).

Aunque al entrar en el Carmelo dejó del todo la composición de música, siendo estudiante de teología, le autorizaron en una ocasión sus superiores esa actividad como descanso. Y como no podía ser menos, compuso una colección de Cánticos al Santísimo Sacramento, la más perfecta de todas sus obras. En la introducción, escribe emocionado:
«Jesús, adorado por mí, que me has conducido a la soledad para hablarme al corazón; por mí, cuyos días y noches se deslizan felizmente en medio de las celestiales conversaciones de tu Presencia adorable, entre los recuerdos de la comunión de hoy y las esperanzas de la comunión de mañana... Yo beso con entusiasmo las paredes de mi celda querida, en la que nada me distrae de mi único pensamiento, en la que no respiro sino para amar tu divino Sacramento...

«¡Que vengan, que vengan los que me han conocido en otro tiempo, y que menosprecian a un Dios muerto de amor por ellos!... Que vengan, Jesús mío, y sabrán si tú puedes cambiar los corazones. Sí, mundanos, yo os lo digo, de rodillas ante este amor despreciado: si ya no me veis esforzarme sobre vuestras mullidas alfombras para mendigar aplausos y solicitar vanos honores, es porque he hallado la gloria en el humilde tabernáculo de Jesús-Hostia, de Jesús-Dios.

«Si ya no me veis jugar a una carta el patrimonio de una familia entera, o correr sin aliento para adquirir oro, es porque he hallado la riqueza, el tesoro inagotable en el cáliz de amor que guarda a Jesús-Hostia.

«Si ya no me veis tomar asiento en vuestras mesas suntuosas y aturdirme en las fiestas frívolas que dais, es porque hay un festín de gozo en el que me alimento para la inmortalidad y me regocijo con los ángeles del cielo. Es porque he hallado la felicidad suprema. Sí, he hallado el bien que amo, él es mío, lo poseo, y que venga quien pretenda despojarme de él.

«Pobres riquezas, tristes placeres, humillantes honores eran los que perseguía con vosotros... Pero ahora que mis ojos han visto, que mis manos han tocado, que sobre mi corazón ha palpitado el corazón de un Dios, ¡oh, cómo os compadezco, en vuestra ceguera, por perseguir y lograr placeres incapaces de llenar el corazón!

«Venid, pues, al banquete celestial que ha sido preparado por la Sabiduría eterna; ¡venid, acercaos!... Dejad ahí vuestros juguetes vanos, las quimeras que traéis, arrojad a lo lejos los harapos engañadores que os cubren. Pedid a Jesús el vestido blanco del perdón, y, con un corazón nuevo, con un corazón puro, bebed en el manantial límpido de su amor... "¡Venid y ved qué bueno es el Señor!" [Sal 33,9].

«¡Oh Jesús, amor mío, cómo quisiera demostrarles la felicidad que me das! Me atrevo a decir que, si la fe no me enseñase que contemplarte en el cielo es mayor gozo aún, no creería jamás posible que existiera mayor felicidad que la que experimento al amarte en la Eucaristía y al recibirte en mi pobre corazón, que tan rico es gracias a ti!»...

No fueron éstos unos pasajeros fervores de novicio. Por el contrario, durante toda su vida -como se comprueba en su diario, en sus cartas y predicaciones- el Espíritu Santo mantuvo su corazón encendido en la llama de un amor inmenso al Jesús de la Eucaristía.

Jesucristo es hoy la Eucaristía
El amor abrasador del padre Hermann a la Eucaristía, es decir, a Jesucristo, hacía que no pudiera comulgar o llevar el Sacramento sin experimentar una emoción tan viva y fuerte que se parecía a la embriaguez. De esta vivencia personal tan profunda reciben sus escritos eucarísticos una vibración tan singular.

«¡Oh, Jesús! ¡oh, Eucaristía, que en el desierto de esta vida me apareciste un día, que me revelaste la luz, la belleza y grandeza que posees! Cambiaste enteramente mi ser, supiste vencer en un instante a todos mis enemigos... Luego, atrayéndome con irresistible encanto, has despertado en mi alma un hambre devoradora por el Pan de vida y en mi corazón has encendido una sed abrasadora por tu Sangre divina...

«Y ahora que te poseo y que me has herido en el corazón, ¡ah!, deja que les diga lo que para mi alma eres...

«¡Jesucristo, hoy, es la sagrada Eucaristía! Jesus Christus hodie [+Heb 13,8]. ¿Es posible pronunciar esta palabra sin sentir en los labios una dulzura como de miel? ¿como un fuego ardiente en las venas? ¡La sagrada Eucaristía! El habla enmudece, y sólo el corazón posee el lenguaje secreto para expresarlo.
«¡Jesucristo en el día de hoy!...
«Hoy me siento débil... Necesito una fuerza que venga de arriba para sostenerme, y Jesús bajado del cielo se hace Eucaristía, es el pan de los fuertes.

«¡Hoy me hallo pobre!... Necesito un cobertizo para guarecerme, y Jesús se hace casa... Es la casa de Dios, es el pórtico del cielo, ¡es la Eucaristía!...
«Hoy tengo hambre y sed. Necesito alimento para saciar el espíritu y el corazón, y bebida para apagar el ardor de mi sed, y Jesús se hace trigo candeal, se hace vino de la Eucaristía: Frumentum electorum et vinum germinans virgines [trigo que alimenta a los jóvenes y vino que anima a las vírgenes: Zac 9,17].

«Hoy me siento enfermo... Necesito una medicina benéfica para curarme las llagas del alma, y Jesús se extiende como ungüento precioso sobre mi alma al entregárseme en la Eucaristía: impinguasti in oleo caput meum; oleum effusum... oleo lætitiæ unxi eum... fundens oleum desuper [Sal 22,5; 44,8; 88,21].

«Hoy necesito ofrecer a Dios un holocausto que le sea agradable, y Jesús se hace víctima, se hace Eucaristía.
«Hoy en fin me hallo perseguido, y Jesús se hace coraza para defenderme: scutum meum et cornu salutis meæ [mi escudo y la fuerza de mi salvación: 2Re 22,3 Vulgata]. Me hace temible al demonio.
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«Hoy estoy extraviado, se me hace estrella; estoy desanimado, me alienta; estoy triste, me alegra; estoy solo, viene a morar conmigo hasta la consumación de los siglos; estoy en la ignorancia, me instruye y me ilumina; tengo frío, me calienta con un fuego penetrante.
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«Pero, más que todo lo dicho, necesito amor, y ningún amor de la tierra había podido contentar mi corazón, y es entonces sobre todo cuando se hace Eucaristía, y me ama, y su amor me satisface, me sacia, me llena por entero, me absorbe y me sumerge en un océano de caridad y de embriaguez.
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«Sí, ¡amo a Jesús, amo a la Eucaristía! ¡Oídlo, ecos; repetidlo a coro, montañas y valles! Decidlo otra vez conmigo: ¡Amo a la Eucaristía! Jesús hoy es Jesús conmigo»...
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JACQUES DERRIDA (1930-2004 ):
Filósofo francés, cuyo trabajo originó la escuela de deconstrucción, una estrategia de análisis que ha sido aplicada a literatura, lingüística, filosofía, jurisprudencia y arquitectura.
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En 1967, publicó tres libros: Speech and Phenomena (1), Of Grammatology (2), y Writing and Difference (3), que han introducido el punto de vista deconstructivista en la lectura de textos.
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Derrida ha resistido ser clasificado, y sus últimos trabajos continúan redefiniendo su pensamiento.
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Nació en El-Biar, Argelia. En 1952 comenzó su estudio de filosofía en la Escuela Normal Superior de París, donde más tarde enseño desde 1965 a 1984. Desde 1960 a 1964, Derrida enseñó en la Sorbona, en París. Desde los comienzos de 1970 ha dividido mucho de su tiempo entre París y Estados Unidos, donde ha enseñado en universidades tales como Johns Hopkins, Yale, y la Universidad de California, en Irvine.
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Otros trabajos suyos incluyen Glas (1974) (4) y The Post Card (1980) (5).
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La obra de Derrida se centra en el lenguaje. Sostiene que el modo metafísico o tradicional de lectura produce un sinnúmero de falsas suposiciones sobre la naturaleza de los textos. Un lector tradicional cree que el lenguaje es capaz de expresar ideas sin cambiarlas, que en la jerarquía del lenguaje escribir es secundario a hablar, y que el autor de un texto es la fuente de su sentido. El estilo deconstructivista de lectura de Derrida subvierte estas presunciones y desafía la idea de que un texto tiene un significado incambiable y unificado. La cultura occidental ha tendido a asumir que el habla es una vía clara y directa para comunicar. Derrida cuestiona esta presunción en psicoanálisis y lingüística.
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Como resultado, las intenciones de los autores en el discurso no pueden ser incondicionalmente aceptadas. Esto multiplica el número de interpretaciones legítimas de un texto.La deconstrucción muestra los múltiples estratos de sentido en que trabaja el lenguaje. Deconstruyendo las obras de anteriores pensadores, Derrida intenta mostrar que el lenguaje está mudando constantemente. Aunque el pensamiento de Derrida es considerado a veces por los críticos como destructivo de la filosofía, la deconstrucción puede ser mejor entendida como la muestra de ineludibles tensiones entre los ideales de claridad y coherencia que gobiernan la filosofía, y los inevitables defectos que acompañan su producción.
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(1) La voz y el fenómeno. Traducción de P.Peñalver. Valencia, Pre-Textos, 1985.
(2) De la gramatología. Traducción de O. del Barco y C.Ceretti, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.
(3) La escritura y la diferencia. Traducción de P.Peñalver, Barcelona, Anthropos, 1989.
(4) Glas (extractos). Traducción de C. De Peretti y L. Ferrero, Anthropos ? Revista de Documentación Científica de la Cultura, Barcelona, Suplementos 32, Mayo 1992.
(5) La tarjeta postal. De Freud a Lacan y más allá. Traducción de T.Segovia, México, Siglo XXI, 1986 (no incluye la primera parte: Envois).
Traducción: Daniel López Salort
De: Antroposmoderno
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JACQUES DERRIDA:
Nota: lo siguiente ha sido extraído de Fifty Key Contemporary Thinkers, John Lechte, Routledge, 1994.
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Recientemente, Jacques Derrida ha agregado otro margen a su trabajo con un libro sobre Marx. Su filosofía deconstructivista, ha dicho, nunca ha sido antimarxista en ningún sentido puro. De este modo, ahora muchos están esperando, quizás equivocadamente, una anticipación de si hay realmente un elemento político en la gramatología de Derrida.

Hijo de una familia argelina judía, Jaques Derrida nació en 1930 en Argelia y llegó a Francia en 1959. Educado en al Escuela Normal Superior (calle d?Ulm) en París, Derrida llamó la primero la atención de un amplio público a fines de 1965 cuando publicó dos largos artículos de reseñas de libros en historia y naturaleza de la escritura, en el diario parisino Critique. Estos dos trabajos formaron las bases del más importante y posiblemente mejor conocido libro: Of Grammatology (1).

Un número importante de tendencias subyacen en el punto de vista de Derrida en filosofía y, más específicamente, en la tradición occidental de pensamiento. Ellas son, primero, una preocupación por reflejar arriba y abajo la dependencia de esta tradición de la lógica de identidad. Esta lógica de identidad deriva particularmente de Aristóteles y, en palabras de Bertrand Russell, comprende las siguientes características claves:

1. La Ley de Identidad: ?Lo que es, es?.
2. La Ley de Contradicción: ?Nada puede a la vez ser y no ser?.
3. La Ley del Tercero Excluido: ?Todo debe ser o no ser?.

Estas ?leyes? de pensamiento presuponen no sólo coherencia lógica, sino que también aluden a algo igualmente profundo y característico de la tradición en cuestión, a saber: que hay una realidad esencial ?un origen- al que estas leyes se refieren. Para sostener la coherencia lógica, este origen debe ser ?simple? (por ejemplo, libre de contradicción), homogéneo (de la misma substancia u orden), presente a, o de lo mismo como sí mismo (por ejemplo, separado y distinto de cualquier mediación, consciente de sí mismo sin ningún espacio entre el origen y la consciencia).
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Claramente, estas ?leyes? implican la exclusión de determinadas características, a saber: complejidad, mediación, y diferencia ?brevemente, características que evocan ?impurezas? o complejidad. Este proceso de exclusión toma lugar en un nivel metafísico y general en el que, además, un sistema completo de conceptos (sensible-inteligible; ideal-real; interno-externo; ficción-verdad; naturaleza-cultura; habla-escritura; actividad-pasividad; etc.) que gobiernan la operación del pensamiento en Occidente, llega a estar instituido.

A través del punto de vista llamado ?deconstrucción? Derrida ha comenzado una investigación fundamental en la naturaleza de la tradición metafísica occidental y sus bases en la ley de identidad. Superficialmente, los resultados de esta investigación parecen revelar una tradición perforada por paradojas y aporías lógicas, tal como la que sigue, en la filosofía de Rousseau.
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Rousseau argumenta en un momento que la sola voz de la naturaleza debería ser escuchada. Esta naturaleza es idéntica a sí misma, una plenitud a la cual nada puede ser añadido o substraído. Pero él también llama nuestra atención sobre el hecho de que la naturaleza en verdad está alguna veces carenciada ?como cuando una madre no puede producir suficiente leche en sus pechos para la criatura. La carencia no llega a ser vista como común en la naturaleza, si ésa no es una de sus más significativas características. De este modo, Derrida muestra, de acuerdo a Rosseau, que la naturaleza autosuficiente también está desprovista. La falta, en realidad, pone en peligro la autosuficiencia de la naturaleza, esto es su identidad o, como Derrida prefiere, su autopresencia.
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La autosuficiencia de la naturaleza puede ser mantenida solamente si la carencia es suplida. Sin embargo, en resguardo de la lógica de identidad, si la naturaleza requiere un elemento supletorio tampoco puede ser autosuficiente (idéntica consigo misma), porque autosuficiencia y necesidad son opuestos: una u otra pueden ser las bases de una identidad pero no ambas, para que la contradicción sea evitada. Este ejemplo no es ninguna excepción. La impureza de esta identidad, o el debilitamiento de su autopresencia, es un hecho ineludible. Pero, más ampliamente, cada origen aparentemente ?simple? tiene, como su íntima condición de posibilidad, un no-origen. Los seres humanos requieren la mediación de la consciencia, o el espejo del lenguaje, para conocerse a sí mismos y al mundo; pero esta mediación o espejo (estas impurezas) tiene que estar excluida del proceso de conocimiento; hace posible el conocimiento, aunque no está incluida en el proceso de conocimiento. O, si lo están, como en la filosofía de los fenomenólogos, ellas mismas (consciencia, subjetividad, lenguaje) devienen equivalentes a una suerte de presencia autoidéntica.
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El proceso de ?deconstrucción? que investiga los fundamentos del pensamiento occidental, no lo hace en la esperanza de que será capaz de remover estas paradojas o estas contradicciones; ni lo hace en la pretensión de ser capaz de escapar a las exigencias de su tradición ni establecer un sistema de su propia narrativa. Más bien, reconoce que está forzado a usar los mismos conceptos que ve como insostenibles, en los términos de la demanda que realizan. Brevemente, también debe (al menos, provisionalmente) sostener estas demandas.
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El ímpetu de la deconstrucción no es simplemente que muestra, filosóficamente, que las ?leyes? de pensamiento se hallan defectuosas. Más bien, la tendencia evidente en la oeuvre de Derrida es un interés de penetrar efectos, abrir el terreno filosófico para que pueda continuar siendo el sitio de creatividad e invención. La noción de diferencia o différance, lleva tal vez a la segunda tendencia más claramente discernible en la obra de Derrida ?una íntimamente alineada con el deseo de mantener la creatividad de la filosofía.

Différance es el término acuñado por Derrida en 1968, a la luz de sus investigaciones en la teoría saussureana y estructuralista del lenguaje. Mientras Saussure había sufrido grandes dolores al mostrar que el lenguaje en su forma más general podía ser entendido como un sistema de diferencias, ?sin términos positivos?, Derrida notó que las totales implicaciones de esa concepción no fueron apreciadas ni por los estructuralistas de días posteriores ni por el mismo Saussure. Diferencia en términos positivos implica que esta dimensión en lenguaje debe permanecer siempre imperceptible, estrictamente hablando es inconceptualizable. Con Derrida, la diferencia deviene en lo que queda fuera del alcance del pensamiento metafísico occidental, porque es la última condición de posibilidad.
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Por supuesto, en la vida cotidiana la gente habla más fácilmente sobre diferencia y diferencias. Decimos, por ejemplo, que ?x? (que tiene una cualidad específica) es diferente de ?y? (que tiene otra cualidad específica), y usualmente significamos que es posible enumerar las cualidades que producen esta diferencia. Esto, sin embargo, es dar a la diferencia términos positivos ?implicando que puede haber una forma fenoménica-, de modo que ello no puede ser la diferencia anunciada por Saussure, la que es efectivamente inconceptualizable. La primera razón para el neologismo de Derrida deviene en consecuencia aparente: él quiere distinguir la diferencia conceptualizable del sentido común, de una diferencia que no es traída de regreso en el sentido de lo mismo y que, a través de un concepto, da una identidad. La diferencia no es una identidad, ni es la diferencia entre dos identidades.
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Diferencia es diferencia diferida (en francés, el mismo verbo ?différer- significa tanto ?diferenciarse? como ?diferir?). Différance nos alerta sobre una serie de términos que son prominentes en la obra de Derrida, cuya estructura es inexorablemente doble: fármaco (tanto veneno como antídoto); suplemento (tanto lo sobrante como adición necesaria); hymen (tanto interior como exterior).

Otra justificación para el neologismo de Derrida también deriva de la teoría del lenguaje de Saussure. La escritura, había dicho Saussure, es secundaria con respecto al habla hablada por los miembros de una comunidad lingüística. La escritura para Saussure es incluso una deformación del lenguaje en el sentido que él (a través de la gramática) llega a ser una verdadera representación; mientras que, en realidad, reclamó Saussure, la esencia del lenguaje está contenida únicamente en el discurso viviente, el que está cambiando siempre.
Derrida interroga esta distinción. Y como distinto, él observa que tanto Saussure como los estructuralistas (cf. Lévi-Strauss) operan con una noción coloquial de escritura, una que intenta evacuar todas las complejidades. Por lo tanto, la escritura presupone ser puramente gráfica, quizás una ayuda para la memoria, pero secundaria para el habla; está considerada por ser fundamentalmente fonética, y representa así los sonidos del lenguaje. El habla, por su parte, supone estar más cercana al pensamiento, y en consecuencia a las emociones, ideas e intenciones del hablante. El habla, como lo primario y más original, contrasta entonces con lo secundario, el estatuto representado por la escritura.
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Derrida, el gramatólogo (teórico de la escritura), intenta mostrar que esta distinción es insostenible. El propio término différance, por ejemplo, tienen un elemento irreductiblemente gráfico que no puede ser detectado en el nivel de la voz. Además, la pretensión de que la escritura fonética es enteramente fonética, o que el habla es completamente audible, se torna sospechosa tan pronto como la naturaleza exclusivamente gráfica de la puntuación deviene aparente, junto con los silencios (espacios) impresentables del habla.

De un modo u otro, la ouevre de Derrida es una exploración de la naturaleza de la escritura en el más amplio sentido como différance. La dimensión de la escritura, que siempre incluye elementos pictográficos, ideográficos y fonéticos, no es idéntica consigo misma. La escritura, entonces, siempre es impura, y como tal desafía la noción de identidad, y, finalmente, la noción del origen como ?simple?. No es ni totalmente presente ni ausente, sino que es la huella resultante de su propia borradura en el viaje hacia la transparencia.
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Más que esto, la escritura es, en un sentido, más ?original? que las formas fenoménicas que supuestamente evoca. La escritura como huella, marca, grafema, deviene en la precondición de todas las formas fenoménicas. Este es el sentido implícito en el capítulo de Of Grammatology titulado ?El fin del libro y el comienzo de la escritura?. La escritura en el sentido más estricto, muestra ese capítulo, es virtual, no fenoménica; no es lo que está producido sino lo que hace posible la producción. Evoca todo el campo de la cibernética, la matemáticas teórica y la teoría de la información.

Estas reflexiones sobre temas de literatura, arte y psicoanálisis, al igual que de la historia de la filosofía, parten de la estrategia de Derrida de hacer visible la ?impureza? de la escritura (y de cualquier identidad). Es decir, Derrida demuestra frecuentemente que él está intentando confirmar filosóficamente, empleando estrategias retóricas, gráficas y poéticas (como por ejemplo en Glas (2), o The post card: from Socrates to Freud and beyond), de modo que el lector pueda estar alertado sobre el desdibujarse de las fronteras entre disciplinas (tales como filosofía y literatura), y tema-materia (tales como escritura/filosofía y autobiografía).
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En la primera presentación de différance, ofrecida en la Sorbona en 1968, un astuto oyente remarcó, aunque con algún pesar, que ?En su obra, la expresión es tan importante que la atención del oyente está constantemente dividida y dirigida, por una parte, a su modo de hablar, y por la otra a lo que usted quiere decir?.Derrida respondió diciendo: ?Trato de colocarme a mí mismo en un cierto punto en el que ... la cosa significada ya no es fácilmente separable de quien significa?.

La demostración de que es imposible separar rigurosamente la dimensión poética y retórica del texto (en el nivel de quien significa) del ?contenido?, mensaje o significado (el nivel de lo significado) es la maniobra más necesaria y aún controversial en todo el emprendimiento derrideano. Mientras un significativo número de críticos literarios norteamericanos parecen haber sido profundamente enamorados por esta estrategia, uno puede realmente dudar sobre la dimensión en la cual esa estrategia pueda estar bajo el control (consciente) del filósofo.
Si los límites de disciplinas y géneros son convenciones con historias bien específicas ?esto es, por implicación, si ellos están ubicados solamente en las bases de una clase de confianza- deviene posible subvertirlas. Lo que entonces está siendo subvertido es en realidad un principio de trabajo sumamente frágil, y no una verdad de alguna clase, profundamente atrincherada y esencial.
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Con la obra de Laclau (quien ha sido inspirado por Derrida) en teoría política, es exactamente esta fragilidad de identidad la que es vista como hacedora de un nuevo estímulo a los políticos. Porque las identidades son construidas y no esenciales, son inevitablemente frágiles, pero sin embargo no menos importantes. Desde otro ángulo, la obra de Derrida abre una nueva creatividad, un sentido en el cual el interés por la escritura como gramatología tiene efectos prácticos. Aquí, observamos que Derrida muestra que los principios eternos, metafísicos, tienen una base extremadamente frágil y finalmente ambigua.
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Lo que es correcto y ?propio? (como el nombre propio) porque tiene una identidad determinada, origina finalmente una deconstrucción de ?propio? (por ejemplo, un nombre no tiene simplemente a un objeto o persona simple, ?real? o fenoménica; porque eso también tiene una dimensión retórica, que el juego de retruécanos hace posible). Cuando a un nombre propio se lo muestra in-a-propiado, emerge la escritura en el sentido de Derrida.
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El nombre del poeta francés, F. Ponge (el cual, en un bien conocido ensayo, Derrida transforma en éponge ?esponja-), da una fuente admirable de escritura creativa, filosófica y crítica. En inglés, uno necesita tan sólo pensar en Wordsworth y en el ?regocijo? en Joyce, para comenzar toda una serie de asociaciones ?impropias?. A través del retruécano, anagrama, etimología, o un sinnúmero de características diacríticas (recordemos el ?regocijo? en Joyce), un nombre propio puede estar enlazado a uno o más sistemas diferentes de conceptos, ideas o palabras (incluyendo aquéllas de otros idiomas).
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Derrida en verdad también ha unido el nombre propio a variadas series de imágenes y sonidos, de modo que, desde cierto punto de vista, el texto de referencia parece tener una relación muy tangencial al texto crítico (ver el tratamiento de la obra de Jean Genet en Glas, o el ensayo Signéponge ?sobre? la obra de Francis Ponge). Realmente, mientras el crítico literario tradicional podía tender a buscar la verdad (fuera semántica, poética, o ideológica) del texto literario escrito por otro, y luego adoptar una actitud respetuosa, secundaria, ante la ?primacía? de ese texto, Derrida lleva el texto ?primario? a una fuente de nueva inspiración y creatividad. Ahora, el crítico/lector ya no interpretará únicamente (lo cual nunca fue completamente el caso, de todos modos), sino que deviene en un/a escritor/a en su propio derecho.

Nuevamente, mientras el sentido común tiende a asumir que la iterabilidad es, más o menos, una cualidad accidental del idioma, de modo que palabras, frases, oraciones, etc., pueden ser repetidas en contextos diferentes, verdaderamente la íntima cualidad que Derrida considera irrevocable destaca el nivel del significador de lo significado. Así, si el significado es referido al contexto, no hay, con respecto a la estructura profunda del lenguaje, contexto conveniente para proporcionar pruebas de un significado final. El contexto es ilimitado, ha dicho Jonathan Culler.
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El debate de Derrida con el filósofo norteamericano John R. Searl, sobre la teoría de las ?performativas? de J.L. Austin, gira precisamente sobre este punto. Mientras Austin trata de producir una feliz ?performativa? (realizando por lo dicho ?como cuando hacemos una promesa), depende de que sea realizada en un contexto apropiado por la persona apropiada, en tanto que una ?performativa? poco feliz ?como cuando alguien dice ?sí? fuera de la ceremonia nupcial, o cuando la persona equivocada abre una reunión- no puede ser eliminada del lenguaje. Derrida observa que esto es así porque lo inoportuno está enraizado profundamente en la estructura de las performativas; la cualidad de iterabilidad significa que el lenguaje, incluyendo las signaturas, puede ser tomado por cualquiera en cualquier momento. Iterabilidad, así, impone la posibilidad de signaturas falsas.

En suma, la tarea filosófica de Derrida demanda deconstruir penetrantes eslóganes, como éstos suceden tanto en el trabajo académico como en lenguaje de la vida diaria. El lenguaje cotidiano no es neutral; carga en su interior presupuestos e hipótesis culturales de toda una tradición. Al mismo tiempo, la reelaboración crítica de las bases filosóficas de la tradición en cuestión resulta, tal vez inesperadamente, en un nuevo énfasis en la autonomía individual y la creatividad del investigador/filósofo/lector. Puede ser que este elemento antipopulista, aunque antiplatónico, en la gramatología, sea la contribución más importante de Derrida al pensamiento de la era de postguerra.
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(1) De la gramatología. Traducción de O. Del Barco y C. Ceretti, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.(2) Glas (Extractos). Traducción de C. De Peretti y L. Ferrero, Anthropos. Revista de Documentación Científica de la Cultura (Barcelona), Suplementos 32 (Mayo 1992).
Traducción: Daniel López Salort
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Ricardo Forster:
Es Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha cursado estudios de Historia y Filosofía en la Universidad Autónoma de México, en la Universidad del Salvador (Argentina) y en FLACSO. Es profesor titular de grado y posgrado de numerosas universidades argentinas e internacionales: U.B.A., Universidad Nacional del Gral. San Martín, Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Comahue, Universidad de Princeton (EE.UU.), Universidad Hebrea de Jerusalem, Instituto Tecnológico de Monterrey, entre otras.
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Entre sus ensayos se cuentan W. Benjamin - Th. W. Adorno, el ensayo como filosofía (Ediciones Nueva Visión, 1991), Itinerarios de la modernidad (Eudeba, 1996), El exilio de la palabra (Eudeba,1999), Walter Benjamin y el problema del mal (Altamira, 2001).

CICLO CRUCE DE PALABRAS 10/10/2006
Debaten: Manuel Cruz, Ricardo Forster y Alejandro Kaufman. Presenta: R. Forster
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ODIO, VIOLENCIA, EMANCIPACIÓN 10/11/2005-17/11/2005-24/11/2005
Jueves 10: Néstor García Canclini y Carlos Thiebaut, Jueves 17: Horacio González y Aureli...
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8.11.06

ADOLFO VASQUEZ ROCCA: "LA INVENCION DE MOREL", DE A. BIOY CASARES


A. Bioy Casares

La Invención de Morel.
Defensa para sobrevivientes

En referencia a 'La invención de Morel':“He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releido;no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”.
Jorge Luis Borges

Por Adolfo Vásquez Rocca

Como homenaje a Adolfo Bioy Casares

Introducción

El presente artículo se ocupa de la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel (1949) novela fundacional de la literatura de anticipación, en la que a través de la ficción científica, policíaca y amatoria, concurren los tópicos del ingenio técnico, la reduplicación de la vida, los periplos de inmortalidad, los archivos de imágenes, los simulacros y finalmente los hologramas, alumbrando el estatuto ontológico de las imágenes en la nueva ecología de medios, cuestiones problematizadas por teóricos de la imagen como Jean Baudrillard, Paul Virilio o Susan Sontag. Dando lugar, finalmente, a una reflexión en torno al complejo paso de lo real a lo virtual en el cual el mundo de las imágenes amenaza por suplantar al mundo real.

1.
En su mítica novela (1) publicada en 1940, Adolfo Bioy Casares narra la aventura de un prófugo que se oculta en una isla aparentemente desierta –asolada por extrañas enfermedades (2) – en la que, sin embargo, descubre una forma peculiar de vida: la de un conjunto de personas cuya actividad a lo largo de un período limitado de tiempo es "proyectada" una y otra vez por una máquina alimentada por la energía de las mareas.

La invención de Morel es una ficción científica, policíaca y amatoria. Haciendo uso de una geometría implacable que pone en juego hipótesis que se van descartando analíticamente; la isla desierta, poblada de imágenes, en la que el narrador de la ficción se confina, se convierte en la prisión amorosa, en el paisaje filosófico ideal donde se asienta el amor, libre del mundo, entregado a sí mismo: isla de libertad, pero también isla interior, donde la pasión se va anudando a la mirada.

La obra se puede leer tanto como una fábula de amor trágico, como una arriesgada especulación sobre la relación entre el mundo real y el de las imágenes.

Bioy Casares a través de esta máquina –que se alimenta a través de turbinas conectadas con las mareas– capaz de reproducir todos los sentidos juntos, pone en juego una de las hipótesis más sugerentes de toda la ciencia ficción, la coincidencia, en un mismo espacio, de un objeto y su imagen total. Este hecho sugiere la posibilidad de que el mundo esté constituido, exclusivamente, por sensaciones. Para ello realiza un trazado elíptico de la isla y el museo, así como una radiografía espectral de los personajes proyectados, para concluir en una delirante y anticipatoria reflexión sobre la realidad virtual y los simulacros, anticipando las preocupaciones de Jean Baudrillard (3) y Paul Virilio –entre otros teóricos de la imagen– en torno a los periplos de inmortalidad y la estética de la desaparición (4). La fotografía, como la caracterizara Susan Sontag (5), es un modo de certificar la experiencia o de convertirla en colección. Pareciera que la fotografía quiere jugar este juego vertiginoso, liberar a lo real de su principio de realidad, liberar al otro del principio de identidad y arrojarlo a la extrañeza.

El carácter anticipatorio de La invención de Morel se hace evidente si se considera que Denis Gabor (6) se planteó la posibilidad de utilizar los hologramas para reconstruir la imagen del objeto original sólo siete años después de que Bioy Casares publicó su novela. Este eco literario que comporta el concepto de holograma es también referido en Hombre mirando al sudeste (7) , filme tributario a la imaginería de Bioy Casares.

La vida "real", una vez duplicada por la máquina, comienza a perder densidad ontológica, hasta que su peso de realidad es igual a cero, mientras que las proyecciones cobran vida propia asumiendo un extraño estatuto de realidad en relación a la cual el prófugo define sus expectativas; éste, finalmente, decide duplicarse y "editarse" dentro de la proyección eterna.

Se trata de una invención ciertamente ingeniosa, no sólo por su diseño y eficiencia técnica para proyectar eternamente imágenes que duplican a seres reales, sino porque al decir de su creador ha permitido perpetuar "una buena semana" compartida por un grupo de amigos.

El narrador en un minucioso y sistemático ejercicio nos relata su huida y naufragio. Su actual condición de asilado, de fugitivo en una persecución donde múltiples – aunque difusas– fuerzas de represión lo asedian. Es acorralado por las aduanas, por los documentos tenaces, por las redes de verdugos que entretejen las policías del mundo, por las leyes de una libertad condicionada a los retratos sellados que cubren los pasaportes bajo firmas filisteas de repúblicas tiranas. Acorralado también por una búsqueda infinita de paraísos en una isla utópica de eterna primavera y soledad pausada.

El narrador desembarca en una isla hacia la que lo ha conducido su destino de perseguido. Encuentra un paraíso cuyo espacio ha sido alterado levemente por unas extrañas construcciones de orden misteriosamente ceremonial: un museo, una capilla y una pileta de natación (8). Los 'edificios' de Morel ostentan el orgullo de su gratuidad, exaltan su imaginación y pretenden su inmortalidad. Morel pretende perpetuar una semana de felicidad ociosa.

La isla de Morel es un espacio sagrado donde se ha construido la utopía de la eternidad. La eternidad que Morel sugiere ha encontrado su espacio y su proyección pero le faltaba la mirada. La mirada recrea la utopía y confirma su existencia en las palabras del manuscrito que la revela. Sin la narración, la isla sería una utopía sin memoria, un espacio mutilado, un espacio sin ritual, un espacio invisible. El narrador es el testigo de la creación, es el espectador ante quien se proyectan las imágenes.

La isla lo enfrenta a una naturaleza alterada por duplicaciones, a una naturaleza que desdobla los soles y refleja dos lunas, que yuxtapone extrañamente veranos y primaveras y reúne peces descompuestos y peces de adorno del acuario, que calcina los árboles o les da un verdor eterno. Las mareas adelantan el verano e inundan las playas que lo albergan y producen figuras en un espacio antes alterado sólo por los edificios. A la persecución de la naturaleza se añade la persecución de los “intrusos” que asedian al autor del manuscrito.

El asedio lo mantiene vivo, aunque siempre se aproxime a su muerte. Todo ese laborioso aparato refleja una construcción que se habrá de llamar 'Defensa ante sobrevivientes' o Elogio a 'Malthus' (9), para demostrar que “el mundo [...] es un infierno unánime para los perseguidos” (10). Ese manuscrito que ha llegado a ser una necesidad fundamental para el narrador se postula como espejo de una vida que por la palabra habrá de sacar a su creador del caos al que lo precipita la persecución, pero, que en realidad es el reflejo escrito del universo construido por Morel. Así a la duplicación de fenómenos naturales, a la coincidencia de vida y muerte que se alían imperturbables, se responde con la duplicación del paraíso desdoblado en el laberinto y abismo de la escritura.

El narrador se encuentra perplejo al oírse interminablemente escoltado por expansivos ecos, reduplicando su soledad. “Hay nueve cámaras iguales; otras cinco en un sótano más bajo[...]” (11) La multiplicación de cámaras simétricas reproduce multiplicado el sonido en un edificio destinado a almacenar la vida en el recuerdo fotografiado. Y el manuscrito del narrador asegura que las líneas que en él escribe "permanecerán invariables". El recuerdo se guardará en la fotografía y en el libro. La fotografía recogerá los instantes y los repetirá también “invariablemente” en la imagen reiterada que durante ocho días captó la vida y le devolvió su cuerpo (12) a la memoria. El manuscrito recoge la memoria del naufragio y repite de nuevo los mismos días transcritos por la palabra.

Sonido e imagen se sintetizan en la palabra escrita formando el tercer cuerpo de la memoria. Esta superposición de memorias recogidas por los diversos métodos señalados asegura la inmortalidad aparente de un eterno retorno de las imágenes a las que Morel pretendió conservar la vida sin advertir, como el narrador, “que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo”.

Morel ha logrado mediante su invento una imagen holográfica perfecta que engaña a los sentidos; los sentidos son conservados en la imagen, pero los cuerpos que se ofrecieron sin saberlo ante el obturador sacrificial de la cámara son calcinados en este extraño holocausto, un paroxista ritual de inmortalidad.

Descifrar el enigma es destruir el laberinto, penetrar, siguiendo paso a paso ciertas claves en su secreto y descubrirlo, es advertir que la civilización tecnológica le ha prestado a Morel, el constructor de los edificios, un recurso de eternidad. Inventando la inmortalidad de las imágenes mediante el artificio cinematográfico perfeccionado, Morel le devuelve al cuerpo una realidad que se reiterará indefinidamente en un reflejo polivalente de espejos.

Morel ha fotografiado la vida y la ha conservado en una isla desierta y el flujo y reflujo de las mareas asegura su perfecta conservación. El genio de Morel erige un monumento, un museo en el que vivirán eternamente algunos hombres y mujeres repitiendo eternamente sus mismas voces, sus mismos gestos, sus mismos olores, sus mismas miradas, en un simulacro donde la única inmortalidad posible es la de las imágenes en el celuloide. Morel ha retenido todos los utensilios de la humanidad y los ha encerrado en un inmenso sarcófago, reproductor incansable de la misma gesticulación, del ademán patético, mero simulacro que recrea la precaria realidad del mundo.

2.

Bioy Casares considera al texto como un homenaje al cine; homenaje, pero de aquellos que exaltan y cuestionan: en la nueva ecología de medios que el narrador describe, y que no ha hecho más que intensificarse desde la publicación de la novela, el mundo de las imágenes termina por cuestionar y suplantar al mundo real. La fascinación por la tecnología y la seducción de las imágenes devoran al narrador. Seducción y muerte: sugiere la novela, la tecnología y los medios de masa al individuo, ambivalentes promesas de modernidad para sociedades periféricas.

La certeza acerca de la realidad de los veraneantes irá siendo minada. Los hechos extraños que ocurren en torno a ellos dan pie a la duda: por un lado, son capaces de hacerse 'bruscamente presentes'; por otro, parecen no oír, ni ver, ni darse cuenta de la presencia del narrador. Además, sus palabras y movimientos se repiten de manera exacta cada ocho días. El narrador acumula pruebas que indican que su relación con ellos es como una entre 'seres en distintos planos'. Sospecha incluso que son de otra naturaleza.

Los intrusos aparecen de repente en la órbita visual del narrador y son, como “héroes del esnobismo” o “pensionistas de un manicomio”; sus apariciones inesperadas ponen en peligro su vida. “Sin espectadores –o soy el público previsto desde el comienzo– para ser originales cruzan el límite de incomodidad insoportable, desafían la muerte. Esto es verídico, no una invención de mi rencor [...]” (13) En los ojos del narrador se ha proyectado la memoria de Morel y su propia memoria de perseguido refleja sus movimientos interiores proyectándolos a su vez sobre los seres extraordinarios que parecen desafiar a la muerte y que en realidad viven en un verano ajeno al de la isla, es el verano de la fotografía del recuerdo, el verano de la memoria mecánica y enajenada. La memoria del narrador empieza a transformarse y yuxtapone el recuerdo del perseguido a la imagen del fantasma: “No sé, todavía, si contaban, efectivamente cuentos de fantasmas, o si los fantasmas aparecieron en la frase para anunciar que había ocurrido algo extraño (mi aparición)” (14).

Al jugar con el doble sentido de aparición que es apariencia pero también fantasma, el narrador se desdobla en el que mira a los fantasmas o apariciones (las imágenes de Morel) que lo persiguen y en el perseguidor del fantasma de Faustine. La mirada del narrador abarca a Faustine, pero la de ella prescinde de él “como si yo fuera invisible” (15). El cuerpo invisible de la joven proyectada como fantasma por la máquina de Morel vuelve invisible al narrador en el espejo de la memoria enajenada (16). La memoria que entra por los ojos, esa memoria que ha visto una mirada “aumentando el mundo” convertirá en imagen al narrador y al convertirlo en imagen desaparecerá su cuerpo quedando sólo su “aparición”, su “fantasma”, será invisible. Bioy Casares ha logrado encontrar una simbología nueva para cristalizar el viejo mito amoroso; el arquetipo platónico se inserta en una nueva forma de enunciar la metáfora “fabricada a imagen de las criaturas del tiempo” que el cinematógrafo ha preservado en su eternidad precaria.

Cuando el narrador inserta en la narración las páginas explicativas de Morel en torno a su invención, queda claro que los veraneantes son 'imágenes fotográficas', o mejor, hologramas tridimensionales. La tecnología es figurada como un artefacto capaz de dar muerte al individuo, y luego, de resucitarlo artificialmente y eternizarlo en su archivo de simulacros: por su fantasía sentimental de querer estar eternamente junto a una mujer que lo desdeña (17), Morel hace que Faustine y sus amigos mueran, y él muere con ellos. Esta proyección no sólo se extiende a los personajes sino al museo, a la piscina y a la capilla: un simulacro de realidad que amenaza las nociones mismas de 'identidad' y 'realidad' del narrador. De la mano de la tecnología, los medios de masa se irán apoderando del narrador.

La novela relaciona los medios de masa con la idea del archivo, y a ambos con la muerte y el más allá. Para Virilio el cine es, en el siglo XX, una industria fantasmal “en busca de nuevos vectores en el más allá”. La fotografía y el cine son archivos cuyo tema central es la supervivencia de los muertos. La invención de Morel enfoca su reflexión en estos archivos que no sólo contrarrestan ausencias, sino que las retienen. Gracias a la imagen fotográfica, lo que ya no está más persiste de algún modo. El narrador cree avizorar un futuro en que, gracias a aparatos más complejos, la vida será sólo 'un depósito de la muerte'. En otras palabras, la novela sugiere que la vida existirá para que exista el simulacro. No sólo eso: a la larga, no será posible diferenciar lo real de su simulacro: “Ignoro cuáles son las moscas verdaderas y las artificiales”, dice el narrador, anticipando la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (1968).

La novela da un paso más en su reflexión y cuando Morel sugiere que el archivo de imágenes y voces guarda un paralelismo con el destino de los hombres, cuestiona la noción de la realidad: “¿En dónde yacemos, como un disco de músicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer?” (18). El narrador, desde coordenadas kantianas alude a los límites del conocimiento y las condiciones de posibilidad de la experiencia, poniendo en cuestión la noción misma de identidad : “El hecho de que no podamos comprender nada fuera del tiempo y del espacio, tal vez esté sugiriendo que nuestra vida no sea apreciablemente distinta de la sobrevivencia a obtenerse con este aparato” (19). El espectáculo del eterno retorno de Faustine y sus amigos, le hace ver al narrador que su vida es “irreparablemente casual”. Rodeado de simulacros, él también se considera como ellos.

En este paraíso artificial, ¿qué le queda al narrador? Enamorado de un fantasma, de una mujer muerta, no le queda otra cosa, para estar junto a ella, que dejarse devorar por la pantalla y transformarse él mismo en simulacro. Con su seducción y muerte, y con su ingreso a la eternidad del archivo, la hegemonía de una nueva ecología de medios en la isla es completa. El triunfo de la ilusión del narrador es el fin de cualquier intento de escapar al triunfo final de la tecnología.

Notas:
(1) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981.

(2) Ibid
(3) VASQUEZ ROCCA, Adolfo, “Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro”

(4) VIRILIO, Paul, Estética de la desaparición, Editorial Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 1998.(5) SONTAG, Susan, On photography, Penguin Books, London, 1979
(6) Dennis Gabor, Físico húngaro, precursor de la holografía (1947), recibió por esto el Premio Nobel de Física en 1971. La invención se perfeccionó años más tarde con el desarrollo del láser, pues los hologramas de Gabor eran muy primitivos a causa de las precarias fuentes luz disponibles en su tiempo. Originalmente, Gabor sólo quería encontrar una manera para mejorar la resolución y definición de las imágenes del microscopio electrónico. Llamó a este proceso holografía, del griego "holos", que significa completo, ya que los hologramas mostraban un objeto completamente y no sólo una perspectiva. En realidad, los primeros hologramas que verdaderamente representaban un objeto tridimensional bien definido, fueron hechos por Emmett Leith y Juris Upatnieks en Estados Unidos en 1963 y por Yuri Denisyuk en la Unión Soviética.
(7) “Hombre mirando al sudeste”, Dirigida por Elíseo Subiela, realizada en 1986 por la productora Cinequanon, 105 minutos; estrenada el 2 de abril de 1987, en el cine Monumental (Buenos Aires, Argentina).(8) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 14
(9) Thomas Robert Malthus, economista inglés, precursor de la Demografía, conocido principalmente por su Ensayo sobre la población (1798), en el que expone el principio según el cual la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética. Así, llegará un punto en el que la población no encontrará recursos suficientes para su subsistencia (catástrofe malthusiana). Además, según Malthus, los recursos para la vida están limitados y, cuando se hayan agotado, la vida humana desaparecerá.
(10) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 14
(11) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, pp. 30-31(12) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 3ª edición, 1981, p. 25
(13) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Alianza editorial, Madrid, 1981.p. 39.
(14) Ibid pp. 59-60
(15) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, p. 43
(16) Uno de los antecedentes argentinos de La invención de Morel es “El vampiro”, de Horacio Quiroga. Un hombre se enamora de una estrella de cine y logra materializar su cuerpo. El fantasma corporificado de la actriz se convierte en el vampiro que extermina a su creador. En este sentido es interesante relacionar a los vampiros y a los espejos. Los espejos se ciegan para los vampiros pues nunca reflejan la imagen: son como Faustine que mira ciega al narrador.
(17) Sin embargo, la mujer no tiene ninguna posibilidad de ignorarlo significativamente.
(18) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, pp. 122 a 126
(19) BIOY CASARES, Adolfo, La invención de Morel, Emecé editores, Buenos Aires, p. 100

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DATOS PERSONALES
VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo

DOMICILIO
Valparaiso, Chile

CENTRO DE TRABAJO
Pontificia Universidad Católica de ValparaísoUniversidad Nacional Andrés Bello – UNAB

FORMACIÓN
-Licenciado en Filosofía, Universidad Católica de Valparaíso.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética
Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.

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17.9.06

HACIA LA DESCOLONIZACIÓN DE LA COLONIA

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Hacia la descolonización de la colonia.
Testimonio, crítica literaria y tradición ancilar latinoamericana

Por Eduardo Becerra 1


Eduardo Becerra, doctor en Filosofía y Letras (Filología Hispánica) por la Universidad Autónoma de Madrid.
Profesor Titular de Literatura Hispanoamericana del Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid, España.

Aunque el título de este encuentro nos invita a rastrear presencias de los periodos precolombino y colonial en la literatura hispanoamericana posterior, me he permitido recorrer un camino en cierto modo inverso: trataré de señalar cómo algunas circunstancias que se produjeron en el campo de la literatura y la crítica hispanoamericanas, digamos que entre los años setenta y noventa, abrieron la puerta a una mirada retrospectiva sobre esta tradición literaria, lo que tendría consecuencias muy significativas en el campo de los estudios literarios coloniales (entre otros).

Este proceso ha implicado a un buen número de actores y de fenómenos y sus efectos han sido de gran complejidad y diversidad; digo esto para adelantar desde el comienzo que el panorama que ofreceré a continuación será muy general y por ello irremediablemente modesto y esquemático.

En el prólogo de 1996 a los cuatro volúmenes recopilatorios de artículos críticos publicados por la Biblioteca Ayacucho bajo el título de Lectura crítica de la literatura americana
2, Saúl Sosnowski señalaba que, si hubiera que establecer un punto de partida de las transformaciones operadas en los últimos tiempos en el campo de la crítica, este habría de situarse en los años sesenta, momento en el que la revolución cubana provoca una politización de la actividad crítica que, entre otros efectos, llevará a una profunda revisión del canon.

Un poco más adelante, al destacar dos acontecimientos especialmente relevantes dentro de este campo en las últimas décadas, Sosnowski defiende, por un lado, el papel crucial jugado por la producción y la recepción de la literatura testimonial y, por otro, subraya la importancia adquirida por los estudios coloniales y el rastreo de su estamento fundacional dentro de la tradición hispanoamericana. Aunque el autor no vincule directamente ambas parcelas, mi intención en lo que sigue será mostrar las relaciones que guardan tales propuestas.

Un buen punto de partida para empezar a dibujar este cauce pueden ser algunos de los artículos que escribe Roberto Fernández Retamar en la década de los setenta, luego recogidos en su volumen Para una teoría de la literatura hispanoamericana
3. Si en el trabajo del mismo título, de 1972, destaca la condición neocolonial de toda tentativa por establecer un valor universal de la crítica y teoría literarias, tres años después, en el artículo «Algunos problemas teóricos de la literatura hispanoamericana», señalará la tradición ancilar como la verdadera línea central de la literatura de Hispanoamérica (y recurre para demostrarlo a los ejemplos de las crónicas, el ensayo y a discursos y géneros como la poesía conversacional).

El libro de Retamar encarna una tentativa por, según sus propias palabras, lograr una imprescindible descolonización de la crítica que ha de pasar por su politización; y en este último punto surge el testimonio como uno —39→ de los buques insignia de estas propuestas, ya que constituye un signo central de la literatura revolucionaria cubana.

Descolonización, a través de la defensa de una teoría conscientemente regional, y politización, mediante la recuperación de la autoconsciencia del carácter ancilar de la tradición de la que emerge esta literatura, se proponen así, según Retamar, como las nuevas pautas a seguir para la consecución de una expresión específicamente hispanoamericana también en el campo de la crítica literaria.

La irrupción y el auge de la escritura-testimonio podría haberse considerado como otro capítulo, más o menos significativo, en la historia literaria de Hispanoamérica. Pero su recepción crítica de inmediato condujo a otro tipo de planteamientos, digamos que más radicales. Esto se aprecia muy pronto, en 1978, en El cambio en la noción de literatura, de Carlos Rincón
4, que institucionaliza ya en la crítica hispanoamericanista una serie de lugares que vienen de los planteamientos de Fernández Retamar y que serán motivos recurrentes en discusiones posteriores.

Rincón reitera el papel transgresor del género testimonial y subraya su importancia como espacio textual que invita al replanteamiento de la tradición latinoamericana y que al tiempo evidencia la necesidad de un cambio de paradigma en los análisis literarios. Un cambio que tiene que ver con el abandono de la concepción esencialista e inmanentista de la literatura, otorgada por la ideología burguesa de la modernidad, con el fin de incorporar el análisis de los procesos sociales como parte del ejercicio crítico.

No se trata de volver a una sociología de la literatura al uso sino de reubicar los discursos literarios en el espectro general de los discursos sociales y culturales en su conjunto, sin ningún privilegio ni jerarquía. Para el crítico colombiano, las formas narrativas documentales son las que mejor dan respuesta a esta nueva situación y el testimonio surge así nuevamente como paradigma al concretar en su discurso una poética estrechamente vinculada con determinada praxis política.

Este libro insinúa ya las transformaciones que van a expresarse de manera más contundente a partir de la década de los ochenta respecto a la necesidad de una nueva manera de abordar los estudios literarios (si es que aún puede utilizarse tal adjetivo a estas alturas).

Las propuestas de Rincón implican el sacar a la literatura de la esfera de la representación y mediación simbólica para reintroducirla en la esfera de las prácticas sociales. El testimonio vuelve a surgir así como discurso ejemplar sobre todo frente a esa apoteosis de lo literario que encarnarían las obras de la llamada nueva novela de los sesenta o narrativa del boom.


En esta línea se inscriben las opiniones de Miguel Barnet en sus trabajos tempranos, que trataron de elaborar una de las primeras poéticas del género, como «La novela-testimonio: socioliteratura»5, donde carga contra la nueva novela y su emblema más conocido, el realismo mágico, y donde además titula uno de sus apartados con una pregunta muy reveladora del problema que venimos tratando: «¿Muerte de la ficción?». En esta pregunta se concitan los aspectos clave de la consagración del testimonio en el campo de la crítica y de la posibilidad de encontrar una vía de reinterpretación y recuperación de la literatura colonial desde nuevas perspectivas, como veremos un poco más adelante.

Cuando, en los ochenta, comienza el auge de los estudios sobre este género, en la mayor parte de los casos se insiste en lo que el testimonio supone de ruptura con las convenciones básicas de lo literario y en la relación directa de su discurso con la verdad. No hay tiempo para entrar en los debates y matizaciones que ha provocado esta caracterización. Me interesa a estas alturas simplemente resaltar esa vinculación y los caminos que abre en el terreno de cierta crítica hispanoamericanista. Si atendemos, por ejemplo, a la recopilación editada por René Jara y Hernán Vidal en 1986, Testimonio y literaturas
6, se aprecia de inmediato lo que vengo diciendo.

Ya en el prólogo, René Jara nos habla de cómo en el discurso testimonial encontramos la huella de lo real antes que su representación, y, en idéntico sentido, Renato Prada Oropeza en otro artículo insiste en la consideración de la enunciación testimonial como acto, afirmación que entronca con las conocidas reflexiones de Margaret Randall en las que defiende la narrativa testimonial como acción carente de cualquier tipo de ambición teórica, o de Hugo Achugar cuando defiende su función pragmática —40→ ejemplarizante
7, o de John Beverley cuando insiste en su condición extraliteraria y en la necesidad de mantenerlo fuera de los circuitos de la cultura letrada, puesto que el género testimonial «pone en tela de juicio la institución históricamente dada de la literatura como un aparato de dominación y enajenación. El deseo y la posibilidad de producir testimonios, la creciente popularidad del género quieren decir que hay experiencias vitales en el mundo hoy que no pueden ser representadas adecuadamente en las formas tradicionales de la literatura burguesa, que en cierto modo serían traicionadas por éstas»8.

Así, uno de los valores fundamentales del testimonio vendrá dado por esta exigencia de salirse fuera de la literatura (categoría que a estas alturas aparece marcada por su origen burgués y, añadiría, eurocéntrico y por ello neocolonial). En otro de sus artículos, Beverley insiste en esta idea al señalar cómo el testimonio nos invita a entrar al territorio de lo que él mismo define ya en los años noventa como post-literatura, idea que «sugiere no tanto la superación de la literatura como forma cultural sino una actitud más agnóstica ante ella. Como he señalado en otras ocasiones -continúa-, una de las lecciones que ofrece el testimonio es que hace falta leer hoy día no sólo "a contrapelo" como en la práctica de la deconstrucción académica, sino contra la literatura misma»
9.

Recopilando algunas de las ideas que se han ido exponiendo, este nuevo campo de juego crítico (que no es por supuesto el único) afirma asumir una postura descolonizadora, de marcado sesgo ideológico, y que parte de una idea de literatura considerada como una imposición colonial con la que es imprescindible romper. La sustitución de la noción de literatura por la de discurso, ya no marcado estéticamente ni implicado en una labor de representación o mediación simbólica, se asume como necesidad ineludible.


Al lado de todo ello, la recuperación de la idea de tradición hispanoamericana como tradición eminentemente ancilar acaba de apuntalar estos nuevos paradigmas. Lo más importante en estas nuevas posiciones digamos que «post-literarias» está en las posibilidades que ofrecen de reelaborar la propia tradición, incorporando nuevos materiales antes eludidos y atenuando la representatividad de muchos de los hitos de la literatura hispanoamericana canonizados por esa misma tradición. Por supuesto, la muy vigente discusión sobre el canon se encuentra en la trastienda de estos planteamientos, y a ella habrá que referirse.

Esta labor reinterpretativa, unida a la intención descolonizadora que la anima, se viene aplicando a parcelas muy diversas de la cultura de Hispanoamérica; no obstante, parece lógico que uno de los objetivos fundamentales que se plantee sea el de «descolonizar» aquellas épocas donde la producción cultural se encuentra más marcada por una situación de dependencia. La colonia surge así como un periodo ahora lleno de posibilidades y se cuestionan algunas propuestas (entre las que se encuentra, paradójicamente, la del propio Fernández Retamar) que proponían la exclusión del periodo colonial del campo de la tradición hispanoamericana por ese contexto de dependencia desde el que surge.


A partir de aquí, y a la hora de exponer las consecuencias de estos planteamientos en la recuperación y auge de los estudios coloniales desde nuevas perspectivas, no es fácil trazar un recorrido nítido del proceso, sólo trataré de mostrar algunas equivalencias que considero muy reveladoras.

Considero algo más que una casualidad que más o menos por las mismas fechas, la década de los ochenta, en que se consolidan estos postulados comience una recuperación crítica del periodo colonial desde nuevas posiciones. La vinculación directa entre tales procesos puede apreciarse en el artículo de Walter Mignolo «La lengua, la letra, el territorio (o la crisis de los estudios literarios coloniales)»
10, de 1986, que comienza destacando la toma de conciencia de la complejidad cultural de la colonia manifestada en una serie de estudios que comienzan a publicarse en esa década y que se sustentan en la recuperación de discursos sin valor estético previo con los que se pueden así superar «las restricciones impuestas por la noción de literatura».

Son los mismos años en los que comienzan a aparecer las tesis de Mabel Moraña y John Beverley sobre el barroco y las de Rolena Adorno sobre las nuevas perspectivas en los estudios coloniales y sobre el sujeto social criollo.

En todos estos análisis el punto de partida supone la puesta en marcha de nuevos paradigmas inscritos en el proceso que venimos analizando. Así, Rolena Adorno comienza su conocido artículo «Nuevas perspectivas en los estudios —41→ coloniales latinoamericanos» resaltando la necesidad de partir de la sustitución de la noción de literatura por la de discurso, con el fin de desligar los análisis del rango europeo o eurocéntrico de lo literario para abrirlos al dominio de la palabra y las voces no escuchadas que el discurso permite oír.


Mabel Moraña, por su parte, reivindicará en su relectura del barroco la obligación de atender a la dinámica socio-cultural de la colonia a la hora de establecer las singularidades del barroco de ultramar, línea seguida también por John Beverley en su artículo «Nuevas vacilaciones sobre el barroco»11.

En todos los casos, el objetivo es desligar la cultura colonial de la sombra de la metrópoli y rastrear aquellas presencias en las que es posible detectar una alteridad respecto a la hegemonía imperial capaz de trasladar el dilema de la identidad hispanoamericana a tiempos anteriores a la independencia. La colonia es así recuperada como un tiempo donde ya pueden rastrearse discursos de origen e identidad, para ello, sin embargo, es necesario que la literatura pase un tanto a un segundo plano, pues constituye en esa época un espacio de producción discursiva fuertemente controlado por los mecanismos de poder y hegemonía de esa ciudad letrada perfectamente dibujada por Ángel Rama.

El resultado inmediato es el de la ampliación del canon colonial (entre otros), en la forma en que lo propone, por ejemplo, Walter Mignolo en su artículo «Entre el canon y el corpus. Alternativas para los estudios literarios en y sobre América Latina». Mignolo propone la sustitución de la noción de canon («concebido en términos de estructuras simbólicas de poder y de hegemonía») por la de corpus («concebido en términos de estructuras simbólicas tanto de poder y hegemonía como de oposición y resistencia a través del espacio social») como objeto de estudio de la crítica. «De esta manera -continúa Mignolo- el campo de los estudios literarios se concibe más como un corpus heterogéneo de prácticas discursivas y artefactos culturales.
El hecho de que alguna de ellas o de ellos adquiere estatuto canónico es parte de la complejidad de fuerzas sociales en conflicto pero de ninguna manera un fenómeno que naturalmente define el campo de estudio y determina lo que es necesario celebrar. Habría muchos otros aspectos que destacar, entre ellos la fuerte presencia de la escritura femenina, las tradiciones orales y los productos culturales híbridos de la colonia; todos los cuales ayudan a comprender la fuerza de un corpus que, en los estudios literarios, había quedado oculto por una noción de literatura que identificaba el canon con el campo de estudios y que tenía en las historias de la literatura la expresión de su autoridad»12.

Esta larga cita expone los argumentos e implicaciones fundamentales de las nuevas propuestas y la posibilidad de su aplicación a un mundo colonial que deja de ser un espacio homogéneo, tal y como quiere ser reflejado por la autoridad que emana del canon, para convertirse en un ámbito lleno de fuerzas en pugna visibles en la fisonomía plural y antijerárquica del corpus.

No hay mucho tiempo ni espacio para hacer valoraciones exhaustivas y complejas de toda esta problemática. Una primera conclusión evidente es que desde tales presupuestos el análisis de la tradición hispanoamericana se enriquece al incorporar nuevos referentes y le dota de una mayor complejidad al tratar de esquivar posibles reduccionismos. Sólo por esta razón estos ejercicios críticos merecen ser atendidos y considerados.


Ello, sin embargo, no evita que, llevados al exceso, planteen problemas que en muchos casos son los mismos que aquellos que manifiestan querer eludir. Saúl Sosnowski, en el trabajo que citábamos al comienzo, advertía del peligro de sustituir un paradigma por otro, lo que convertiría a un proyecto que pretende ampliar y enriquecer la visión de lo literario en un ejercicio igualmente reductor e incluso autoritario. Algo de esto se percibe en algunas de las reflexiones de Mignolo en este último artículo.

En determinado momento, al comentar el libro de Serge Gruzinski La colonización de l'imaginaire. Sociétés indigènes et occidentalisation dans le Mexique espagnol XVI-XVII siècle (1988), señala: «Géneros discursivos no canónicos tienen un lugar fundamental en este libro.

Las relaciones geográficas, los títulos primordiales, testamentos y litigios de tierra despliegan un panorama de prácticas discursivas a través de fronteras culturales en los que se entrecruzan aspectos de colonización, de dominación, de resistencia que habían quedado ocultos al literaturólogo encandilado por las batallas de Ercilla, las delicias de Balbuena y las tretas de Sor Juana»
13. El que nos encandilen las batallas de Ercilla no ha de llevarnos necesariamente a cerrar los ojos al —42→ sentido imperialista que se desprende de su por otra parte extraordinario poema épico; tampoco la fascinación por la poesía de Sor Juana tiene por qué provocarnos un estadio hipnótico capaz de hacernos olvidar que, por ejemplo, su tratamiento del mito de Faetón nos pone en contacto también con «esos aspectos de colonización, de dominación y de resistencia» mencionados por Mignolo.

Las palabras del crítico, y las ideas generales que expone en su artículo, más que fomentar, como defiende en el mismo texto, el diálogo entre críticos literarios y antropólogos, etnohistoriadores e historiadores del arte, parecen privilegiar el hecho de que sean esas otras áreas de estudio las que mejor contribuyen al conocimiento de las culturas y parecen invitar también a la autoinmolación del crítico literario. El riesgo está en una posición demasiado exclusivista dentro de esa post-literatura de la que hablaba Beverley para, desde ella, más que invocar la cooperación de otras esferas culturales, se pretenda borrar casi por completo la presencia de lo literario.

La tentativa por descolonizar la producción colonial, sin que deba ser rechazada de antemano, no debe obviar la realidad de una cultura dependiente en muchos sectores de su producción literaria (lo que no la convierte de inmediato y sin más en mero reflejo de la literatura metropolitana) y en la que el peso de la ciudad letrada y de los mecanismos de control ideológico de los centros de poder fue incontestable.


Eludir esta realidad supone tener que rastrear en discursos que operan fuera de enormes áreas de la producción literaria colonial, lo cual no deja de plantear problemas de diverso signo. Además, en ocasiones puede distorsionar la visión de las propias obras literarias al abordar su análisis desde presupuestos ideológicamente muy condicionados de partida. Sólo tengo espacio para dar un ejemplo muy concreto que, en mi opinión, ilustra este problema y refleja también algunos efectos de la aplicación de los nuevos paradigmas de la crítica que he venido analizando a los textos de la colonia.

Dentro del muy debatido problema de la existencia o no de la novela colonial, una de las obras que mayores problemas plantea en cuanto a su condición ficcional es la de Los infortunios de Alonso Ramírez, de Carlos Sigüenza y Góngora. Curiosamente, la situación de enunciación del texto de Sigüenza y Góngora se mueve por parámetros muy similares a los de algunos textos testimoniales considerados prototípicos, como sería el caso de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet, o Me llamo Rigoberta Menchú. En estas obras los testimonios de Esteban Montejo y Rigoberta Menchú están marcados por la labor mediadora de Barnet y Elisabeth Burgos. Sin pretender una identificación total, el papel de Sigüenza y Góngora respecto al testimonio de Alonso Ramírez guarda no pocos paralelismos.

Esta doble autoría tiene, en mi opinión, unos efectos muy significativos en el texto, que tienen que ver (sin que ello suponga una consideración absolutamente novelesca) con la presencia de una construcción de rango ficcional de mayor grado que la de otros textos coloniales en prosa. Sin entrar en análisis profundos, resulta difícil negar que la reinterpretación, o reconstrucción, por parte del letrado Sigüenza y Góngora de los avatares de Alonso Ramírez provoca la inserción de la peripecia vital del personaje dentro del modelo ficcional canonizado de la picaresca.


Frente a esta impresión, si atendemos ahora a la lectura que hace Mabel Moraña de la obra en su artículo «Máscara autobiográfica y conciencia criolla en Infortunios de Alonso Ramírez, de Carlos Sigüenza y Góngora», podemos comprobar todo un ejercicio de deconstrucción de tales presupuestos. Este trabajo se sustenta en el análisis de la función del yo autobiográfico, tratando en todo momento de desligarlo de su posible adscripción picaresca para descubrir implicaciones y significados ideológicos que suponen la constatación de una conciencia social criolla cuestionadora de la ideología imperial.

Para demostrarlo, Moraña afirma que el modelo picaresco sólo funciona al comienzo (al abordar los orígenes familiares del personaje, supongo, pues no hace explícitas sus razones), para posteriormente someterse a un proceso de reinvención de tal modelo de carácter deslegitimador. Sin embargo, considero, sin entrar en mayores matizaciones, que el marco general del texto, según el cual el relato de Alonso Ramírez responde a la necesidad de justificar su situación y sus necesidades presentes, constata la presencia del modelo picaresco a lo largo de todo el relato (basta pensar —43→ en el modelo del Lazarillo de Tormes).


La negación de este rasgo resulta un paso previo necesario para Mabel Moraña a la hora de demostrar cómo «la utilización del yo tiene en el texto de Sigüenza y Góngora una importancia ideológica que nos remite a la dinámica social novohispana y que apunta a la constitución de lo que puede ya llamarse, a esta altura del siglo XVII, el discurso criollo»; su postulación -continúa más adelante- en función protagónica es la «instancia a partir de la cual la esfera privada se colectiviza, propiciando la socialización de la experiencia individual del personaje»14.

Para la autora, el yo de la obra, que parte de una oralidad rastreable en el texto, es un nosotros ideológico, y es en este punto, y en el de la subalternidad de Alonso Ramírez recordada una y otra vez por Moraña en su artículo, donde este planteamiento recuerda a perspectivas de análisis del género testimonial. Como nos recuerda Elzbieta Sklodowska en su excelente estudio Testimonio hispanoamericano.


Historia, teoría, poética15, uno de los lugares comunes de la crítica sobre el testimonio es la insistencia en la representatividad del personaje narrador, sea ésta social, étnica, política o todas a la vez, que con su voz conscientemente supera el cerco individual de la simple autobiografía para convertirse en portavoz de una colectividad. «El testimonio -señala Beverley- es principalmente una manera de dar voz y nombre a un pueblo anónimo»16. En el análisis de Moraña, el yo deja de ser una instancia literaria impuesta por la canonización picaresca para conformarse como portavoz de una identidad criolla de rango colectivo, por lo tanto creo que los paralelismos son más que evidentes. Al mismo tiempo, Moraña nos invita a desliteraturizar el texto para descolonizarlo y así convertirlo en expresión de signo identitario17.

Lo visto hasta aquí acerca de los nuevos paradigmas de cierta crítica hispanoamericanista, del papel del testimonio en estos cambios y de sus consecuencias para los estudios coloniales, esconde un problema de alcance más general. Salta a la vista que, en buena medida, los postulados de la nueva crítica buscan la reformulación de la identidad latinoamericana desde nuevos parámetros que insisten en cuestionar el papel demasiado relevante que se le asignó a la literatura en tal proceso.

A este respecto señala Beverley en el ya citado artículo de «Post-Literatura»: «El problema [...] es que seguimos sin embargo mirando a la literatura como si fuera el discurso verdaderamente formador de la identidad y posibilidad latinoamericanas [...]. La celebración que propone esta conferencia -señala más adelante- añade una dimensión más a esta postura: la idea no tanto de la literatura, sino de la crítica literaria como el discurso formador de una modernidad latinoamericana»
18.

Aunque luego matice algo este juicio, estas palabras reflejan con exactitud la situación paradójica de este proceso. Asumido el ejercicio crítico como un trabajo descolonizador que busca romper los sólidos muros de la autoridad de la ciudad letrada, el crítico académico (y por lo tanto habitante de esta ciudad con todos sus derechos y privilegios) se arroga (¿en un gesto autoritario?, me pregunto) la capacidad de conformar desde su ámbito los nuevos perfiles de la identidad latinoamericana. Pero hay una cosa más, sorprende también ver cómo en el ámbito de la literatura hispanoamericana del presente discurren en paralelo una literatura que busca obcecadamente desfundamentar el discurso identitario de las décadas pasadas y una crítica que se aferra a esa búsqueda desde nuevas perspectivas que precisamente conllevan el arrinconamiento de lo literario.


Para mí, en este punto, la literatura, como así ha ocurrido siempre, se anticipa a la crítica y construye una fisonomía del presente mucho más certera. De ahí que debamos preguntarnos: ¿para qué acabar con ella entonces?.-


Notas

1 Eduardo Becerra
Profesor Titular de Literatura HispanoamericanaDespacho 207 (Módulo IV bis, Fac. Filosofía y Letras).


Ha sido profesor invitado en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, Universidad Marie Curie Sklodowska (Lublin-Polonia), New York University en Madrid, Middlebury College en Madrid, Universidad de Almería y Carleton University (Ottawa-Canadá).

Libros:
Rubén Darío y su obra, Madrid, Editorial Eneida, 2000.
Pensar el lenguaje; escribir la escritura (experiencias de la narrativa hispanoamericana contemporánea), Universidad Autónoma de Madrid, 1995.
La narrativa hispanoamericana: sueño y despertar de América, en Teodosio Fernández, Selena Millares y Eduardo Becerra, Historia de la literatura hispanoamericana, Madrid, Editorial Universitas, 1995, pp. 280-400.

Ediciones:
Desafíos de la ficción, de Jorge Volpi, Andrés Ibáñez, Carlos Cortés, Edmundo Paz Soldán, Rafael Courtoisie, Pablo De Santis y Marcelo Birmajer, Alicante, Cuadernos de América sin Nombre, 2002.
Farabeuf, de Salvador Elizondo, Madrid, Editorial Cátedra, 2000
Líneas aéreas (guía de la nueva narrativa hispanoamericana), Madrid, Editorial Lengua de Trapo, 1999
Poemas escogidos, de Rubén Darío, Madrid, Editorial McGraw-Hill, 1997
Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri, Madrid, Editorial Anaya & Muchnik, 1995.

Capítulos de libro:
Trinidad Barrera (coord.), “Proceso de la novela hispanoamericana contemporánea. Del llamado regionalismo a la supuesta nueva novela 1910-1975”, Historia de la literatura hispanoamericana, Editorial Cátedra, Madrid (en prensa).
Trinidad Barrera (coord.), “Apuntes para una historia del cuento hispanoamericano contemporáneo”, Historia de la literatura hispanoamericana, Editorial Cátedra, Madrid (en prensa).
Trinidad Barrera (coord.), “Arturo Uslar Pietri y el realismo mágico”, Historia de la literatura hispanoamericana, Editorial Cátedra, Madrid, (en prensa).
Daniel Mesa (coord.), “La traición en el filo entre narración y experiencia: acerca de la obra cuentística de Ricardo Piglia” (en colaboración con Virginia Rodríguez Cerdá), Ricardo Piglia. El nuevo arte de la sospecha, Universidad de Sevilla, Sevilla (en prensa)
Carmen Valcárcel (coord.), “Mujer, género y escritura: nuevos paradigmas y algunas interrogantes”, Actas del congreso Género y géneros. Escritura y escritoras Iberoamericanas (Madrid, 25-28 de mayo de 2004), (en prensa).
“El cuento argentino actual: algunas propuestas”, Escritores sin patria: la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX, Jornadas de Estudio en Honor de Daniel Moyano, Nobel-Ediuno, Oviedo, 2006, pp. 291-301.
“Visita al Territorio de La Mancha”, En cuarentena. Nuevos narradores y nuevos críticos a principios del siglo XXI, Murcia, Universidad de Murcia, 2004, pp. 151-163.
“Narradores cubanos del exterior: Severo Sarduy, Cabrera Infante y Reinaldo Arenas”, Joaquín Roses (ed.), Literatura cubana del siglo XX: lo que se ganó, Diputación de Córdoba, 2004, pp. 107-119.
“Viajes sin islas: la aventura de la desventura en la narrativa hispanoamericana reciente”, La Isla Posible, Universidad de Alicante, 2000.
“La narrativa de Mayra Montero en el contexto de la escritura femenina hispanoamericana”, Literatura de las Américas 1898-1998, Universidad de León, 2000, 2 vols., vol. II, pp. 639-647.
“Del instante al lugar: Octavio Paz y el surrealismo”, Literatura Iberoamericana en el 2000. Balances, perspectivas y prospectivas, Universidad de Salamanca, 2003, pp. 1728-1739.
“Inventario de quimeras y pánicos: la última poesía de Mario Benedetti”, Inventario cómplice, Universidad de Alicante, 1998, pp. 277-285.
“El Rubén Darío de sus antologías”, en Trinidad Barrera (ed.), Modernismo y modernidad en el ámbito hispánico, Universidad de Sevilla, 1998.
“Una hipótesis sobre narrativa hispanoamericana de los noventa, basada en historias argentinas y viejos que leen novelas de amor”; Narrativa y Poesía Hispanoamericana (1964-1994), Universidad de Lleida, 1996, pp. 109-120.

Artículos:
­­­­­“Yo el Supremo: escrituras del poder, poderes de la escritura”.

“Hacia la descolonización de la colonia. Testimonio, crítica literaria y tradición ancilar latinoamericana”, América sin nombre, Universidad de Alicante, 5-6, 2004, pp. 38-43.
“Augusto Monterroso y Cervantes: elogio y defensa de la lectura”.

“Consideraciones sobre la ficción breve a partir de la obra de Juan José Arreola”.

“Recepción de la narrativa hispanoamericana en España. Un nuevo horizonte de lectura”, Letras Libres (España), nº 2, 2002, pp. 34-37.
“Del idealismo a la utopía: el pensamiento hispanoamericano tras el 98”, Anales de literatura Hispanoamericana (Homenaje a Luis Sainz de Medrano), 28 vol. I, 1999, pp. 103-110.
“Vigencia de Rulfo: El llano en llamas, a las puertas de Comala”, Arrabal, nº 1, 1998; pp. 221-226.
“La poesía uruguaya del siglo XX” (estudio y antología), Susana y los viejos, nº 1-2, 1997, pp. 371-437.
“Escribir (con) el cuerpo: en torno a Elizondo, Paz y Sarduy”; Guaraguao (Revista de cultura latinoamericana), año 2, nº 4, 1997; pp. 20-48.
“El Mono Gramático de Octavio Paz: convocar una ausencia, interrogar un vacío”; Cuadernos Hispanoamericanos, número 525, mayo 1994; pp. 33-44.
“Borges y Elizondo: la literatura hacia el desenmascaramiento de la realidad”; Cuadernos para la Investigación de la Literatura Hispánica, número 19, 1994; pp. 255-264.
“Santa María de Onetti: autodestrucción y ficción literaria”; Anales de Literatura Hispanoamericana, número 20, 1991; pp. 219-241.

Actualmente dirige el Máster de Edición UAM-Edelvives: Taller de Libros: concepción, desarrollo y realización de proyectos editoriales
. Es codirector de la colección Semblanzas, de la Editorial Eneida, y entre 1999 y 2003 desempeñó el cargo de director de la Serie Hispanoamérica de la colección Nueva Biblioteca de la Editorial Lengua de Trapo (España). Es colaborador de las revistas Quimera y Letras Libres y de la Enciclopedia Cervantina, en la que está encargado de la redacción de entradas sobre Literatura Hispanoamericana.-

2
Saúl Sosnowski, «Cartografía y crítica de las letras americanas», introducción a Lectura crítica de la literatura americana, Caracas, Ayacucho, 1996 (4 vols.), vol. I, págs. IX-LXXXVIII.

3
Roberto Fernández Retamar, Para una teoría de la literatura hispanoamericana y otras aproximaciones, La Habana, Casa de las Américas, 1975.

4
Carlos Rincón, El cambio en la noción de literatura, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1978.

5
Miguel Barnet, «La novela-testimonio: socioliteratura», en La fuente viva, La Habana, Letras Cubanas, 1983, págs. 12-42.

6
René Jara y Hernán Vidal (eds.), Testimonio y literatura, Institute for the Study of Ideologies and Literature, Minneapolis, 1986.

7
Renato Prado Oropeza, «De lo testimonial al testimonio. Notas para un deslinde del discurso-testimonio», en René Jara y Hernán Vidal, ob. cit.; Margaret Randall, «¿Qué es y cómo se hace un testimonio?», en John Beverley, y Hugo Achugar (eds.), La voz del otro: Testimonio, subalternidad y verdad narrativa, Lima-Pittsburgh: Latinoamericana Editores, 1992; Hugo Achugar, «Literatura / literaturas y la nueva producción literaria latinoamericana», Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 15, 29, 1989, págs. 153-165.

8
John Beverley, «Anatomía del testimonio», Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 13-25, 1987, págs. 7-16 (pág. 15).

9
John Beverley, «Post-Literatura», Nuevo Texto Crítico, 7, 14-15, 1994-1995, págs. 385-400 (pág. 398).

10
Walter Mignolo, en «La lengua, la letra, el territorio (o la crisis de los estudios literarios coloniales)» en Saúl Sosnowski (comp.), op. cit., págs. 3-29.-


Fuente: Centro Virtual Cervantes
Universidad de Alicante, 5-6, 2004, pp.38-43

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16.8.06

TEORÍA ÉTICA DE LÉVINAS

Emmanuel Lévinas


Por Paula Gil Jiménez
Paula Gil Jiménez es estudiante de cuarto de Filosofí­a en la Universidad de Valencia, España.


Introducción

" Soy totalmente solo; así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi existir, es lo que constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad ni relación. Todo se puede intercambiar entre los seres, salvo el existir ".1

Posiblemente esta idea, defendida por Lévinas, fue una de las causas por las que el filósofo de Kaunas decidió lanzarse a la búsqueda de una nueva filosofía, discrepando, de este modo, de su maestro Husserl.2

La obra de Emmanuel Lévinas (1905- 1995) podemos dividirla en dos períodos. En un primer momento, influyeron sobre ella dos grandes filósofos, a saber, Husserl y Heidegger. Debemos recordar que Lévinas coincidió con ellos en Estrasburgo, alrededor del 1927, cuando éste se trasladó hasta allí para estudiar filosofía. La deuda de Lévinas a Husserl y Heidegger se hace patente en sus tres primeras publicaciones importantes: La teoría de la intuición en la fenomenología de Husserl (1930), De la existencia al existente (1947) y Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger (1949).

No obstante, a pesar de la influencia que habían tenido sobre él estos filósofos, Lévinas tomará una nueva dirección, abandonando, de este modo, el camino que había tomado hasta el momento. Así, en un segundo período proclamará a la ética como la filosofía primera, rechazando la prioridad que filósofos, como los arriba mencionados, le habían otorgado a la ontología. Este cambio de postura fue la causa de que la filosofía levinasiana se haya convertido en algo fundamental para todos aquellos que niegan la primacía de la ontología, es decir, para todos aquellos que niegan que lo más importante es el ser y, por el contrario defienden la alteridad, la primacía del otro; en resumen, para todos aquellos que sostienen que la ética es superior al saber.

Por desgracia, en nuestros días, el mensaje de Lévinas parece que ha permanecido en el recuerdo de unos pocos, y que la gran mayoría se hayan inclinado por aquello que defendía Hegel: Todo lo importante toma la forma de guerra [...] Un verdadero Estado requiere una división de clases en ricas y pobres [...] La guerra tiene un valor moral positivo.3

Pero, en fin, no vamos a discutir ahora sobre esto, ya que responde a una opinión propia, por ello, pasemos sin más preámbulos a sintetizar el pensamiento de Lévinas que es de lo que trata el presente trabajo.

Decir lo indecible
Para entender la obra de Lévinas hemos de conocer, en primer lugar, algunos sucesos importantes que marcaron la vida de nuestro autor. Lévinas nació en 1905 en Kaunas (Lituania) en el seno de una familia judía y burguesa. En 1914 se vieron obligados a emigrar a causa de la Primera Guerra Mundial, instalándose en Karkhov (Ucrania) donde vivieron la revolución bolchevique. Su experiencia de la vida se arraigó, por una parte, en la conciencia de un pueblo que había padecido las barbaries nazis y se manifestó, por otra parte, dentro del pensamiento francés, sin despreciar por eso la fenomenología alemana.

En 1931, tras haber conocido a Heidegger y Husserl, se nacionalizó francés, gracias a lo cual se salvó del trato que recibieron otros judíos en el campo de concentración en Hannover, en el que fue recluido en 1940. Sin embargo, su familia que habitaba en Lituania no tuvo la misma suerte y fue masacrada por los nazis. Por este hecho, Lévinas rompió la relación que mantenía con Heidegger, por la cercanía de éste al nazismo.

En estas experiencias hallaría la fórmula de una nueva filosofía, la cual encumbraría a la persona, dejando en un segundo plano al "ser". Así, durante los años 50, Lévinas comenzó a crear una filosofía altamente original, dejando a un lado la ontología y preocupándose por la ética.

Pero, ¿cuál fue el motivo por el que nuestro autor decidió independizarse de su maestro e iniciarse en una nueva búsqueda? ¿Por qué puso en duda la primacía de la ontología? En resumen, ¿por qué la ética como filosofía primera? Estas son las cuestiones a las que intentaremos responder de un modo sistemático a continuación.

El término filosofía desde Sócrates había adquirido, según Lévinas, un significado erróneo. Se había identificado a la filosofía con el amor a la sabiduría. Occidente había creado una filosofía preocupada por el ser (la esencia) y había ignorado al ente (al sujeto). Se había olvidado de la diferencia, de los sentimientos. Sin embargo, nuestro autor, al igual que harían filósofos como Heidegger y Nietzsche, advirtió que a causa de esta filosofía habíamos conseguido más aspectos negativos que positivos, ya que nos había conducido a una sociedad en la cual lo más importante era el ser, el ego cartesiano, el ensimismamiento; es decir, a consecuencia de esta idea habíamos creado un mundo en el que habíamos olvidado factores imprescindibles de la persona, como son las pasiones y los sentimientos, o aspectos básicos de carácter ético por los que podemos hablar realmente de persona, como el decir "los buenos días".

Lévinas observó que la base de la violencia era el interés, ya que resulta imposible el poder afirmarnos todos, por ello advirtió que este inter-és debíamos convertirlo en des-inter-és, es decir, debíamos de ponernos en el lugar del otro sin esperar nada a cambio. Debíamos, por consiguiente, surgir del ego cartesiano y ver más allá de nosotros mismos; aceptar que somos, tal y como señalaba Aristóteles en su Política, animales cívicos; aceptar que a mi lado se encuentra el Otro, gracias al cual soy yo quien soy.

Con esto, Lévinas subrayaba la idea de alteridad, rechazando de este modo lo anunciado por la ontología. Ésta se caracterizaba por reducir a lo Mismo todo lo que se oponía a ella como Otro. El conocimiento representaba, así, una estrategia de apropiación, de dominación. Por el contrario, el filósofo de Kaunas, inspirándose en la tradición hebrea, buscó otro modo de pensar esta relación, ya que, como él señalaba, no somos tan sólo hijos de los griegos sino también de la Biblia.4

La filosofía occidental había mirado hasta el momento únicamente a Grecia, olvidándose de Jerusalén. Tras este olvido, Lévinas propondrá pensar de nuevo la filosofía entendiendo a ésta no ya como amor a la sabiduría, sino a la inversa, como la sabiduría que nace del amor. Pues lo que define al ser humano no es el ser, tampoco el interés, sino el desinterés. Por ello, hemos de tomar distancia del cogito, del sistema y de lo lógico, pues estos tres términos son los que habían caracterizado al pensamiento occidental hasta el momento, y crear una filosofía de la diferencia ya que lo importante no es el ser, lo concreto, sino la diferencia.

Es por esto por lo que debemos preocuparnos por el otro y no verlo como alguien enfrentado ya que, al fin y al cabo, hay yo porque hay responsabilidad, pues el yo es el resultado de que alguien nos haya cuidado. Y gracias a esto podemos sentirnos insustituibles, porque detrás de mí hay otros que no son yo.

Fue así como Lévinas propuso un humanismo del otro hombre, del hombre que se responsabiliza y responde totalmente por el otro: Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que yo hago5.

Así pasamos, con Lévinas, de un yo cerrado (ego cartesiano) a un yo abierto, ya que la filosofía a partir de ahora no empezará en el yo, sino en el Otro. Pues, ¿cuándo soy yo? Cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada.

Podemos sustituir, de esta manera el "pienso, luego soy", que enunciaba Descartes, por "soy amado, soy nombrado, luego soy".

Pero, ¿quién es el Otro? El Otro no es otro con una alteridad relativa como, en una comparación, las especies, aunque sean últimas, se excluyen recíprocamente, pero se sitúan en la comunidad de un género, se excluyen por su definición, pero se acercan recíprocamente por esta exclusión a través de la comunidad de su género. La alteridad del Otro no depende de una cualidad que lo distinguiría del yo, porque una distinción de esta naturaleza implicaría precisamente entre nosotros esta comunidad de género que anula ya la alteridad.6

El Otro representa la presencia de un ser que no entra en la esfera del Mismo, presencia que lo desborda, fija su "jerarquía" de infinito7.

Es decir, el Otro responde a aquello que no soy yo, a aquello que es anterior a mí y, gracias a lo cual yo soy quien soy.

Pero la relación que se establece entre el Yo y el Otro, no se da en términos de reciprocidad como el Yo-Tú de Buber, donde ambos están en posición de igualdad. Tampoco en la relación Yo-Otro puede entenderse al otro como otro yo, ni siquiera como una relación cognoscitiva. En la relación Yo-Otro de la que nos habla Lévinas, el yo llega siempre con retraso, éste se nos presenta como algo infinito. La autonomía del yo, su principio de individualidad es de algún modo consecuente y también posterior a la configuración del otro.

Sin embargo, la relación con el otro se hace más evidente a través de elementos como la proximidad, la responsabilidad y la sustitución. La cercanía hacia el otro no es para conocerlo, por tanto no es una relación cognoscitiva, sino una relación de tipo meramente ético, en el sentido de que el Otro me afecta y me importa, por lo que me exige que me encargue de él, incluso antes de que yo lo elija. Por tanto, no podemos guardar distancia con el otro. Por otro lado, ante la exigencia del otro de que me encargue de él, yo no puedo escaparme. El sujeto está llamado a responder del Otro, hasta de su propia responsabilidad.

De este modo, mi yo queda sustituido por el Otro, por lo que el Otro se impone como límite de mi propia libertad.8

Lévinas identificará al Otro con las figuras del huérfano, el extranjero y la viuda, con las cuales estoy obligado. A este Otro no lo determino a partir de ser ni a partir del conocimiento, sino que él permanece intacto en su alteridad, es absoluto. Lo único que me queda es acogerlo como infinito y trascendente, responsabilizarme de sus necesidades.

Según el filósofo de Kaunas la ética no se va a basar en el ser, sino en la relación, ya que cada uno de nosotros será la suma de las relaciones que tenga, por ello, hemos de responsabilizarnos de estas tres figuras, ya que están faltas de una relación muy importante. Así, de acuerdo con Lévinas, el punto de partida del pensamiento filosófico no ha de ser el conocimiento, sino el reconocimiento, pues a través de los otros me veo a mí mismo.

Esto conducirá a nuestro autor a sustituir las categorías tradicionales por otras nuevas como la mirada o el rostro: La mejor manera de encontrar al rostro es la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos. La piel del rostro es la que está más desprotegida, más desnuda. Hay en el rostro una pobreza esencial. Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos poses, conteniéndonos. Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe matar 9.

El rostro del otro me ordena el: "¡No matarás!", pero este mandato ha de ser entendido como el hecho de no reducir la alteridad desnuda y, por tanto, vulnerable, a la mismidad.

Es decir, alude a elementos como el prójimo, el decir los buenos días; ya que al despreocuparme del otro lo estoy matando, pues ¿quién soy yo si nadie me nombra, si nadie me saluda? De este modo, el "No matarás" equivaldría a decir: "¡No te despreocuparás del Otro!"

La relación cara-a-cara será fundamental para Lévinas. Ésta tiene la característica de constituirse como asimétrica, pues el Otro se me aparece en una dimensión superior al mandarme, se me aparece como algo infinito, tal y como señalábamos anteriormente. Como consecuencia de la primacía que le da a esta relación, le otorgará más importancia al decir que a lo dicho, pues el decir pertenece al ámbito de la expresión, al momento anterior de las palabras, de los signos o de cualquier otro elemento del lenguaje. El decir responde al momento ético, que es lo que realmente interesa a Lévinas: La experiencia absoluta no es develamiento, sino revelación: coincidencia de lo expresado y de aquel que expresa, manifestación, por eso mismo, privilegiada del Otro, manifestación de un rostro más allá de la forma. La forma que traiciona incesantemente su manifestación aliena la exterioridad del Otro. El rostro habla. La manifestación del rostro es ya discurso 10.

Lévinas se opondrá así a la ciencia y a la tecnología porque se preguntan por la verdad, son ontológicas y, él quiere cambiar esto proponiéndonos que en lugar de preguntarnos por la verdad nos preocupemos por el prójimo. ¿Por qué? Porque la crisis europea en la que nos encontramos, según Lévinas, es explicable desde una extraña paradoja, pues, a pesar de las excelencias de las que presume la civilización tecnológica, a pesar de los ideales de libertad y de verdad que constituyen nuestra identidad, nos vemos obligados a convivir con un olvido. Es como si hubiésemos olvidado dar los "buenos días", como si el amor a la verdad nos hubiese hecho olvidar el amor al prójimo. Nos hemos zambullido tanto en la complejidad del cogito que hemos olvidado la sencillez de los "buenos días". Hemos otorgado tanta importancia a la verdad que hemos olvidado los límites impuestos: No matarás.11

De este modo, tal y como señala nuestro autor, la magnífica ciencia producto de esta civilización mediterránea, que a su vez surgió de la búsqueda de la verdad, desemboca en amenazas apocalípticas y en la negación de este ser en tanto que ser. Civilización en que la razón, originalmente soberana, conduce a la posibilidad de la guerra nuclear.12

Por este motivo, Lévinas propondrá que la filosofía primera ha de ser una ética13. Ésta encuentra su fundamento en el encuentro cara-a-cara con el otro, donde el sujeto es responsable del otro incluso antes de ser consciente de su propia existencia.

Sin embargo, el filósofo de Kaunas reconoce que no es todo tan sencillo pues, no sólo estamos yo y el Otro, sino que también existe un tercero por el que se condicionan las leyes y se instaura la justicia. Esto se debe, según Lévinas, a la multiplicidad de hombres, a la presencia del tercero al lado del Otro.14

Y es que, si bien es cierto que no somos sólo hijos de los griegos, también es cierto que tampoco somos sólo hijos de la Biblia: No somos tan sólo hijos de la Biblia, sino también hijos de los griegos. Para comparar a los otros es necesario que alguien juzgue, para juzgar hace falta una institución y, para que haya una institución se requiere un Estado.

La justicia del Estado es una mengua de la caridad y no, como creía Hobbes, una atenuación del hecho de que el hombre es un lobo para el hombre.15

Vemos cómo la ética levinasiana es también una ética de la justicia pues, queramos o no, estamos obligados a juzgar, a emitir juicios, a comparar. Por ello, para convivir se hace imprescindible la presencia de un Estado que nos garantice seguridad, aunque esto nos prive de una parte de nuestra libertad.

Lévinas advertirá que el Estado deberá ser democrático ya que, en un Estado fiel a la justicia existe la preocupación constante de revisar la ley.16 Así, al tener el mismo peso el Estado y los ciudadanos en una democracia, éstos podrían cambiar poco a poco las leyes e introducir términos como los de caridad y solidaridad en ellas, ya que lo que le exigimos a la justicia no es que sea solidaria sino que sea justa. Es por lo que Lévinas hablará (al igual que Ricoeur en su obra: Amor y justicia) de una subordinación de la justicia y del Estado a la idea de caridad, responsabilizando así a los ciudadanos de suavizar la dureza de las leyes.

En resumen, la ética levinasiana nos advierte que no sólo somos hijos de los griegos, sino también de la Biblia, de hecho a la pregunta ¿qué es Europa? Lévinas responde: Europa es la Biblia de los griegos.17

Esto implica que hemos de suavizar las leyes, la lógica, la ciencia, es decir, todos aquellos elementos que habíamos recibido de Grecia, sirviéndonos para ello de los principios de caridad, solidaridad, projimidad, etc. que nos otorgó Jerusalén, los cuales habían sido olvidados tras la búsqueda insaciable de la verdad.

De este modo, Lévinas rompe con el esquema sujeto-objeto que había sostenido la metafísica de la filosofía occidental, y construye un nuevo esquema: yo-otro, en el que hay una descentralización del yo y de la conciencia en cuanto que yo me debo al otro y es el otro quien constituye mi yo. Se abre así la posibilidad de acceso a una verdadera trascendencia. Trascendencia que significa no el dominio del otro sino el respeto al otro y, donde el punto de partida para pensar no es ya el ser sino el otro.

En este contexto, aparece la ética como la única vía para la salida del ser, es decir, Lévinas considera que la ética es la filosofía primera ya que, nos permite pensar en el Otro; pensamiento que resultaba imposible mediante la ontología.

Bibliografía:
LÉVINAS, E., Totalidad e infinito. Salamanca, Ed. Sígueme, 1977.
LÉVINAS, E., Ética e infinito. Madrid, Ed. A. Machado Libros, S.A., 2000.
LÉVINAS, E., La ética. Madrid, Ed. Pablo Iglesias, 1990.
LÉVINAS, E., "Somos hijos de la Biblia y de los griegos", El País, 13-VI-89, pág.39, entrevista con J. Méndez.
RUSSEL, B., Historia de la filosofía. Barcelona, RBA Coleccionables, S.A., 2005.
FERRATER, J., Diccionario de filosofía. Barcelona, RBA Coleccionables, S.A., 2005.

1 Emmanuel Lévinas. Ética e infinito. Madrid, A. Machado Libros, S.A., 2000 Págs.53 y 54
2 Lévinas rechaza la versión de la fenomenología defendida por Husserl en la que el sujeto se constituye en agente donador de sentido, pues, para él, el sujeto no es ni siquiera alguien constituido, sino que el sujeto se constituye en la medida en que entra en relación con el Otro. El Otro es siempre anterior a mí.
3 RUSSELL, B. Historia de la filosofía. Barcelona, RBA Coleccionables, S.A., 2005. Págs. 793 y 796
4 LÉVINAS. "Somos hijos de la Biblia y de los griegos", El País, 13-VI-89, pág.39, entrevista con J. Méndez.
5 LÉVINAS. Ética e infinito. Madrid, A. Machado Libros, S.A., 2000. Pág.80
6 LÉVINAS. Totalidad e infinito. Salamanca, Ed. Sígueme, 1977. Pág. 207
7 Ibidem. Pág. 209
8 Renaut criticará a Lévinas por esto ya que, al definir al sujeto como responsabilidad antes que intencionalidad, el sujeto se reduce a un rehén del Otro, pues sólo con la responsabilidad el sujeto se convierte en pasivo. Del mismo modo criticará la omisión que hace Lévinas de la autonomía, ya que al ser tan responsable del Otro me convierto en alguien irresponsable conmigo mismo.
9 LÉVINAS. Ética e infinito. Págs. 71 y 72.
10 LÉVINAS. Totalidad e infinito. Pág.89
11 Véase: LÉVINAS. La ética. Madrid, Ed Pablo Iglesias, 1990.
12 Íbidem. Pág.6
13 LÉVINAS. Ética e infinito. Pág.65
14 Ibidem. Pág.75
15 LÉVINAS. La ética. Pág. 13
16 Ibidem. Pág. 14
17 Ibidem. Pág.14

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BIOGRAFIA DE EMMANUEL LÉVINAS:
El 12 de enero de 1906, según el calendario gregoriano, 30 de diciembre de 1905 según el juliano, Emmanuel Lévinas nace náce en Kaunas una ciudad de Lituania, - país en el que según Lévinas el judaísmo conoció el desenvolvimiento espiritual mas elevado de Europa - en el seno de una familia judía y burguesa lo que marcará profundamente su obra.


Desde pequeño aprende el hebreo y estudia el talmud. Hijo de Jehiel Lévinas y de Débora Gurvic, es el mayor de tres hermanos: Boris (1909) y Aminadab (1913) se encuentra entre los grandes pensadores del siglo veinte. Su pensamiento interpela tanto a los filósofos como a los teólogos.

Los autores rusos como Gogol, Lermontov, Tolstoy y sobre todo Dostoiévsky con sus temáticas éticas y metafísicas despiertan un gran interés en el. En 1914 emigran como causa de la primera guerra mundial, instalándose en Karkhov, Ucrania donde vive la revolución bolchevique que avanza por toda esa región. Su experiencia de la vida se arraiga, por una parte, en la conciencia de un pueblo que ha padecido las barbaries nazis y se manifiesta, por otra parte, dentro del pensamiento francés, sin despreciar por eso la fenomenología alemana.

En el año de 1920 Regresa a Lituania, donde su padre abre una librería, y allí recibe la enseñanza media, tres años más tarde se traslada a Estrasburgo (Francia), donde estudia filosofía con Blondel hasta el año de 1927. Por esa epoca conoce a Blanchot. Durante su estada en Friburgo cursa filosofía con Heiddeger y Husserl, asistiendo en Davos al encuentro entre Heiddeger y Cassirier sobre Kant. Publica su tesis de doctorado del tercer ciclo de estudios con el título de ?Teoría de la intuición en la Fenomenología de Husserl? en el año de 1930, recibiendo un Premio por el Instituto de Francia, en el mismo año se casa con Margarita Levi. Se nacionaliza francés en 1931 y durante 1931-32 asiste a los encuentros filosóficos de los sábados en casa de Gabriel Marcel, y es uno de los primeros colaboradores de la revista Esprit, fundada por Mounier.

Traduce al francés con G.Peiffer, ?Las Meditaciones Cartesianas? de Husserl, Husserl y la fenomenología. "Revue d?Allemagne et de pays de langue allemande " 5, 43 (1931) 402-14.- 1932 Heidegger y la ontología , "Revue philosophique de la France et de l?etranger" 113, 5-6 (1932) 395-431 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger ].

Posteriormente, rompe definitivamente con Heiddeguer a quién no perdonará nunca su cercanía al nazismo. Nace su hija Simona en 1935.Otras publicaciones suyas entre los años 1934/39 son las siguientes:

-Algunas reflexiones sobre la filosofía del hitlerismo en Esprit, " 2, 26 (1934) 199-208
-Reseña de "L. Lavelle: La presence total". "Recherches philosophiques" 4 (1934-5) 392-5
-De la evasión . "Recherches philosophiques" 5 (1935/6) 373-92. Reeditado como libro, con introducción y notas de J. Rolland: De La Evación. Fata Morgana, Montpellier 1982
-La actualidad de Maimónides. "Paix et droit" 15, 4 (1935) 6-7
-La inspiración religiosa de la Alianza . "Paix et droit" 15, 8 (1935) 4
-1936 Una historia de la Escuela Normal Israelita Oriental . "Paix et droit" 16, 3 (1936) 10-2
-Fraternizar sin convertirse . "Paix et droit" 16, 8 (1936) 12 -1937 Carta a Jean Wahl . "Bulletin de la societe franciase de philosophie" 37 (1937) 194-5
-Reseña de "Chestov, L.: Kierkegaard et la philosophie existencielle". "Revue des etudes juives" 2 (1937) 139-41
-1938 La esencia espiritual y el antisemitismo (según Maritain) ."Paix et droit" 18, 5 (1938) 3-4
-A propósito de la muerte del papa Pío XI ."Paix et droit" 19, 3 (1939) 3.

En su permanencia en Francia se dedica entusiastamente a la administración de la Alianza israelita universal. Lee:
-La estrella de la redención de Rosenzweig, que influyó decisivamente en su pensamiento como filósofo judío.
En el año de 1939 durante la segunda guerra mundial es movilizado por el servicio militar para servir de interprete de ruso y alemán para los aliados, en el año siguiente es hecho prisionero, permaneciendo durante toda la guerra en un campo de concentración en Hannover, Alemania, su condición de militar francés lo salva del trato que recibieron otros judíos.

Lee a Hegel, Rousseau y otros. Durante ese período prácticamente toda su familia que había quedado en Lituania es masacrada por los nazistas. Su esposa y su hija se salvan al quedar escondidas en un monasterio en Orleáns.

Durante el cautiverio comienza a escribir "De la existencia al Existente" que publicará en 1947. En este libro Lévinas pondrá en cuestión a la Fenomenología de Heidegger, sin que haya por eso una motivación abstracta, sino que su condición de prisionero de guerra le hace experimentar en carne propia podríamos decir, una de las dimensiones de la ontología heideggeriana. De aquella experiencia de guerra Lévinas concluye que lo existente, que da sentido a los entes en el mundo, produce una impersonalidad árida, neutra, que solo podría ser superada en el ser-para-el-otro, como momento ético de respeto a la Alteridad.

En ese mismo año publica "El Tiempo y el Otro", cuatro conferencias que después de la guerra da en el Colegio de Filosofía fundado por Jean Wahl. En ese texto realiza una investigación de la relación del Yo en relación al Otro, en su dimensión de temporalidad y trascendencia; no es el hecho de un sujeto aislado y único sino que es la trascendencia en la apertura hacia los otros, en una perspectiva diacrónica. Estas conferencias tienen el objetivo de salir del aislamiento de existir del existencialismo, cambiando el ámbito del saber. Si podemos transmitir la existencia por la palabra, pero no podemos compartirla en el ámbito del saber ¿ que tipo de comunicación con el ser puede hacernos salir de la soledad ? Nunca más un ser para la muerte sino un ser para el Otro.

Para Lévinas el tiempo no debe ser una experiencia de duración , sino un dinamismo que nos lleva para otro lado diferente de las cosas que poseemos, un tiempo como relación con una alteridad inalcanzable y así producir una alteración del ritmo y sus giros.

En el año de 1946 dirige La Alianza Israelita Universal de París y su Escuela Normal Oriental, comenzando sus estudios del Talmud guiado por M. Chouchani. En esos años publica también:
-¿Todo es vanidad? ."Les cahiers de l?Alliance Israelite universelle" 9 (1946) 1-2 -1947
"De la Existencia al Existente" . Ed. de la revue Fontaine, París 1947. En la reedición de 1978 se añade un prefacio nuevo.-Existencialismo y antisemitismo. "Les cahiers de l?alliance Israeliteuniverselle" 14/5 (1947) 2-3
-Ser judío. ?Confluences? 15.7 (1947) 253-64
-Recensión de Sartre, J.P.: ?Reflexiones sobre la cuestión judía" (1947)-1948, La ontología en lo temporal según Heidegger . "Sur" Argentina 167 (1948) 50-64 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger ]
-La realidad y su sombra . "Les temps modernes" 4, 38 (1948) 769-789

En el año de 1949, muere su segunda hija Eliana y nace su hijo Miguel.
-Descubriendo la Existencia con Husserl y Heidegger. Vrin, París 1949. Reedición aumentada con nuevos ensayos ( Commentaires nouveaux yRaccourcis ) en 1967
-La trascendencia de las palabras. ?Les temps modernes? 44 (1949) 1090-5 [En: Fuera del sujeto ]
-Pluralismo y trascendencia. "Varios autores: Actas del X congreso international de filosofía". Nort-Holland, Amsterdam 1949; v. 1, pp. 381-3
-1951 ¿Es fundamental la ontología? . "Revue de metaphysique et de morale" 56, 1 (1951) 88-98 [En Entre nosotros ]
-1952 Etica y espíritu. "Evidences" 27 (1952) 1-4 [En: Difícil libertad ]
-1953 Libertad y mandato7. "Revue de metaphysique et de morale" 58, 3 (1953) 264-72 [En: Humanismo del otro hombre ]. Publicado como libro en: Libertad y mandato .
Fata Morgana, Cognac 1994 -1954 El yo y la totalidad. "Revue de metaphysique et de morale "59, 4 (1954) 353-373 [En: Entre nosotros ]
-1955 Jean Wahl y la sensibilidad ."Cahiers du sud" 331 (1955)-1956 Blanchot: la mirada del poeta. ?Monde nouveau? 96 (1956) 6-19 [En: Sobre Mauricio Blanchot ]
En 1957 comienzan con frecuente participación de Lévinas los Coloquios de intelectuales judíos, los que son organizados anualmente por la sección francesa del Congreso judío mundial, a los que asisten, por ejemplo, Jankelevitch, Levy-Valensi, Halperin entre otros.

Siguen sus publicaciones:- Judaísmo y altruismo. "Varios autores: De l·identite juive a la communaute". PUF, París 1957; pp. 11-5
-La filosofía y la idea de infinito . "Revue de metaphysique et de morale" 62, 3 (1957) 241-53 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger , 2ª ed.]
-Levy-Bruhl y la filosofía contemporánea . "Revue philosophique de la France et de l·etranger" 147, 4 (1957) 556-569 [En: Entre nosotros ]
-1959 Intencionalidad y metafísica . "Revue philosophique de la France et de l?etranger" 149 (1959) 471-9 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger , 2ª ed.]
-La diáspora es una condición necesaria de la supervivencia del judaísmo (Texto de Toynbee, anotado y comentado por Levinas). "L?arche" 30 (1959) 30-3 y 60
-Reflexiones sobre la técnica fenomenológica. "Varios autores: Husserl". Cahiers de Royaumont. Philosophie nº III. Minuit, París 1959 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger , 2ª ed.] .
-La ruina de la representación . "Varios autores: Edmund Husserl 1859-1959". Nijhoff, La Haya 1959 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger , 2ª ed.].
-1960 Principios y rostros . "Esprit" 28 (1960) 863-5 En 1961 se traslada a Poitiers, donde se lo nombra profesor de filosofía, siendo esa la razón por la que deja la dirección de la Alianza Israelita Universal.
-Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. M. Nijhoff, La Haya 1961. La traducción castellana de 1976, y la alemana de 1987, incluyen una presentación del propio Levinas [La alemana en: Entre nosotros ]
-La escuela normal israelita oriental. "Varios autores: Les droits de l·homme et l·education" PUF, París 1961; pp. 71-3
-Laicado y pensamiento de Israel. "La laicite" 6 (1960) 45-58 -1962 A priori y subjetividad. A proposito de la noción de a priori de Dufrenne . "Revue de metaphysique et de morale" 67 (1962) 179-86 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger, 2ª ed.]
-Enseñanza judía y cultura contemporánea. "L·arche" 65 (1962) 22-5
- Entre dos mundos . "Varios autores: La conscience juive". PUF, París 1962; pp. 121-37 [En: Difícil libertad ].
-Trascendencia y altura. "Bulletin de la societe française de philosophie" 56, 3 (1962) 89-113
- 1963 DIFÍCIL LIBERTAD. ENSAYOS SOBRE EL JUDAÍSMO. Albin Michel, París 1963; 2ª edición corregida y aumentada en 1976
-La huella del otro. "Tijdschrift voor filosofie" IX-1963 [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger, 2ª ed.;y como parte final de La significación y el sentido en Humanismo del otro hombre ]
-Para con el otro . "Varios autores: Ante la historia ". PUF, París 1963 [En: 4 lecturas talmúdicas ].
- 1964 La significación y el sentido. "Revue de metaphysique et de morale" 69 (1964) 125-56 [En: Humanismo del otro hombre]
-La tentación de la tentación . "Varios autores: Tentations et actions de la conscience juive". PUF, París 1964; pp. 163-82 [En: 4 lecturas talmúdicas ].
- 1965 Rosenzweig: un pensamiento judío moderno. "Revue de theologie et de philosophie" 98 (1965) 208-21 [En: Fuera del sujeto ]
-Intencionalidad y sensación. "Revue internationale de philosophie"1-2 (1965) [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger, 2ª ed.].
-Enigma y fenómeno 2ª ed.]
-Tierra prometida o tierra permitida. "Varios autores: Israel". PUF, París 1965 [En: 4 lecturas tal. "Esprit" (VI. 1965) [En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger, múdicas ].
- 1966 De Sheylock a Swann."Les nouveaux cahiers" 6 (1966) 47-8
-La sierva y su amo. "Critique" 222 (1966) 514-22 [En: Sobre Mauricio Blanchot ]
-"Viejo como el mundo". Varios autores: ¿Es necesario al mundo el judaísmo?. Puf, París 1966 [En: 4 lecturas talmúdicas ]
-Sin nombre. "les nouveaux cahiers" 6 (1966) [En: Nombres propios ]
-1967 Se traslada definitivamente a París, porque es nombrado profesor en París-Nanterre
-1968 Cuatro Lecturas Talmúdicas . Minuit, París 1968
-El pensamiento de Buber y el judaísmo contemporáneo. " Varios autores: Buber. L·homme et le philosophe". Universidad, Bruselas 1968; pp. 43-58 [En: Fuera del sujeto ]
-El renacimiento cultural judío en Europa occidental . "Varios autores: Le renouveau de la culture juive" Universidad, Bruselas 1968; pp. 21-34
-Infinito yTotalidad , términos en "Varios autores: Encyclopaedia universalis", París 1968, v. 8, pp. 991-994; y v. 16, pp. 192-4
-La sustitución . "Revue philosophique de Louvaine" 66 (1968) 487-508 [En: De otro modo que ser... ] "Un Dios hombre". Varios autores: Qui est Jesuchriste (Semana de intelectuales católicos). "Recherches et debats" 62. Desclée de Brouwer, París
-1968; pp. 186-92 [En: Entre nosotros ]
-1970 Más allá de la esencia. "Revue de metaphysique et de morale" 75 (1970) 265-83 [En: De otro modo que ser... ]
-El pasado mañana de las dialécticas. "Hamoré" 13, 50 (1970) 38-40
-Separación de bienes . "L·Arche" 162-3 (1970) 101-2
- 1971 El estado de César y el estado de David. "Archivio di filosofia" 39 (1971) 71-80
-Filosofía y religión . "Critique" 27 (1971) 532-42
-La proximidad . "Archives de philosophie" 34 (1971) 373-91 [En: De otro modo que ser... ]
-Lo dicho y el decir. "Le nouveau commerce" 18-9 (1971) 19-48 [En: De otro modo que ser... ]
-Prólogo a "Geraets, T. F.: Vers une nouvelle philosophie transcendentale....". M. Nijhoff, La Haya 1971; pp. 9-15
-Diálogo con A. Dalmas. "La quinzaine litteraire" 15 (1971) [En: Sobre Mauricio Blanchot ]
-1972 Humanismo del Otro Hombre. Fata Morgana, Montpellier 1972
-Judaísmo y revolución (1969). "Varios autores: Jeneusse et revolution dans la conscience juive". PUF, París 1972; pp. 58-80 [En: De lo sagrado a lo santo ]
-La juventud de Israel (1970). "Varios autores: Jeneusse et revolution dans la conscience juive". PUF, París 1972;pp. 279-82 [En: De lo sagrado a lo santo ]
-La muerte del padre Van Breda. "Les etudes philosophiques" 2 (1972) 285-7
-Las cuerdas y la madera. Sobre la lectura judía de la Biblia. "Axes" 4 (1972) [En: Fuera del sujeto ]
-Verdad como desvelamiento y verdad como testimonio. "Archivio di filosofia" 40 (1972) 101-110 [En: De otro modo que ser... ]
-1973 Ocupa la cátedra de filosofía en la Sorbona, París IV, llamado por Alquié
-Desacralización y desencantamiento (1971). "Varios autores: L·autre dans la conscience juive: le sacré et le couple". PUF, París 1973;pp. 55-75 [En: De lo sagrado a lo santo ]
-Ideología e idealismo . "Varios autores: Demythisation et ideologie". Aubier, París 1973 [En: De Dios que viene a la idea ]
-Y Dios creó la mujer (1972). "Varios autores: L·autre dans la conscience juive: le sacré et le couple". PUF, París 1973; pp. 173-89 [En: De lo sagrado a lo santo ]
-1974 De Otro Modo que Ser, O Más Allá de la Esencia. M. Nijhoff, La Haya 1974
-De la conciencia a la vigilia. "Bijdragen" 35, 3-4 (1974) 235-49 [En: De Dios que viene a la idea ]
-1975 Ejercicios sobre La locura del día. "Chances" 22 (1975) 55-74 [En: Sobre Mauricio Blanchot ]
-Sobre Mauricio Blanchot . Fata Morgana, Montpellier 1975 -Dios y la filosofía . "Le nouveau commerce" 30-1 (1975) 97-128 [En: De Dios que viene a la idea ]
-El ser y el otro. A propósito de Celan. En: "Madison, G.B. (ed.): Sens et existence?. (Homenaje a Ricoeur). Seuil, París 1975.
El año de 1976 es el último de docencia regular en La Sorbona; en él imparte dos cursos: La muerte y el tiempo (publicado en -Aeschlimann, J.Ch. (ed.): "L·Herne-Emmanuel Lévinas". L·Herne, París 1991; pp. 21-75. y luego como libro en -La Muerte y el Tiempo. Livre de poche, París 1992) y Dios y la ontoteología , publicado junto con el anterior en "Dios, La Muerte y El Tiempo". Grasset, París 1993. Continua con: Nombres Propios: Agnon, Buber, Celan, Delhomme, Derrida, Jabes, Kierkegaard, Lacroix, Laporte, Picard, Proust, Van Breda, Wahl. Fata Morgana, Montpellier 1976.
-Wahl y Marcel (coautor con Ricoeur y Tilliette). Beauchesne, París 1976.
-El nuevo sentido de la deficiencia sin preocupación . "Concilium" 113 (1976) [En: De Dios que viene a la idea ]
-Filosofía y positividad . "Varios autores: Savoir, faire, esperer; les limites de la raison". Universidad, Bruselas 1976; pp. 193-206
-Jean Wahl, sin haber ni ser. "Hersch, J. (ed.): Wahl et Marcel". Beauchesne, París 1976; pp. 13-31 [En: Fuera del sujeto ]
-Los daños causados por el fuego (1975). "Varios autores: La conscience juive face a la guerre". PUF, París 1976; pp. 11-27 [En: De lo sagrado a lo santo ]
-Secularización y hambre ."Archivio di filosofia" 43. En: "Varios autores: Hermenéutica de la secularización". Aubier/Montaigne, París 1976; pp. 101-9
-Sobre la muerte en el pensamiento de Bloch . "Raulet, G.: Utopie-Marxisme selon Bloch". Payot, París 1976. [En: De Dios que viene a la idea ]
-1977 De Lo Sagrado a Lo Santo. Cinco Nuevas lecturas Talmúdicas . Minuit, París 1977
-Hermenéutica y más allá ."Archivio di filosofia" 45 (1977) 11-20. [En: Entre nosotros ; y en: De Dios que viene a la idea ]
-La filosofía y el despertar. "Les etudes philosophiques" 7 (1977) 307-17
-La revelación en la tradición judía. "Varios autores: La revelation". Universidad, Bruselas 1977; pp. 55-77
-Modelo de permanencia (lección talmúdica). "Varios autores: El modelo de occidente". PUF, París 1977; pp. 199-215
-Ontología de lo Mismo y búsqueda de lo Otro. "Varios autores: Actes de la rencontre de l·institut international de philosophie". M. Nijhoff, La Haya 1977
-Preguntas y respuestas (entrevista). "Le nouveau commerce" 36-7 (1977) [En: De Dios que viene a la idea ]
-Prólogo a "Buber, M.: Utopie et socialisme". Aubier, París 1977; pp. 7-11 -1978 Buber, Marcel y la filosofía. "Revue international de philosophie" 126 (1978) [En: Fuera del sujeto ]-El pensamiento del ser y la cuestión de lo otro. "Critique" 304 (1978) 187-97 [En: De Dios que viene a la idea ]
-La palabra yo, la palabra tu, la palabra Dios. "Le monde" 35 (1978) nº 10306, 19-20.III.1978, p. 2
-Trascendencia y mal. "Le nouveau commerce" 41 (1978) 55-75 [En: De Dios que viene a la idea]
- 1979 La lectura judía de las escrituras ."Lumiere et vie" 144 (1979) 5-23 -Las ciudades refugio . "Varios autores: Jerusalem, l·unique et l·universel". PUF, París 1979; pp. 35-48
-Política, al fin! . "Les temps modernes" 35, 398 (1979) 521-8
-1980 De la significatividad del sentido."Kearney-O·Ieary: Heidegger et la question de Dieu". Grasset et Fasquelle, París 1980; pp. 238-47 [En: Fuera del sujeto ]-El diálogo. "Varios autores: Christlicher glaube in moderner gesellschaft". Herder, Friburgo 1980 [En: De Dios que viene a la idea ]
-Manera de hablar ."Kearney-O·ieary: Heidegger et la question de Dieu". Grasset et Fasquelle, París 1980. [En: De Dios que viene a la idea ]
-Necrológica laudatoria de Sartre
-Notas sobre el pensamiento filosófico del cardenal Wojtyla. "Communio" 5 (1980) 87-90
-Un lenguaje que nos es familiar. "Le matin" (III.1980)
- Cuando Sartre descubre la historia sagrada. "Le journal des communautes" 30, 620 (1980) 16-7
-1981 La mala conciencia y lo inexorable, "Exercices de la patience" 2 (1981) 108-17 [En: De Dios que viene a la idea ]
-Lenguaje cotidiano y retórica sin elocuencia . "Studia philosophica" 40 (1981) [En: Fuera del sujeto ]
-Notas sobre el sentido. "Le nouveau commerce" 49 (1981) [En: De Dios que viene a la idea ]
-1982 De Dios que viene a la Idea. Vrin, París 1982 (2ª ed. revisada y aumentada 1992)
-El Más Allá del versículo. Lecturas y Discursos Talmúdicos .Minuit, París 1982
-Ética e Infinito. Diálogos con F. Nemo (serie de entrevistas). Fayard et Radio France, París 1982
-A propósito de Buber: algunas notas."Varios autores: Qu?est-ce que l·homme?". Homenaje a Waelhens. Universidad, Bruselas 1982 [En: Fuera del sujeto ]
-El sufrimiento inútil. "Giornale di Metafisica" 4, 1 (1982) 13-26 [En: Entre nosotros ]
-1983 De la intersubjetividad. Notas sobre Merleau-Ponty. "Hoeffe-Imbach (eds.): Paradigmes de theologie philosophique". Homenaje a Philippe. Universidad, Friburgo 1983 [En: Fuera del sujeto ]
-Del uno al otro, trascendencia y tiempo. "Archivio di filosofia" 51 (1983) 21-38 [En: Entre nosotros ]-Filosofía, justicia y amor (entrevista con Fornet y Gómez). "Concordia" 3 (1983) 59-73; también "Esprit" 89 (1983) 8-17
-La conciencia no intencional ."Mercier-Svilar (eds.): Philosophes critiques d·eux memes". Berna 1983; pp. 143-71. [En: Entre nosotros ]
-Religión e idea de infinito . "Varios autores: Doce lecciones de filosofía" Granica, Barcelona 1983; pp. 149-58
-Exégesis y cultura. Notas sobre un versículo . "Le nouveau commerce" 55 (1983) 87-94
-1984 Acaba su vínculo como profesor honorario de La Sorbona.
-Trascendencia e Inteligibilidad (texto de una conferencia seguido de una entrevista). Labor et fides, Ginebra 1984
-De la súplica sin petición. Nota sobre una modalidad del judaísmo . "Etudes philosophiques" 38, 2 (1984) 157-63
-El entredicho de la representación y derechos del hombre ."Rassial (ed.): L?interdit de la representation". Du Seuil, París 1984; pp. 107-12
-En memoria de Alphonse de Waelhens . "Tidjschrift voor filosofie" 46 (1984) [En: Fuera del sujeto ]
-Etica como filosofía primera ."Hottois, G. (ed.):Justifications de l?ethique". Universidad, Bruselas 1984
-Paz y proximidad . "Rolland, J. (ed.): Les cahiers de la nuit surveillee. nº 3: Lévinas". Verdier, Lagrasse 1984
-Prólogo a "Morali, C.: Qui est moi aujourd?hui?" Fayard, París 1984; pp. 7-9
- 1985 Derechos humanos y buena voluntad . "Varios autores: L?indivisibilité des droites de l?homme". Universidad, Friburgo 1985 [En: Entre nosotros ]-Diacronía y representación . "Revue universitaire d?Otawa" 55 (1985) 296-310 [En: Entre nosotros ]
-Entevista con Lévinas. "Revue de metaphysique et de morale" 90 (1985) 296-310
-Los derechos del hombre y los derechos del otro. "Varios autores: L·indivisibilite des droits de l·homme". Universidad, Friburgo 1985 [En: Fuera del sujeto ]
-Vladimir Jankelevitch. "L·information juive" (VII-1985) [En:Fuera del sujeto ]
-1986 De la unicidad . "Archivio di filosofia" 54 (1986) 301-7 [En: Entre nosotros ]
-Determinación filosófica de la idea de cultura . "Varios autores: Philosophie et culture". Actas del XVII Congreso mundial de filosofía (1983). Beffroi/Montmorency, Montreal 1986; pp. 73-82 [En: Entre nosotros ]
-Prólogo a "Zarader, M.: Heidegger et les paroles de l·origine" Vrin, París 1986; pp. 5-12
-1987 Fuera del Sujeto .Fata Morgana, Montpellier 1987
-Diálogo sobre el pensar en otro . "Revista de la nueva ciudadanía" 17 (1987) [En: Entre nosotros ]
-1988 A la Hora de las Naciones (5 lecturas talmúdicas). Minuit, París 1988
-De otro modo que saber. "Las entrevistas del centro Sevres, 3.VI.1986".Con estudios de Petitdemange y Rolland. Osiris, París 1988
-El otro, la utopía y la justicia (entrevista). "Autrement" 102 (1988) [En: Entre nosotros ]
-Sobre la idea de infinito en nosotros ."Deprun-Marion (eds.): La passion et la raison". Homenaje a Alquié. PUF, París 1988; pp.49-52 [En:Entre nosotros ]
-1990 Del ser al otro . "Lenoir, F. (dir.): Le temps de la responsabilité" (entrevistas sobre la ética). Fayard, París 1990 [En: Entre nosotros ]
-Lévinas: en nombre de otro (entrevista recogida por Ferry) "L?express" 13.VII.1990; pp. 60-6
-Sobre la obliteración. (entrevista con F. Armengaud sobre la obra de Sosno). La Difference, París 1990 -1991 Entre Nosotros. Ensayos para Pensar al Otro . Grasset, París 1991
-1992 El rostro del extranjero . Unesco, VII-VIII. 1992
-Imprevistos de la Historia . Fata Morgana, Cognac 1994
-La Intriga del Infinito . Flammarion, París 1994
-1996 Nuevas Lecturas Talmúdicas (Póstumo). Minuit, París 1996

La filosofía para él tendría la tendencia de reducir a lo Mismo todo lo que se opone a ella como Otro. El conocimiento representaría así una estrategia de apropiación, de dominación, presente fundamentalmente en la relación del hombre con el hombre. Inspirándose en la tradición hebrea, Lévinas busca pensar de otro modo esta relación; el Otro, como rostro que me enfrenta, no es del orden de la representación, hay en el, la presencia ausente de la idea de infinito, que me ordena y que lo hace incapaz de ser dominado. El Otro, o sea Ser-para-el-Otro, imagen y semejanza es la fuente de toda alteridad y garantiza así una fundamentación de los derechos humanos. El pensamiento de Lévinas llega a ser un humanismo que se acerca de manera nueva a los derechos de todos los hombres.

El Otro es un extranjero radical que se ubica "fuera de todo enraizamiento y de todo domicilio. Apátrida como autenticidad" no obstante el Otro es una alteridad con quién puedo hablar.

Lo esencial del Otro, es su alteridad excepcional a toda otra alteridad."Yo soy único en mi género" dice Lévinas.

Por tanto no es la categoría de la diferencia la que constituye lo esencial en la ética levinasiana, sino la categoría de lo excepcional, lo que no refiere ningún privilegio identitario en relación al otro, lo excepcional no es soberanía ni esclavitud sino que nos arroja a otra lógica de relaciones. "La persona es una meta y un origen".

Su esposa muere en septiembre de 1994 y él, el 25 de Diciembre de 1995

Fente original: Antroposmoderno







6.8.06

LA LECTURA: UN ACTO DE CREACION

Plinio Chaín


Por Plinio Chahín

Todo acto de lectura es una interrogación profunda y libre. El ejercicio de esa libertad consiste en dar un sentido integral al texto, siempre, y, en todas partes, no meramente en darles sentidos parciales y superficiales que se contradicen y que no concuerdan entre sí. Puesto que los sentidos que los lectores querrían otorgar a sus vidas no la encuentran o se les escapa, los lectores buscan y ven en el libro una promesa de ejercer gozosamente su imaginación y sul ibertad por medio de la lectura.

La experiencia del lector, cuando es profunda y libre, puede verse como una especie de proceso de meditación o de contemplación. La conciencia conceptual siempre procede a “diferir” todo. Precisamente, el diferir es la raíz estructural del tiempo. La representación radical de la cultura moderna es la represión de los elementos humanos místico-religioso. Todo sistema socio-cultural, así como político y económico, está orientado, de forma más o menos eficaz, a impedir una experiencia directa, incondicionada. Por lo tanto, el más importante imperativo de nuestra época es liberarse de esa represión o negación de esta dimensión esencial del hombre. Hay que asumir este imperativo sin complejos ni medias tintas. Debemos empezar por transparentar toda esa gran mascarada cultural y espiritual de Occidente, en la que estamos sumidos y sumisos. Por supuesto, no todos los conceptos son esclavizantes; sólo los que inducen al escamoteo y a la reificación.

Los conceptos que inducen a la libertad y a la transparencia son convenientes, y, a veces, desquiciantes. De ahí que, la “lectura usual” es una lectura institucionalizada que escamotea el gusto del lector. Para llegar a ser “lector convencional” se debe pasar por un proceso de amaestramiento, dedomesticación cultural, que condiciona para ver las cosas de cierta manera, a partir de ciertos hábitos estereotipados.

La lectura institucionalizada, en cierto sentido, puede considerarse un espacio de fuga hacia ununiverso superficial y frívolo. Este tipo de lectura es una forma de manipular al lector, pues el acto de lectura deviene así en un acto de mala fe; entonces, decodificar un texto se transforma en un acto contra-cultural.

Podríamos llamar, pues,“contra-lectura” al acto de transparentar la falsedad propia de toda lectura hecha desde un espacio institucional. La contra-lectura es una forma de liberar al lector de la lectura institucionalizada. No se trata tanto de reconstruir sino de transparentar; se trata de una “metalectura” que, en cierto sentido, es una nueva escritura, consciente de su instantaneidad y su fuga.

La función que cumple la “metalectura” respecto de la escritura podría dar un mayor peso a la idea de que existe una relación directa entre el querer decir del enunciado y la escritura misma. En efecto, la escritura apela a la lectura conforme a una relación que, de inmediato, nos permitirá introducir el concepto de “interpretación”. Por el momento, digamos que no hay lector sin texto, al igual que no hay texto sin lector.

En efecto, la relación “escribir-leer” no es un acto de percepción teleológico-poético. No basta con decir que la lectura es un diálogo con el autor a través de su obra, hay que señalar que la relación del lector con el libro es de una naturaleza completamente distinta.

El diálogo que se produce es un intercambio de preguntas y de respuestas, y no existe un intercambio de este tipo entre el escritor y el lector. El escritor no responde al lector. Más bien, el libro separa las vertientes del acto de escribir y del acto de leer, que no se comunican entre sí.

El lector se encuentra ausente en la escritura, y, el escritor, en la lectura. El texto produce, por tanto, una doble ocultación del lector y del escritor. De este modo, se sustituye la relación dialógica que vincula al escritor y al lector de forma inmediata: la voz de uno al oído del otro.

Esta sustitución del diálogo por la lectura, allí donde el primero no ha tenido lugar, es tan evidente que, cuando nos encontramos con un autor y hablamos con él (de su libro, por ejemplo), tenemos la sensación de que se ha producido una profunda transformación en la relación tan particular que veníamos entablando con él en su obra, mediante ella.

A veces, me gusta decir que leer un libro resulta completa, y, en cierto modo intacta, cuando muere el autor. Dado que éste ya no puede respondernos, sólo nos queda leer su obra.

Esta diferencia entre el acto de leer y de escribir confirma nuestra hipótesis de que la lectura es una realización comparable a la creación: una efectuación que la sustituye y que, en cierto modo, impide o posibilita su desarrollo. Por ello, creo que la escritura fija el discurso como intento de decir, pues la escritura consiste en una inscripción directa de dicho intento, aunque, histórica o psicológicamente, el escritor empieza transcribiendo de forma gráfica los signos del habla. Esta liberación de la escritura que sustituye al habla conlleva el surgimiento del texto.

Ahora bien, ¿qué le sucede al texto cuando se escribe directamente en lugar de percibirlo a través de lalectura? Siempre se insiste en el rasgo más evidente: todo texto conserva un imaginario discursivo que lo convierte en un archivo disponible para la percepción individual y colectiva. También suele añadirse que el contenido simbólico posibilita una lectura analítica y distintiva de todos los rasgos sucesivos del lenguaje , aumentado de este modo su propia ambigüedad. La liberación del texto frente al lector entraña un verdadero cambio, tanto en las relaciones del mundo y el lenguaje, como en la relación que existe entre éste y las distintas subjetividades implicadas, como la del autor y el lector.

Hemos apreciado esta dinámica de cambios al distinguir la escritura del acto de lectura. Aún habrá que ir más lejos, pero partiendo del cambio que atañe a la relación referencial del lenguaje con el mundo cuandoel texto sustituye al mundo.

¿Qué entendemos por relación o función referencial?
Esto: al dirigirse a un supuesto lector, el sujeto de la escritura dice algo sobre algo. Aquello sobre lo que escribe es el referente de su imaginario. Esta referencia es asumida por el escritor como inicio y fuga de su creación. Mediante la función referencial, el lenguaje devuelve al mundo los signos que la función simbólica en un principio sustrae a las cosas.

Ya no sucede lo mismo cuando el texto sustituye al mundo. En cierta medida, el lector y el autor se encuentran vinculados al mundo de este modo; pues ,¿de qué hablaríamos si no hablásemos del mundo? Esta relación íntertextual, junto a la ocultación del mundo sobre lo que se escribe, da lugar a otro mundo llamado literario. Éste es el cambio que afecta al propio escritor cuando el movimiento de la referencia produce, en el acto mismo de lectura, un cambio en la percepción estética. Las palabras dejan de esfumarse ante el lector. Las palabras escritas se convierten, para sí mismas, en palabras.

Esta ocultación de la realidad inmediata, por el mundo de los textos, indujo a Paul Ricoeur a expresar que los textos pueden llegar a ser tan complejos, que el propio mundo dejaría de ser el texto, y, se reduciría a una especie de “aura“, que pone de manifiesto una dimensión misteriosa. Por ello mismo, podemos hablar del mundo griego o delmundo bizantino. Este mundo, que podemos considerar imaginario es “presentificado” por la escritura en el proceso de lectura. Pero este mundo imaginario es, en sí mismo, una creación de la literatura, un imaginario literario.

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Plinio Chahín.
Poeta y ensayista. Nació en Santo Domingo, República Dominicana.
Es licenciado en Letras con postgrado en Lengua y Literatura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde además es catedrático de las facultades de Artes Y Humanidades. Ha publicado Hechizos de la Hybris, premio Casa de Teatro de 1998; ¿Literatura sin lenguaje? Escritos sobrre el silencioy otros textos, Premio Nacional de Ensayos del año2005; Oficios de un celebrante 1999; Solemnidades de la muerte 1991; Consumación de la carne 1986. En año 2002 publicó en colaboración con René RodríguezSoriano, el texto experimental Salvo el insomnio.-

Vetas Digital agradece al autor el facilitarnos el texto precedente para su publicación

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4.8.06

REFLEXIONES EN TORNO AL POEMA "LA OTRA" DE GABRIELA MISTRAL

OTRA LECTURA DE "LA OTRA"
Por Raquel Olea

Raquel Olea:
Chilena, escritora y crítica literaria. Tiene un doctorado en literatura.
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Sabemos que el sentido de un texto o de una obra literaria se construye en la recepción.
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Son las diferencias en la manera de leer las que determinan históricamente los cambios de una obra literaria. Como dice Jorge Luis Borges: "Una literatura difiere de otra ulterior o anterior menos por el texto que por la manera de ser leída".
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La lectura es un acto de creación de sentidos, por parte del lector, que consiste en revisar el sentido provisorio de un texto, entendiendo que toda lectura es un acto de provocación. Leer es descubrir lo que un texto no enuncia, es develar el sentido de los silencios y de las palabras suprimidas, es revelar los sentidos de lo que el acto escrituras ha ocultado y perseguir la oposición habla/escritura como fenómeno subyacente a todo texto escrito; leer es revelar los órdenes jerárquicos que funcionan en el texto para descubrir los significados que las palabras no dicen y que pueden decir los silencios.
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La lectura así comprendida se constituye en otra escritura que propone, transgresoramente, la construcción de otro texto que subyace al texto leído y que lo sostiene.
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Mi lectura propone, en este sentido, provocar el encuentro de un texto poético con el "otro" texto, producto de la lectura. Intento realizar una lectura del poema "La Otra" como un acto de indagación en los cambios que se producen en la recepción de un texto literario y relacionarlo con los cambios que paralelamente modifican las condiciones de la crítica; esto como un modo de contribuir a la perduración de la obra poética de Gabriela Mistral.
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Lagar (1954) es el último libro publicado en vida de la poeta. Está dividido en trece secciones prologadas por el poema "La Otra" y cerradas por "El último árbol", a modo de epílogo.
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"La Otra"
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Una en mí maté
yo no la amaba

Era la flor llameando
del cactus de montaña;
era aridez y fuego:
nunca se refrescabas

Piedra y cielo tenía
a pies y a espaldas
y no bajaba nunca
a buscar "ojos de agua

Donde hacía su siesta,
las yerbas se enroscaban
de aliento de su boca
y brasa de su cara.

En rápidas resinas
se endurecía su habla,
por no caer en linda
presa soltada

Doblarse no sabía
la planta de montaña,
y al costado de ella, yo me doblaba.

La dejé que muriese,
robándole mi entraña.
Se acabó como el águila
que no es alimentada.

Sosegó el aletazo,
se dobló lacia,
y me cayó a la mano
su pavesa acabada...

Por ella todavía
me gimen sus hermanas,
y las gredas de fuego
al pasar me desgarran.

Cruzando yo les digo:
Buscad por las quebradas
y haced con las arcillas
otra águila abrasada

Si no podéis entonces,
¡ay! olvidadla.
Yo la maté. ¡Vosotras
también matadla!
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Para efectos de análisis he dividido el poema en tres partes:
1) El enunciado que rige la construcción del poema, consta de los dos primeros versos;
2) versos 3-23, donde la otra habla definiendo a la una asesinada;
3) versos 24-44, en que la escritura reivindica la imagen de la otra asesinada.
Una crítica escasa ha visto en "La Otra" la función única de prologar el conjunto de poemas que constituyen Lagar, es decir, de hacer un corte entre la producción anterior de la poeta y la que este libro representa. En ella la sujeto de esa escritura estaría refiriendo a su pasado, para negarlo: "La otra deja atrás el pasado de la mujer y la poetisa, su voz de Desolación y probablemente de Tala. Signada por un fuego autodestructivo la mujer era un "águila abrasada", dice Jaime Concha
(1).
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Por su parte, Femando Durán dice refiriéndose al poema "La Otra", "mira con todo a la otra como una imagen hostil de sí misma, de la que no quiere oír ni escuchar nada"
(2). Contrariamente a estas afirmaciones que exilian de sí misma y de su historia a la sujeto que escribe los poemas de Lagar, una lectura que anula la jerarquía de la oposición La una/la otra, sobre la que se ha construido el poema, revela un sujeto, que en vez de negar su alteridad la asume, asumiendo también lo múltiple y lo diverso de su interioridad. "La Otra", innombrada. Desde el título (nombre que no nombra) la escritura de este poema plantea, como problema, la ausencia de un término necesario, aquél que construye la oposición a que "la otra" refiere. Es necesario señalar que cualquiera sea el término ausente, la otra como significante representa el término inferior de la oposición jerárquica; la otra permanecerá como significante suspendido en tanto no se defina el término al que se opone.
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Refiriéndose al problema del otro, T. Todorov en su libro La Cuestión del Otro señala que el problema del otro puede referirse a un otro al que el yo, nosotros no pertenecemos: "ese grupo puede estar en el interior de la sociedad: las mujeres para los hombres, los ricos para los pobres, los locos para los normales o puede ser exterior a ella, es decir, otra sociedad que será según los casos cercana o lejana: seres que todo acerca a nosotros en el plano cultural moral histórico o bien desconocidos, extranjeros cuya lengua y costumbres no entiendo. Esta problemática del otro exterior es una de las categorías y variables del problema del otro, pero existe también un otro interior en uno mismo, que permite descubrir nuestra heterogeneidad y nuestras contradicciones de los diversos yo que nos conforman; el yo es otro y en yo hay también otros yo"
(3). Todorov habla a partir de un sujeto masculino que despliega su discurso desde el centro cultural, Europa, para el cual el otro se constituye por todo aquél que está fuera de las categorías de sexo, espacio y cultura reconocidas como "Lo Uno". Desde la perspectiva del europeo, el no blanco, el indígena, representa al otro y por extensión, lo otro es todo lo que está fuera del orden simbólico y del sistema de normas de la cultura patriarcal de occidente; lo otro está fuera de la representación. La mujer no tiene cabida en el discurso del otro a que Todorov se refiere.
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Sin embargo, el uso femenino del término "La Otra", representa en nuestra cultura cotidiana el significante que altera el orden en el sistema de relaciones sexuales permitidas por la ideología religiosa que predomina en nuestro continente. En el sistema de normas morales imperantes, la otra adquiere sus significados en oposición con la esposa, legitimada por Dios y por la ley. La otra se integra semánticamente a la cadena de la amante, la querida, la prostituta, la no madre de los hijos, la conviviente, la concubina, etc. La otra es la mujer que rompe la relación dual y excluyente de los esposos, subvirtiendo el familiarismo instituido. La otra no tiene nombre, no es hablada ni representada; la otra configura la simbolización de lo prohibido.
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La propia Gabriela Mistral adhiere a este discurso de la otra, cuando en su "Balada" dice: "El pasó con otra / yo le vi pasar", para agregar luego "El besó a la otra", señalando en ello la legitimidad del lugar desde donde habla la sujeto que escribe el poema; similar representación se cumple en "Los sonetos de la muerte" en el verso en que la hablante se regocija del espacio en que habita su amado "porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna (de ninguna otra) / bajará a disputarme tu puñado de huesos". Ambos poemas forman parte de Desolación (1922). En el poema que nos (pre)ocupa, la hablante inicia el proceso de escritura como un enunciado en que la sujeto declara escuetamente una acción cometida en un momento anterior a la escritura, de la cual ella ha sido agente. La relación de causalidad aparece invertida siendo la causa del acto cometido el segundo término del enunciado: "Una en mí maté: /yo no la amaba". El primer término permite construir la oposición Una/Otra, que explicita quién habla en el poema: la una está en la sujeto que escribe, forma parte de ella, de su interioridad. La una ha sido muerta, la otra habla en el poema. Nos encontramos, entonces, frente a una sujeto que reconoce su dualidad y que declara por autogestión el asesinato de una parte de sí misma.
La otra habla de la una que ha matado, que no habla, que ausente se constituye en el objeto de la escritura.
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A partir del enunciado antes señalado, la hablante construye la representación de su yo asesinado, construyéndose como sujeto de su propia escritura.
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La una se constituye en objeto de la escritura en cuanto otra de la que habla, pero es asimismo sujeto en cuanto está en la que habla, es parte de ella, de su subjetividad.
Al construirse como sujeto de su escritura, la mujer habla desde un discurso cultural que le ha negado el derecho a una subjetividad propia. La representación que construya de sí misma estará necesariamente mediatizada por el discurso masculino que ha fijado su re-representación en "lo femenino". La mujer construye la imagen de sí misma como un reflejo de la imagen que el discurso masculino ha construido de ella.
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Como bien lo ha señalado Luce Irigaray, "toda teoría del sujeto se ha adecuado siempre a lo 'masculino'"
(4). La mujer escribe en un lenguaje heredado, adoptado y repetido del Otro, masculino, con los atributos y propiedades que precariamente le permiten significar pensamientos no recibidos del otro.
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Así, al representar su yo asesinado, la sujeto se construye con imágenes que tradicionalmente la han ligado, re-ligado a la tierra y a la naturaleza; en este caso, el paisaje andino de la naturaleza americana.
Las próximas estrofas (versos 3-23) están destinadas a designar a la muerta, designación marcada por la relación que la hablante ha tenido con la una; esta es figurada en elementos de la naturaleza: "Era la flor llameando / del cactus de montaña, / era aridez y fuego; / nunca se refrescaba"... Estas imágenes, referidas a la interioridad, configuran una subjetividad contradictoria, señalada por opuestos que definen una imagen de mujer inarmónico, desasosegada interiormente.
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La tercera estrofa habla de su hábitat, de su relación con el espacio; las piedras bajo sus pies y el cielo a sus espaldas, sin bajar nunca "a buscar ojos de agua". La mujer así definida responde a una imagen activa de mujer, abarca el espacio en su caminar y la naturaleza es transformada por su hálito; las imágenes ígneas reiteran la configuración de una interioridad que proyecta fuego, espíritu, transformador en una relación primaria con la naturaleza, anterior a cualquier dominio; imagen altiva de mujer, vive en las alturas de la montaña, metáfora de un estado de espíritu superior que transforma la naturaleza misma: "las hierbas se enroscaban / de aliento de su boca / y brasa de su cara". Solitaria, su habla se endurecía en "resinas" sin fluir en comunicación, sin alcanzar al otro; habla reprimida que reconoce su limitación y autocensura; frente a la precariedad, prefiere callar, censurarse.
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En esta representación de la una, que la hablante ha construido, están las causas de su muerte. El discurso poético ha construido una imagen de mujer que fisura un orden social y cultural dado. La sujeto que escribe declara su incompatibilidad entre la una y la otra -que aún aparecen como opuestas-, una no sabía doblarse, la otra se doblaba. Esta desarmonía interior gestiona la represión y la supresión de una.
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A estas alturas del proceso de lectura nos encontramos con una incompatibilidad cultural de dos modos de estar en el mundo, en ello reside el conflicto de la sujeto que ha enunciado la muerte de una parte de su yo interior.
La una representa a la otra rechazada por el orden social cultural imperante. La sujeto que escribe reconoce en su yo a otras otra. Por una parte, la mujer referida representa la otra exterior de que habla Todorov: indígena, andina, terrosa, reprimida, suprimida, culturalmente otra; por otra parte, la mujer representada refiere a una imagen de mujer que simboliza lo prohibido, desde la determinación de "lo femenino" que el discurso dominante ha establecido. La sujeto escritural reconoce lo múltiple y fragmentario de su escindida interioridad. La ley del padre que ha dicotomizado la representación de la mujer en lo matricial y lo vaginal, lo mariano y lo viperino, construyendo la oposición Una/Otra, que implica la oposición bien/ mal, determina la incompatibilidad de ambas.
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Sin embargo, los contenidos de la tercera parte del poema (versos 23 a 44) reivindican en el deseo de la otra, la imagen de lo que se mata. Escritura atravesada por el duelo, en esta parte del poema, la hablante reconoce su propia culpa y se purifica ritualmente apelando a su propia interioridad escindida a reconstruir a la otra muerta: "Cruzando yo les digo / Buscad por las quebradas / y haced con las arcillas /otra águila abrasada".
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El tono se vuelve confesión cuando se relata la muerte de la una: "La dejé que muriese / robándole mi entraña / Se acabó como el águila / que no es alimentada". La muerte se ha producido por inanición: la referencia a una relación antes amorosa, de entraña compartida, de vínculo matricial entre la una y la otra recupera la relación madre hija de un modo subversivo: en la relación mujer/madre está la otra mujer, cuerpo que envuelve y oculta la potencia creadora y el sentido del placer; allí está la posibilidad para la mujer de gestionar un discurso que, de lo contrario, permanece como la reserva de un discurso prohibido.
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El reconocimiento de la multiplicidad, de la diversidad como parte del yo mujer se yergue frente al discurso patriarcal, desde el que se habla, como una subversión al orden de un pensamiento en que la relación con el otro sólo está en función de afirmar la primacía de "lo mismo".
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La hablante cumple la función de diseminar su yo en la múltiple otredad que lo contiene; su yo mestizo, indígena, incorpora al discurso poético los elementos de una cosmogonía andina: águila abrasada, ojos de agua, arcillas, gredas, flor llameando; la madre como la única otra de la mujer, recupera en la escritura poética de la otra, la posibilidad de re-presentarse; la otra mujer, simbolización de lo prohibido, cuya muerte parecía un requerimiento necesario para la vida de la hablante ha sido reivindicada en el acto escritural que indica la imposibilidad de matarla.
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El transcurso de la escritura ha revelado la irrealización del enunciado que regía la construcción del poema; la última estrofa reitera el acto cometido, sin embargo apela a otras a "olvidadla" ante la impotencia de dar muerte; pero el olvido como otra forma de muerte no es sino presencia agazapada.
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La escritura ha mediado entre el deseo y su realización anulando los opuestos y la distancia que los separa.
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La lectura ha trastornado una relación interpretativa porque lo que significa se niega en la forma como lo significa. La oposición inicial y la distancia que la jerarquizaba se ha anulado. La lectura nos ha demostrado que la una y la otra se contienen y se funden en una que es otra y una y otra y una y otra...
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El discurso poético que Gabriela Mistral despliega en este poema se erige contra un pensamiento de Lo Uno que coarta la posibilidad de lo múltiple, de la diversidad del yo. Asimismo, rompe el binarismo de las oposiciones que encierra la representación de una pseudo identidad femenina en imágenes excluyentes que encasillan a la mujer en la una aceptada, la otra rechazada por las normas de un sistema y un discurso del que ella no ha sido agente. Esta lectura se re-afirma en los poemas de la primera sección de Lagar, libro al que "La Otra" prologa. La sección consta de sólo dos poemas, "El Reparto" y "Encargo a Blanca". En "El Reparto", habla una mujer que disemina su cuerpo, se parte en múltiples fragmentos de sí, se re-parte otorgando sus facultades en un acto de máxima negación de Lo Uno: "Acabe así consumada / repartida como hogaza / y lanzada a sur o a norte / no seré nunca más una", expresa la hablante en un acto de máxima rebeldía a las exigencias de una cultura que repliega el ser en lo Uno patriarcal, falocéntrico.
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Por su parte, en el poema "Encargo a Blanca", la sujeto reitera la idea de la diversidad del yo: "No temas si bulto no llevo / tampoco si llego mudada", es decir, si llego otra. Podríamos concluir que en estos poemas de Lagar, escritura de madurez, Gabriela Mistral despliega la multiplicidad que mueve su cuerpo, sus emociones, su espíritu a hacerse cargo del universo que crea en el lenguaje. Su alteridad y la multiplicidad de su escritura proponen la asunción de su diferencia cultural e individual; diferencia que se enuncia a partir del reconocimiento de su heterogeneidad interior.
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En Una palabra cómplice. Encuentro con Gabriela Mistral. Raquel Olea y Soledad Fariña, editoras. Santiago, 1990. Corporación de Desarrollo de la Mujer La Morada, Editorial Cuarto Propio, Isis Internacional.
Notas
1. Concha, Jaime. Gabriela Mistral, Ed. Júcar, Madrid, 1987, p.23.
2. Durán, Fernando. "Lagar" en Silva Castro, Raúl, La Literatura Crítica de Chile, Ed. Andrés Bello, 1969, pp.524-528.
3. Todorov, Tzvetan. La Conquista de América, la cuestión del otro. Siglo XXI, México, 1987, p. 13.
4. Irigaray, Luce. Speculum de la otra mujer, Editorial Saltés, Madrid, 1978, pp.149-245.

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Fuente:
http://www.gabrielamistral.uchile.cl/estudios/rolea.html

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28.7.06

LUIS BENITEZ: POETA ARGENTINO



LUIS BENITEZ
Nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956.

Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, EE.UU., con sede en la Columbia University, y de la International Society of Writers.

Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad Argentina de Escritores y de la Fundación Argentina para la Poesía.

Premios recibidos

Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991)
Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991)
Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992)
Tercer Premio del Concurso Fundación Inca Seguros (Poesía, Buenos Aires, 1995)
Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996)

Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996)
Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996)
Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997).
Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003)
Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003)

Obras publicadas
Poemas de la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980)Mitologías/La Balada de la Mujer Perdida (poesía, Ultimo Reino, Bs. As., 1983) Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983)
Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986)
Behering y otros poemas (poesía, 1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993)
Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989)
Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992)
El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995)
El Horror en la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996)

Selected Poems
(antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, USA, 1996)
La Yegua de la Noche (poesía, Ed. Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001).
Tango del Mudo (novela, Ed. de la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003).
Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Lea, Buenos Aires, 2004).
El Venenero y Otros Poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005).

Obras sobre el autor
Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991)
Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.)
Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

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LOS OJOS DE RIMBAUD
Azules, de bárbaro.
Hoy cantan para ti
los suaves trinos y en el taller literario
adelgaza la voz el papagayo: conmovida
endulza las Grandes Miradas su lección de confitero.
De este lado rezamos por ti hincados ante un lobo:
que la bella ciencia es una habitación que da a lo oscuro
y el hombre, ese acertado inconstante,
es apenas unos pocos pasos que por ella van y vienen.
Hoy que las profesoras de letras olvidaron todo
lo que saben de ti los presidiarios
y el vago que, a riesgo de ser aplastado por los automóviles,
detiene la metáfora de su paso por recoger el milagro
de una hoja, sin alcanzar a explicárselo;
hoy que apenas los ascensoristas
se levantan de entre los demás,
hoy que esta loca materia aparece ahogada y vencida,
como lo estuvo siempre, como va a estarlo siempre,
flotando sobre las aguas de los números;
hoy que en tus selvas vírgenes arraigaron los casinos
y suena música disco en todas las Africas tonantes,
hoy que en la calle 88 y Broadway una horrible fulana te pasea
impreso en su remera, sonriente con toda la Gloria Americana,
hoy que encuadernado en cuero y con letras doradas
te exhiben los dentistas en sus huecas bibliotecas
y te honran a su modo, repartiendo venenos por las calles
del mundo los ágiles traficantes,
hoy que caen los muros y todas las posteridades se desploman,
hoy que la Historia, esa vieja enemiga,
se ríe de nosotros diciendo que no existe,
como en tu tiempo repetía el Diablo;
hoy que los blandos músculos de los diputados
pueden arrojar al mar, si quieren, a miles de forzudos extranjeros,
hoy que la tímida democracia probó ser más efectiva que los reyes,
hoy que todos por fin somos buenos
y alza su copa radiante el rosado, negro, amarillo y cobrizo
banquete de la vida, más allá
de los caritativos grupos que intentan el soneto,
a través de las bibliotecas barridas por el polvo y las secretarias,
sin dactilografía ni voz ni esperanza ni objeto,
cruzan las geografías dos luces gruesas y potentes
anillando la Tierra.
No por el símbolo sino por la mirada
eres como el dios de plástico que cuelga de su pared el asustado,
para que esos Ojos le sigan por la casa.
Para nosotros
los mínimos, para nosotros los pocos, para nosotros los débiles,
que sólo queremos estar ociosos, tus párpados están
siempre abiertos, hermano desdeñoso,
Jesucristo el Terrible,
hoy que es una vergüenza tener hambre
siguen mirando lo mismo tus fanales salvajes.

LA BESTIA DE LA AURORA
El gato perpetuo en la mañana absoluta
está gritando que es bestia de la aurora,
¿y quién oye al mínimo animal que encarna,
sino el árbol de oro a cuyo pie repite,
se desgañita?
Está hecho de animales
como una fábula antigua,
pero ni aquellos frisos encanecidos
por el polvo donde duermen los imperios,
ni la fresca novia del amanecer alcanzan
para adelgazar el oído que duerme,
que duerme aunque hace mucho es de día.
Brutal sombra que ves
con indiferencia la sombra de tu sombra
y la de todos hundirse lenta como un barco
en el océano que alardea de ser
la única, posible sombra,
como todo lo terrible tú pareces pedir apenas
una caricia inconsciente de lo frágil,
simulas ser un sirviente y eres el amo que distingue
entre el árbol de oro y la raíz,
por siempre hundida en la tierra,
volumen apenas de la sombra.

UNA AVISPA CRUZO
EL HIMEN DE LA VENTANA
El astuto animal fue ingenuo dos horas por la casa:
antes del polvo de las cosas tocó los helechos salvajes,
los gruesos valles del jardín diminuto,
la piedra que es llanura de lava para su ojo infinito:
un viajero aprensivo por las habitaciones casi desiertas
alentó inútilmente las plantas prisioneras,
rondó la cabeza del perro semidormido
que lo espantó como a un remordimiento.
La antesala fue el Cañón del Colorado:
antes sus poderosos antepasados visitaron
otras comarcas ausentes de follaje.
Fue curiosidad: Rousseau no pensó
en la avispa negra que anida sólo en tierra
cuando labró la cara del salvaje conveniente, bondadoso;
curiosidad de ver dónde desova su estirpe
y cómo amasa el barro de sus habitaciones el gran animal blanco
que le teme y espanta desde el origen del tiempo.
Armado activista de otra casa,
antigua, abandonada,
donde fuimos el intruso,
curioso, como una avispa negra.

EL MAR DE LOS ANTIGUOS
No volverá jamás el mar de los antiguos
a rebañar las costas creadas por sus olas.
Un año de ancho, una vida de largo,
se sumió en la honda bocanada del fondo.
Con él las bandas de Erik el Violento
y la pacífica vela de otro ladrón, fenicio,
doblaron para siempre ese horizonte blando
y abajo el precipicio que los tragó
a todos como se cierra un libro.
Ni el ceñudo pirata que un día fue
estatura y bronceado y sombra,
ni el traficante sofocado bajo tricornio y títulos,
tuvieron el poder de detener
aquellas otras olas que se llaman horas;
menos el múltiple ahogado, ése sin nombre,
puede asomar la cabeza ahora
para su intrépido persistir
bajo la luna, a solas.
Ah mar de Eneas y de Ulises
que no eras éste y eras
la cuna del delfín y las especias
y el camino del oro y siempre, lo Otro.
Qué portugueses y españoles eran
cuando eran los que eran en el mar.
¡Y el junco de esa otra historia, la ignorada,
que salía a él bajando de los ríos
como una rama armada de astrolabio,
con hombres amarillos bajo la tensa seda
guardando sus secretos, sus caminos y sus signos!
Veo entre peces voladores
cabalgar la trirreme del romano
y al bajel del griego salir de la zozobra;
todas esas ambiciones que iban tras las Hespérides
encalladas en el arrecife del Minuto.
Y la Sirena, el paganismo de a bordo
recubierto de escamas y colocado fuera,
y el oficial Leviatán del Viejo Testamento
condensados en la ballena blanca
que surcó todavía, en mil ochocientos y tantos,
el querido inolvidable mar de los antiguos.

CARACOL DE SUEÑO
SOBRE UNA COSA QUE MATA
Una bestia terrible resbala sobre todo:
terrible como decir “yo permanezco”,
de la tribu que puede cruzar sobre una hoja de afeitar
tomándose su tiempo,
arrastrando su fuerza pausadamente
sobre el agudo diminuto abismo
que separa un lado de otro lado.
Y no puedo ver la sonrisa de esta casi cosa
tras su hazaña que no puedo imitar,
yo, frágil materia que sólo puede aplastarla,
ella, como casi todas las cosas, fuerte gelatina
determinada a seguir sin que yo exista.
Para mí, la certeza es el brilloso camino de su nunca.

DEJA QUE HABLE EZRA POUND
Si no tienes nada que decir cállate
deja que hable Ezra Pound
desde las sombras el espléndido anciano
desde la fina línea de agua
el magnífico anciano
te muestra los genuinos billetes de su fortuna
y todos brillan legítimos peces
de un río infinito que sí
ése nunca se detiene.
Si no tienes nada que decir cállate
los altos caballeros las damas abigarradas
que vivieron y murieron y nacieron por esta sola causa
no pueden tener al lado
el tartamudeo de un enano
la cojera de un monedero falso
que delata que el oro de sus verbos
carece de aquella delgada línea de agua
esa finesse salvaje la impecable mancha
que no adorna la cabeza del animal escrito
-que cruza sólo un instante por el papel-
sino que sale de adentro del animal desfondado
de las vísceras vivas donde corre la sangre real
-ésa de donde proviene el color del colorado-
y palpita afuera como un monstruo de luz
como una imagen sin otra capilla que cada cosa
de cada universo posible e imposible
la que podría muy bien ser adorada
de pie y sin velos sin altares ni nada
-ni siquiera acólitos-
bajo el nombre de nuestra señora de los verbos
nimbada de estiércoles y nervios
de eclipses y novas oh tú
alta y baja sublime maliciosa
poesía que reinas sobre la amplia noche
y el delgado día

CESAR VALLEJO
Por los corredores de la imaginación ir caminando,
libre y solo para siempre, como cuando era
y no sabía que era un niño,
hasta olvidar que estoy imaginando.
Que esta carne pesada, que orina y suda,
en una o dos ideas se resuma
o vuelva bien atrás, a esa casi nada
que casi nada ve en su cielo nublado.
Devuélveme al chimpancé o hazme sólo literatura,
mas no me dejes la condición de hombre.
Esto que todo lo pesa en mí
afuera no pesa nada.

DE LO QUE HUYE
Pensar que Spinoza murió puliendo lentes.
Que Blake se fatigaba en una imprenta
esperando la conversación de ese día con los ángeles.
Que por vivir Baudelaire se humillaba ante su madre.
Que Rimbaud fue silenciado por Rimbaud,
para que este ingenuo me hable de la literatura.
Como si posible fuera otra cosa que inventar
ante otros la forma de lo informe
y cobrar un salario.
Qué persuadido está
de lo improbable.
Esas palabras
han erigido congresos y simposios
y prestigios y famas quizá más perdurables.
Y en el centro, el errante, de esta cosa mundana,
ese brillo salvaje que por disfraz,
por burlarse o por escapar aun más
del terco intento, ha inventado
también estas criaturas, seguro
ríe en alguno desde el fondo de la sala.
O mira con piedad su simulacro.

AL CASTELLANO
I.
En esta lengua que hablo, en estas frases de un eco
cuántas voces viven, cuánto eres la inmortalidad,
lengua de plurales que siendo una eres
metáfora de aquello que siendo uno es lo diverso.
El todo te contiene y tú contienes esa palabra: Universo.
Porque de qué otro modo podrían vivir en estos verbos,
en estas sonoridades, en estos silencios y alturas,
tantas sombras que fueron y tantas que serán mañana:
de las que serán ya están las palabras en las bocas
y estuvieron en la luna sangrienta de Quevedo,
en la mañana en que Díaz de Vivar tomó una ciudad
ya muerto, en la impávida marinería que otra mañana,
de octubre, vio una costa (sueño dentro de un sueño),
y estaba hecha de dolor, de hambre y de coraje.
Oh lengua donde cabalgan hombres y donde
tantas lenguas han desembocado,
ancho río de España que ha salido al mar,
es cierto que no conservaste para nosotros
la gracia leve de las declinaciones,
pero del sólido latín vienen tus huesos,
la carne somos hoy los que te hablamos
(el centurión que rige en la provincia
lejana de su imperio, no comprende
que al pedir el vino pide a la historia que conserve
unos distintos matices, unos cambios que no serán
fugaces como su humana sombra,
sino el futuro del habla de Virgilio).
El fenicio que apoyaba su balanza en su lanza
y desde lo conjeturable a cambio
nos dejó su sangre y sus palabras.
El doctor que en la Torá canta al Dios de Abraham,
el duro visigodo que bautiza a su hijo
con trabajosas frases que ya no son exactamente
las sajonas
con que fue nombrado.
El victorioso muslín,
que bajo el verde triángulo de sus banderas
no sabe que fue él el conquistado.
El probable griego que lejos de Bizancio
sumó a sus ciencias el arte de vivir en el exilio.
El capitán de hombres, asturiano,
que juró sobre la espada de hierro tomar esa colina
y en la colina duerme desde entonces.
El fraile que en la celda deleita las horas y las horas,
al resguardo del muro y de su tiempo,
inclinado sobre el tomo y que transcribe
siglos después el porvenir de esos ecos,
las frases de Aristóteles y los dobles sueños de Plutarco,
no conoce que en lo que ara su pluma
otro rumbo se ha abierto.
Lo supo el triste, el alto, el solo
que soñó en la cárcel que era Miguel de Cervantes
y que escribía el Quijote.
Ni el judío ni el moro ni el cristiano
que disputan y entremezclan sus sangres
en tu sonoro ancestro lo comprenden:
de qué miles de hombres y de historias
has salido, lengua de Gracián y las Américas.
II.
Veo en ti.
No estás hecha de sonidos solamente,
ni de ideas solamente ni de conceptos.
Fuiste hecha
también para nombrar esas penumbras de
las imprecisiones,
la ambigua senda que entre la palabra y los hechos
declara su dominio.
Otra proeza tuya, castellano.
Que la eternidad tenga un cuerpo y que podamos
palpar el peso de una hora en la palabra.En Persia ciertas oraciones podían mover los astros;
sólo tú, ahora, puedes convocarlos.
Que yo diga pradera
y la pradera se extienda, como una alfombra sin árboles,
amarillento cielo derramado de aquí hasta el horizonte.
Que yo diga volcán y que éste brote en la habitación
sonora,
arrancando los pisos e hirviendo los aires y el aliento.
Que diga mar y pise el légamo del fondo
con los cabellos sacudidos por las olas,
todo venido
en torno
sueño líquido, blando peso en movimiento,
inconmensurable.
Que diga aire y me eleve o todo hacia algún allá
descienda,
como si cayera la tierra y en el mismo lugarme quedara, solo.
De alguna forma, en millones de bocas,
lo has abarcado todo, lo has devorado todo:
¿qué otras palabras, como gentes del futuro,
en ti, lengua infinita, allá adelante esperan por nosotros?
Cuáles habrá para nombrar lo que no ha nacido nunca,
como no habían nacido antes éstas que hablamos.
Si presente es eso que al nombrarlo en ti
es lo que ha sido, más el mañana de lo mismo, incluso,
lengua que has sido la de Góngora y es mía,
usando tus palabras yo te sueño tan eterna
como la tierra y el aire.
A ti, que abarcas por igualel fuego y el agua y la tierra y el aire.

ESTA MAÑANA ESCRIBI DOS POEMAS
Esta mañana escribí dos poemas.
No me pregunto ya por el sentido
que tiene o no tiene este oficio oscuro.
Simplemente es otra manera, posible, de estar vivo.
Me pregunto por el origen
de esas dos cosas que ahora están sobre la mesa,
no exactamente hechas de papel y de pigmentos.
Por los hombres que lo han dicho mejor
y hoy están muertos.
Por los siglos de guerras y de paces
que entre las palabras han corrido.
Me pregunto los nombres y el semblante
del que en otra parte del globo ha dejado
sobre su mesa otras dos cosas iguales
y que duda también de mi existencia.
Me pregunto por los miles de días y de noches
que han debido transcurrir para que hiciéramos esto.
Por los cientos de personas
que han donado los versos.
Me pregunto por qué, hace un rato,
se ha modificado dos veces este mundo.

LA MANO
Esta mano que tiendo
y que te aguarda
es otro vano prodigio,
otro milagro inútil
de la serie infinita
que nos rodea en silencio.
En la mañana que ha dejado
atrás las dos vigilias,
la del insomnio y la del sueño,
que también es posible,
la contemplo a veces con ese solo asombro
que reservamos para lo extraño.
Ha viajado conmigo toda la noche.
Quizá, no lo recuerdo, ha palpado
cosas que no tienen forma.
A su tacto se han abierto
puertas y se han opuesto muros
que tal vez no existen.
Ha temblado de frío o ha sudado
bajo climas que no cambian.
Posiblemente
ha sido cortada, como en una noche
de 1676, y permanece intacta.
Ha de viajar conmigo por todo el día.
Es mi remedo: hará girar cerraduras,
tocará lo que ha sido tocado y tocarán los otros.
Todo es un infinito pasamanos.
Aceptará la alevosa amistad e intentará
disuadir las amenazas, que no son otra cosa
que equívocos de amor entre los hombres.
Y no desdeño que las horas de luz
la obliguen a papeles menores:
encender un cigarrillo o dejar
la humillación de la limosna
son parte del misterio donde actúa la mano.
Como yo, mi mano es algo que está
en el mundo para aceptarlo todo.
Ahora, que en la tarde,
cuando contemplo lo que escribe
estas voces sin el honor de algunas precisiones,
oscuramente comprendo
jirones de su metáfora.
Como un libro sagrado,
celosamente guardado por el enigma de su lengua,
se ha desgajado otra día
por el paso de la mano.



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11.7.06

INMIGRANTES EN CUENTOS ARGENTINOS


Autor: Lic. María González Rouco.
Escritora y periodista argentina

En muchos de los cuentos escritos en la Argentina por inmigrantes, sus descendientes u otros escritores, se alude a la tierra de origen, la inmigración, los inmigrantes que llegaron entre 1850 y 1950 y su descendencia. Estos son algunos de esos textos.

Alemanes
Eduardo L. Holmberg evoca en “La pipa de Hoffmann” a un judío alemán: “Era de mediana estatura, proporcionalmente delgado, cara oval, ojos negros, pestañas largas, y vestía siempre traje del mismo color de sus ojos y de su cabello, negro también. Al verle era difícil no reconocer en él un representante de la raza hebrea” (1).

Narra Jorge Luis Borges en “El sur”: “El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de una iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino” (2).

En “La tos” Ezequiel Martínez Estrada presenta a Rauch, un descendiente de alemanes, quien recibe la visita de “un señor corpulento, rubio”, un “empresario de reducciones orgánicas”. “Rauch se extrañó de la corrección con que se expresaba en castellano ese hombre evidentemente extranjero, de su raza” (3).

Juan José Hernández relata, en “El inocente”, que ha desaparecido un gato. “(...) Poco tiempo después Julia y yo lo descubrimos muerto en la quinta del alemán. Ocultamos nuestro hallazgo. Nos habían prohibido subir a la pared del fondo que daba a la quinta, pero a menudo desafiábamos el peligro para robar naranjas. Nunca saltábamos la tapia; hacerlo hubiera sido correr la misma suerte del gato” (4).

Magdalena Ruiz Guiñazú evoca, en “El sortilegio”, la relación entre una pareja de alemanes y la novia del hijo: “Digamos que aquellos germanos, los Sachs, mostraron sólo una educada indiferencia. ¿Qué podía importarles aquella criolla rioplatense, exuberante, alegre y pobre, que ni siquiera sabía hablar el alemán? Sin embargo, guardaron las apariencias con formalidad. Se cumplirían las reglas y sus amistades sólo percibirían que aquella no era la nuera esperada, pero que la vida es tal como es y que las personas inteligentes saben adaptarse a cualquier circunstancia” (5).

En “El hombre frío”, Horacio Vázquez-Rial presenta a un descendiente de alemanes: “Ese rubiecito flaco, que seguramente vivía en el barrio, aunque nadie sabía exactamente dónde, daba para todo: para una madre represiva, posesiva, castradora, que no le permitía tener una novia como todo el mundo, o para un padre violento, de tradición prusiana”.

En “Tablero desierto”, de Héctor Alvarez Castillo, un alemán contrae enlace en la nueva tierra. Relata el protagonista: “La historia familiar que alcancé a conocer es sencilla. Si soy sincero debo confesar que a ella la vi más de un par de veces. Mi amigo descendía de alemanes. Su padre llegó a Buenos Aires durante el segundo gobierno de Irigoyen en un barco que lo trajo de África, de un continente que no era su país, a otro más alejado aún del mundo en el que se había criado.

Provenía de una ciudad cercana a Berlín. En ella había logrado un título de ingeniero que lo conectó dentro de la comunidad germana ya instalada en el Río de la Plata y, en una de las reuniones a las que con frecuencia era invitado, la esposa del hombre con quien comenzara a trabajar le presentó a Eloisa. Una joven delgada que vio a su primer hombre en esa velada con el pudor y la ambición en tornadizo vaivén” (6).

Notas
1. Holmberg, Eduardo L.: ”La pipa de Hoffmann”, en Holmberg, Eduardo L.: Cuentos fantásticos. Buenos Aires, Hachette, 1957.
2. Borges, Jorge Luis: “El sur”, en Ficciones. Buenos Aires, Sur, 1944.
3. Martínez Estrada, Ezequiel: “La tos”, en Arlt, Roberto, Borges, J.L. y otros: El cuento argentino. 1930-1959***. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 83).
4. Hernández, Juan José: “El inocente”, en Hernández, Juan José: “La señorita Estrella” y otros cuentos antología. Selección por el autor. Prólogo por Daniel Moyano. Buenos Aires, CEAL, 1982. (Capítulo, vol. 134).
5. Ruiz Guiñazú, Magdalena: “El sortilegio”, en La Nación, 20 de diciembre de 1998.
6. Alvarez Castillo, Héctor: “Tablero desierto”, del libro de cuentos inédito "En la noche".

Armenios
En su novela Memorias para no olvidar, Eduardo Bedrossian incluyó “la historia de la pollera”, que comienza así: “-Una tarde llegó una clienta –volvió a contarles en su idioma armenio, como si fuera la primera vez. –Quería comprar una pollera. Me hizo sacar todos los modelos de pollera. Ninguna le gustaba. A veces era el talle; otras, el color. Cuando superamos estas dificultades, surgió otra: el precio. Al final, se fue sin comprar” (1).

Notas
1. Bedrossian, Eduardo: Memorias para no olvidar. Buenos Aires, 1998.

Belgas
En varios cuentos de Horacio Quiroga aparecen inmigrantes. Uno de estos cuentos es “Van-Houten”, que toma su tìtulo del apellido del protagonista, un “belga, flamenco de origen”, al que “se le llamaba alguna vez Lo-que-queda-de-Van-Houten, en razòn de que le faltaba un ojo, una oreja, y tres dedos de la mano derecha. Tenìa la cuenca entera de su ojo vacìo quemada en azul por la pòlvora. En el resto era un hombre bajo y muy robusto, con barba roja e hirsuta” (1).

Notas
1. Quiroga, Horacio: “Van Houten”, en Los desterrados- El regreso de Anaconda. Buenos Aires, Losada, 1997.

Checoslovacos
Abelardo Castillo evoca, en “El candelabro de plata”, a Franta, un pordiosero checoslovaco. Recuerda el narrador. “El viejo, cohibido al principio, de pronto empezó a hablar. Tenía un acento raro, dulce. Se llamaba Franta, y creo no haberme sorprendido al darme cuenta de que no era un hombre vulgar: hablaba con soltura, casi con corrección. Acaso yo le había preguntado algo, o acaso, rota la frialdad del primer momento (para esa hora ya estábamos bastante borrachos), la confesión surgió por sí misma” (1).

En “La golem”, Horacio Vázquez-Rial relata que “en la Patagonia, cerca del mar”, vivían Raquel Grein y su padre: “Alrededor de mil novecientos diez, Raquel Grein había puesto ahí su propia casa de putas, junto a un poblado transitoriamente próspero cuyo nombre es preferible olvidar, tan helado como la miserable aldea judía del este de Chequia en la que ella había visto su primera luz, una luz espesa y perturbadora, de lámpara de aceite, que en nada se parecía a la del sol”.

Notas
1. A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970. Selección, prólogo y notas por el Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz.. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 48. (Capítulo).

Daneses
Víctor Juan Guillot, en “Un hombre”, evoca a un danés, el protagonista. El teniente Juan Christiansen de la jerarquía revolucionaria “era un mocetón musculoso, alto y deslabazado, con ojos azules de fulgor triste, y largos bigotes rubios, de guías caedizas. Parece que era un dinamarqués establecido muchos años en Punta Arenas. De allí, quién sabe por qué, ganó la Patagonia, donde cuidara ovejas. Un día apareció en Resistencia, grandote, callado y pensativo. El comandante allende lo había visto imponerse a tres forajidos norteamericanos que ‘banqueaban’ en una jugada de monte inglés, armados de grandes revólveres y temidos hasta por la policía del territorio. Como entonces organizaba una expedición de acuerdo con los colorados, lo dio de alta con grado de teniente. Le entregó unas libras esterlinas y le prohibió el whisky, porque el dinamarqués, acriollado y todo, bebía como un guerrero de los tiempos de Odín. A un hombre así no se le dice que miente sin consecuencias” (1).

Notas
1. Guillot, Víctor Juan: “Un hombre”, en El cuento argentino 1900-1930 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980.

Escoceses
En “Un hombre”, Víctor Juan Guillot evoca al escocés Mc Dougall, “un antiguo administrador de yerbales, del que se contaban en voz baja muchas cosas” (1).

En “Revelación”, Augusto Mario Delfino presenta a una institutriz hija de escoceses: “Miss Eveline, la institutriz –una joven de Quilmes, hija de escoceses- les recomendó mientras los peinaba: ‘No olviden que en sociedad es preciso tener mucho tacto’. Angélica sabe que tacto es un sentido, como olfato y vista, y Ricardito ha comprendido que tacto es callar cuando las personas mayores hablan, comer la gelatina aunque no le agrade” (2).

Notas
1. Guillot, Víctor Juan: “Un hombre”, en Historias sin importancia. Incluido en R. J. Payró, J. C. Dávalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 105-109. (Capítulo, vol. 60).
2. Delfino, Augusto Mario: “Revelación”, en Cuentos de Nochebuena.. Reproducido en Stang, Margarita R. de: América habla. Buenos Aires, Gram Editora, 1975. Pág. 194.

Españoles

Andaluces
Francisco Montes es el autor de Leyendas y Aventuras de Alpujarreños. En “El desafío” (1) relata que un andaluz de dieciséis años ganó la competencia de doma que se realizaba para las fiestas patrias: “El domador con carita de extranjero, flaco, velludo y colorado, de ojos azules era el mismo que desde las Alpujarras había llegado con dos años de edad en la búsqueda de insondables destinos”.

En un cuento de Marta Lynch, “Chola, la hija del sastre, de la misma edad de Rosa, entró como si estuviera en su casa, con la pollera de volados de española en una mano y unas castañuelas alquiladas en la otra” (2).

Carmela, personaje de un cuento de María del Carmen García, era “una gitana como toda gitana, morena y habladora, activa y vigorosa, que criaba a sus siete hijos como si no le costara esfuerzo. La ropa siempre limpia y ordenada, la pieza pulcra donde no faltaba un altarcito para la Virgen del Rocío y una guitarra que a veces su Rafael sonaba con melancólicos rasguidos andaluces” (3).
Pierre Cottereau es el autor de “La abuela Augusta”, cuento en el que evoca un episodio de la ancianidad de un inmigrante andaluz. En los recuerdos del hombre, “Las mesetas se extienden hacia un horizonte claro, lejano; desde muy lejos llega el perfume de las manzanas en flor y los almendros son ramos blancos por doquier. Más allá, las praderas que bordean la ría están salpicadas de florecillas, desborda la primavera sobre toda Andalucía” (4).

Notas
1. Montes; Francisco: “El desafío”, en Leyendas y Aventuras de Alpujarreños, en Unisex. Buenos Aires, Bruguera. 163 pp.
2. Lynch, Marta: “Entierro de Carnaval”, en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967. Pág. 129.
3. García, María del Carmen: “Ojos gitanos”, en Cuentos de criollos y de gringos. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. En colaboración con Fanny Fasola Castaño.
4. Cottereau, Pierre: “La abuela Augusta”, en El Tiempo, Azul, 12 de octubre de 1997.

Asturianos
En “Carroza y reina”, cuento que da título al libro de Isidoro Blaisten premiado en el Concurso Literario de la Fundación Fortabat, aparece el asturiano Alvarez, mozo del café y bar El Aeroplano: “Los parroquianos empujan para llegar hasta las mesas del privilegio y arrastran al mozo, Alvarez el asturiano, el de los enormes pies, que se escurre entre los cuerpos con la bandeja en alto cargada de choppes, express y especiales de matambre que son la especialidad de la casa” (1).

María del Carmen García presenta, en “Ojos gitanos” (2), a unos asturianos: “Algún tiempo atrás habían llegado a Buenos Aires como otros tantos inmigrantes, esperanzados en un futuro sin miseria ni guerras. (...) Se habían conocido de niños en la aldea de Asturias en la que nacieron y se encontraron en Buenos Aires gracias a los oficios del padrino Manuel y como era de suponer se casaron en un septiembre lluvioso de 1910”.

Es asturiano un personaje de uno de los relatos de Hilel Resnizky: “En 1870 su abuelo, José Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buqyes y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareció un judío ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirtió y casó a su hijo Marcos con la hija de Molinas (...) -El viejo José Molinas era testarudo y, para decirte la verdad, tacaño. Por muchos años alejó de sí a su yerno judío, enfrentándose con el rencor de su hija. Al final se rindió y lo hizo socio. Molinas & Grun. ‘San Jacobo’. Así llamó Marcos Grun a la estancia que compró en Santa Cruz, en recuerdo de su padre” (3).

Notas
1. Blaisten, Isidoro: “Carroza y reina”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986.
2. García, María del Carmen: “Ojos gitanos”, en Cuentos de criollos y de gringos. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. En colaboración con Fanny Fasola Castaño.
3. Resnizky, Hilel: Puentes de papel. Buenos Aires, Milá, 2004.

Baleares
En “La niña de Ibiza” (1), Jorge Alberto Reale refleja la emigración y la nostalgia de una familia oriunda de esa localidad: “Esta historia comenzó un poco antes de la Guerra Civil Española del Año 36, en la baleárica isla de Ibiza, que es cuando los Ramallets decidieron abandonar su terruño y emigrar a Sud América. Fue así que un día del mes de febrero del año siguiente recalaron en Buenos Aires. No conocían a nadie. Estaban solos. Debían comenzar de nuevo.

Primero se alojaron en el Hotel de Inmigrantes, después en otros albergues aún menos confortables hasta que Don Diego, el padre, consiguió un empleo remunerado y una casa”.

Notas
1. Reale, Jorge Alberto: “La niña de Ibiza”, en el grillo, N° 42, Noviembre-Diciembre 2005.

Castellanos
En “Fuera de juego”, cuento de Horacio Vaccari, el hijo de un italiano zapatero habla a su padre muerto: “Cuando conocí a Julia, tardé meses en explicarle cómo era mi familia y dónde vivía yo. A ella nada pareció importarle. Me presentó a los suyos. Su padre era dueño de una confitería del centro, un local deslumbrante de luces. Hablaba un español rotundo, aprendido en su pueblo castellano. Me apabullaba su seguridad. Lo sentí tan superior, que no supe explicarle cómo era usted” (1).

Notas
1. Vaccari, Horacio: “Fuera de juego”, en Cuentos elegidos. Buenos Aires, Troquel, 1978. 138 pp.

Catalanes
H. Bustos Domecq es el seudónimo con el que firmaban Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares algunas obras escritas en conjunto. En uno de estos textos, que se titula “Las noches de Goliadkin”, un personaje expresa: “-Comparto su aversión a la radio. Como siempre me decía Margarita -Margarita Xirgu, usted sabe- los artistas, los que llevamos las tablas en la sangre, necesitamos el calor del público. El micrófono es frío, contra natura. Yo mismo, ante ese artefacto indeseable, he sentido que perdía la comunión con mi público” (1).

En “Las señoritas de la noche”, Marta Lynch presenta un almacenero catalán: “(...) El almacenero arreció en su reyerta milagrosa, recrudeció en los gritos y en los golpes con su férrea y antigua furia de anarquista; los vecinos oían ahora incomprensibles vocablos catalanes y su recia decisión de no dejar al cura aquel que hiciera un marica de su hijo. La cabra, esa piojosa de almacén, su mujer que seguía siendo linda todavía pasó a un segundo plano” (2).

Patricio Pron es el autor de “La espera”. El protagonista “era porteño. Había nacido allá por 1908 en La Boca, en el Hotel de Inmigrantes, un día de lluvias frías. Sus padres, llegados hacia días de Cataluña, le habían transmitido casi sin saberlo esa sensación de ya no pertenecer a ninguna parte, ni a Cataluña ni a Buenos Aires. Juan Vera era el primer argentino” (3).

Notas
1. Bustos Domecq, H. (Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares): “Las noches de Goliadkin”, en H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
2. Lynch, Marta: “Las señoritas de la noche”, en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967.
3. Pron. Patricio: “La espera”, en De manos abiertas... Cuentos por adolescentes. Buenos Aires, Tu Llave, 1992.

Gallegos
Relata el narrador, en “El convite de Barrientos”, texto de Santiago Estrada de 1889: “Pero todo lo que llevo referido habría sido tortas y pan pintado, si el portero de mi alojamiento, desconociéndome la voz y tomándola entre sueños por la de un pariente que acababa de morir en El Ferrol, no se hubiera negado a abrirme la puerta, conjurándome a que, ánima en pena, volviera al sitio de donde había salido, en la seguridad de que en cuanto amaneciera daría de limosna a un pobre los cuartos que me adeudaba al embarcarse para América” (1).

En “Departamento para familias” (2), cuento incluido en el volumen Pasos del gran bailarín, el sevillano Guillermo Guerrero Estrella alude a Inés, una criada gallega. Un matrimonio sostiene este diálogo: “-¡Te digo que yo no miento! (...)-Bien. Soy capaz de perder el empleo, para esperar a que Inés venga del almacén. Y como la gallega te desmienta, ya verás o que es bueno... Ahí está Inés. ¡Inés! -Señor... -¿Dónde encontró usted esta mañana las zapatillas? -En el cuarto de baño, señor. -¿Has visto, maldita perra, cómo no mentía?”.

Enrique Méndez Calzada incluye, entre los personajes de su “Cuento de Navidad”, a un ordenanza inmigrante. “A las dos y media de la tarde, el compañero Rabufetti, jefe de Corresponsales, el ordenanza Lavandeira, a quien por primera vez veía despojado de su uniforme, imponente de pasamanería áurea, y el que esto escribe, Roque J. Santillán, ítem más nuestros equipajes respectivos y un maletín de mano que Rabufetti no dejaba un momento, salíamos del edificio del Banco por la puerta de Bartolomé Mitre” (3).

En “La Casa Cerrada 1807”, de Manuel Mujica Láinez, el protagonista escribe una carta a un sacerdote, en la que manifiesta: “La circunstancia de haber nacido en Orense, aunque mis padres me trajeron a Buenos Aires cuando empezaba a caminar, hizo que después de la primera invasión inglesa me incorporara al Tercio de Galicia. Intervine con esas fuerzas en acontecimientos que ahora, tantos años después, su osadía torna mitológicos” (4).

En “Verde y negro”, cuento incluido en Unidad de lugar, Juan José Saer escribe: “Eran como la una y media de la mañana, en pleno enero, y como el Gallego cierra el café a la una en punto, sea invierno o verano, yo me iba para mi casa, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, caminando despacio y silbando bajito bajo los árboles. Era sábado y al otro día no laburaba” (5).

En “El mundo, una vieja caja de música que tiene que cantar”, Héctor Tizón presenta un cura gallego: “El cura comienza a pasearse despaciosamente por el salón. Está pensativo, cabizbajo y dice por ahí (sólo el Capataz y el Turco pueden escucharlo, los otros no están en este momento) aludiendo quizás a su pobreza: -Me ha tocado una parroquia estéril como una mula. Y poblada de locos” (6).

En “El Antonio”, cuento incluido en La manifestación, Jorge Asís escribe: “Cómo no recordarlo, cómo olvidar los picados en las calles, y de la gallega neurótica que no daba la pelota cuando caía en su casa, o la devolvía cortada, y los piedrazos que caían de noche en su techo de chapa” (7).
A un personaje de Marta Lynch, “una rabia sorda, tan feroz como sus oscuros orígenes de india y de gallego la espantó de la prefabricada donde José dormía su mona cotidiana” (8).

Elsa Gervasi de Pérez es la autora de “Carta a Galicia” (9), texto que mereció una Mención en el Certamen que el Rotary Club de Ramos Mejía organizó en el año 1994. Así dice la carta: “Nos acompañó la soerte a la Paca y a mí y a nuestra rapaza la Paquita. He tenido la entelegencia de saber sumar como me enseñó el maestro del pueblo. Gracias a usté pai. Aprendí bien los Toremas de Pitagorras y por eso en cuanto llejamos, hicimos un paseo por la Avinida de Maio que es muy bunita y nos recoerda a Madris, compramos un billete de lotiría”.

Escribì mi cuento “Volver a Galicia”, basàndome en una anécdota familiar. Acerca de esta mujer, digo: “Hasta que no lograra pisar esa tierra, nada tendría valor para ella, porque le faltaba su punto de partida, el origen que la había llevado a ser quien era” (10).

En “Un cielo para el gallego” (11), evoco los últimos días de mi abuelo materno. El cuento fue distinguido con una Mención Especial en el Concurso de Literatura convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital Federal, en noviembre de 1999. Integraron el Jurado María Angélica Bosco, Eduardo Gudiño Kieffer y Jorge Masciángioli.

Antonio González, nacido en Lugo en marzo de 1890, protagoniza “El regreso del indiano” (12), cuento en el que inventé para mi abuelo paterno una vida más feliz que la que realmente tuvo. Este cuento fue distinguido con una Mención del Jurado en el Concurso de Literatura convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital Federal, en noviembre de 1999.

Integraron el Jurado María Angélica Bosco, Eduardo Gudiño Kieffer y Jorge Masciángioli.
El protagonista de “Esperanza”, de Santiago Korovsky, “Con la gente del conventillo se había ido encariñando, había cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judíos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariñosa, generosa y solidaria. Algunos habían probado suerte como él, pero, también, habían perdido” (13).

En “Los amigos”, escribe Natalia Kohen, acerca de su personaje José Manolo Pérez Ortigueiras: “También Pepe consiguió su media naranja, pero no por medio de la agencia, que le parecía onerosa. Se había propuesto no gastar una sola peseta (como diría su padre) en este trámite, ni al contado, ni en cuotas. Recordó la época en que de adolescente había sido repartidor de ‘Al pan crocante’. En una de las casas adonde llevaba diariamente pan y facturas, trabajaba Amparito, una galleguita recién llegada –de un lugar de Galicia que nadie pudo encontrar jamás en el mapa- donde ella había sido la reina de las romerías” (14).

En “Doña Conce”, Jorge Dietsch relata los últimos momentos de una gallega: “Doña Concepción tenía 98 años y ése día era el día de su muerte. (...) La respiración se hizo pausada, se detuvo el temblor que sacudía su cuerpo y se le encendieron los ojos. Era evidente que esperaba algo importante. De pronto pidió por sus zapatos, e incorporándose en la cama, comenzó a bailar.” (15).

En “El residente”, de Teresa C. Freda, aparece una gallega, “pobre y santa enfermera, medio bruta pero buenaza” (16).

En “La aventura olvidada de Sandokan”, María Rosa Lojo escribe acerca de la relación entre Sandokan y una inmigrante gallega, en Buenos Aires: “Ninguno, tampoco, sentía ni hacía sentir de tal manera el dolor de la patria distante. En nada se asemejaban las intrincadas selvas de Borneo, el húmedo árbol del pan y el gigantesco sicomoro, a las sobrias castiñeiras y los ásperos pinares de los montes gallegos. (...) Pero la nostalgia por lo amado y lo perdido era la misma” (17).

“El Orensano” protagoniza “Se abrió el cielo”, de Jorge Alberto Reale. El inmigrante “No persigue ninfas deseosas, ni asusta a novios celosos. Traquetea llevando su amoladora y su flauta, esperando que alguien lo llame. No es Pan enseñando a Olimpos el misterio del Policálamo, y tampoco tiene la belleza del Fauno de Praxiteles, pero es de Orense el pueblo de la chispa y los dulces arpegios” (18).

En “El sueño de Dyusepo” -cuento de Luis León distinguido con el Primer Premio en el Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía, convocado por la AMIA-, se hace referencia a un inmigrante gallego que tenía un horno en el fondo de su casa: “Había cuatro grandes salas a las que se llegaba a través de un largo pasillo, generosamente ancho, que le hubiera permitido entrar desde la calle con su carro cargado. Tenía un inmenso fondo de piso de baldosas coloridas, sombreadas por una enorme parra y un horno de panadero. Un antiguo horno de ladrillos, lleno de pequeñas puertas de hierro ya oxidadas, donde un gallego muerto al llegar el siglo, hacía pan para vender” (19).

Notas
1. Estrada, Santiago: “El convite de Barrientos”, en Varios autores: 20 relatos argentinos. 1838-1887. Selección y prólogo de Antonio Pagés Larraya. Ilustración en colores de Horacio Butler. Buenos Aires, Eudeba, 1969.
2. Guerrero Estrella, Guillermo: “Departamento para familias”, en R. J. Payró, J. C. Dávalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Sel. y pról. de Eduardo Romano, notas de Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
3. Méndez Calzada, Enrique: “Cuento de Navidad”, en R. J. Payró, J. C. Dávalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Sel. y pról. de Eduardo Romano, notas de Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
4. Mujica Láinez, Manuel: “La casa cerrada 1807”, en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. Séptima Edición. (Colección Piragua). Pp. 184-5.
5. Saer, Juan José: “Verde y negro”, en J. J. Hernández, H. Tizón, Isidoro Blaisten y otros: El cuento argentino 1959-1970** antología. Selección, prólogo y notas del Seminario Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
6. Tizón, Héctor: ““El mundo, una vieja caja de música que tiene que cantar”, en J. J. Hernández, H. Tizón, Isidoro Blaisten y otros: El cuento argentino 1959-1970** antología. Selección, prólogo y notas del Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
7. Asís, Jorge: “El Antonio”, en A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970* antología. Selección., prólogo y notas del Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
8. Lynch, Marta: “Entierro de Carnaval”, en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967. Pág. 129.
9. Gervasi de Pérez, Elsa: “Carta a Galicia”, en Rotary Club de Ramos Mejía. Comité de Cultura. Buenos Aires, 1994.
10. González Rouco, María: “Volver a Galicia”, en El Tiempo, Azul, 27 de diciembre de 1998.
11. González Rouco, María: “Un cielo para el gallego”, en Josefina en el retrato. Buenos Aires, el grillo, 1998.
12. González Rouco, María: “El regreso del indiano”, en El Tiempo, Azul, 16 de enero de 2005.
13. Korovsky, Santiago: “Esperanza”, en “Bienvenidos al Concurso Literario 1997”, El Jardín de la Esquina / Aequalis.
14. Kohen, Natalia: “Los amigos”, en Todas las máscaras. Buenos Aires, Temas, 1997.
15. Dietsch, Jorge: “Doña Conce o la despedida”, en El Tiempo, Azul, 14 de marzo de 1999.
16. Freda, Teresa C.: “El residente”, en El Tiempo, Azul, 26 de junio de 2002.
17. Lojo, María Rosa: “La aventura olvidada de Sandokan”. Publicado en la revista SIBILA, 12, Revista de Arte, Música y Literatura, Sevilla, Abril 2003, pp. 43-47.
18. Reale, Jorge Alberto: “Se abrió el cielo”, en el grillo, N° 36, Noviembre-Diciembre 2003.
19. León, Luis: “El sueño de Dyusepo”, en León, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004. 96 pp.

Madrileños
En “Invocaciones a la dama del espejo”, de María Rosa Lojo, un personaje escribe sobre su madre: “Erase una vez una reina, venida de un lejano país a otro caído en el extremo del mundo, casi allí donde empiezan los grandes hielos. Era orgullosa y nostálgica, y la devoraba el temor secreto de haber perdido su rostro verdadero. Para eso se miraba todos los días en el gran espejo de su cuarto regio, para reconocerse. En realidad –desdichada reina-, ella nunca supo cuál era ese rostro suyo buscado y preservado y lo que con tanto afán perseguía, lo quiso en vano” (1).

Notas
1. Lojo, María Rosa: “Invocaciones a la dama del espejo”, en el grillo, N° 41, Julio-Agosto de 2005.

Vascos
En “La pesquisa” (1), de Paul Groussac, aparece una sirvienta vasca. La mujer es descripta por el empleado de correo: “joven aún, vestida como sirvienta y de aspecto extranjero, había retirado una carta, exhibiendo un pasaporte español a su mismo nombre”.

En “El Hombrecito” (2), escribe Benito Lynch: “A fuerza de transpirado y jadeante, Bustingorri casi no habla, y recuerda, por su aspecto, a un gran buey cansino y sudoroso volviendo del trabajo”.

En “Hotel Comercio”, Bernardo Kordon presenta un comerciante vasco: “Un agente de policía cuidaba la puerta del Hotel Comercio. Los curiosos pujaban por entrar. Acosaron a preguntas al viajante. Divisó un rostro conocido: era Efraín Gutiérrez, el dueño de ‘El Vasquito’. Fueron andando juntos y cambiaron ideas sobre esa enfermiza y feroz voluntad de quitarse la vida.

Ambos le tenían miedo y terror a la muerte, y se pusieron de acuerdo en que matarse era una cobardía” (3).

En “Los trotadores”, de Elías Carpena, dice uno de los personajes: “-¡Mire, patrón: de los troteadores que ahí, en la Coronel Roca, corrieron el domingo, ni los que corrieron antes, le hacen ninguna mella... : ni siquiera el del vasco Estévez, que ganó sobrándose por el tiro largo, ni el de la cochería Tarulla, que ganó con el oscuro a la paleta! ¡Usted tiene el oro y lo confunde con el cobre!” (4).

Es vasco un personaje de “Mundo, mundo” (5), de Cristina Siscar.

En “La fotografía”, Celia Matilde Caballero relata que un vasco logra ingresar a la foto en la que estaban su esposa y sus hijos (6).

En la provincia de Buenos Aires se afinca el protagonista de un cuento de Arturo M. García: “Don Javier Echegaray y Tarragona, oriundo de San Sebastián en el país vasco y como su nación, fuerte de temperamento, férrea voluntad, constante en el trabajo y perseverante en sus ideas había llegado a la Argentina a los doce años con unas ansias inconmensurables de hacerse la América. Recaló en Buenos Aires, pero la ciudad que crecía no le brindaba muchas ilusiones y esperanzas” (7).

Arturo M. García relata, en “Ella eligió así”, lo sucedido a Raquel Amanda Olascoaga, hija de vascos tomada cautiva por Biguá, con quien pidió contraer matrimonio cristiano, rehusando volver a la sociedad. Cuando la llevaron los indios, ella era una “mujer de treinta años de edad, dama de recio temple y extraordinaria hermosura, hija única de un matrimonio de origen vasco, que después de haber habitado muchos años en el Río de la Plata, donde cosecharon una ingente fortuna a través de negocios de importación de bebidas espirituosas, traídas de Europa, se volvieron a su país natal, dejando a su hija ya madura, al frente de sus casas en Buenos Aires y Montevideo” (8).

Notas
1. Groussac, Paul: “La pesquisa”, en H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selecc. de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
2. Lynch, Benito: “El hombrecito”, en Lynch, Benito: Cuentos. Selección, prólogo y notas por Ana Bruzzone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 70).
3. Kordon, Bernardo: “Hotel Comercio”, en R. Arlt, J. L. Borges y otros: El cuento argentino 1930-1959*** antología. Selección y prólogo de Eduardo Romano, notas de Marta Bustos. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
4. Carpena, Elías: “Los trotadores”, en Carpena, Elías: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. Pág. 155.
5. Siscar, Cristina: “Mundo, mundo”, en Reescrito en la bruma. Buenos Aires, Per Abbat, 1987.
6. Caballero, Celia Matilde: “La fotografía”, en Fantasía y amor. Buenos Aires, Ediciones Arlequín de San Telmo, 1998.
7. García, Arturo: “El cóctel”, en el grillo N° 22. Buenos Aires, 1999.
8. García, Arturo M.: “Ella eligió así”, en el grillo, Suplemento: Gabinete de Letras y Arte El tema es la libertad, N° 18, 2004.

Sin mención de origen
En “La pesquisa” (1), de Paul Groussac, aparece un español que había logrado un buen pasar: “La señora de C., viuda de un comerciante español, después de liquidar la sucesión había colocado en diferentes bancos el importe de su modesta fortuna, para retirarse a aquella casita-quinta de su propiedad”.

Ante la posibilidad de que su hija se case con un cristiano, dice a la joven el protagonista de “Mate amargo”, de Samuel Glusberg: “-Es imposible. No se van a entender. En la primera pelea –y son inevitables las primeras peleas- él a manera de insulto, te llamará judía, y tú le gritarás cabeza de goi. Y puede que hasta se burle de cómo tu padre dice ‘noive’... él, que ha oído decir siempre al suyo: ‘Madriz’ “ (2).

En “El hombre de la radio a transistores”, cuento incluido en El yugo y la marcha, Andrés Rivera relata que al restorán Aguila llegó El Español: “A las ocho menos cuarto de la noche de ese martes se levantaron las persianas del restorán; se prendieron las luces; llameó, pálida, la pantalla del televisor. A la ocho y media llegó El Español. Era fuerte y alto, la nuca rapada en una cabeza pequeña; los ojos verdes, estrechos, jóvenes. La piel del rostro, quemada por el sol, tenía un color rojizo, vestía overall y saco, camisa de algodón, oscura, boina y borceguíes” (3).

En su cuento “Seguir viviendo”, Ana María Torres evoca a las modistas españolas: “Josefina se hacía los vestidos con una modista. Yo, en cambio, con una que venía a coser a casa. Siempre eran españolas y siempre dificilísimas de conseguir, se las recomendaba pero no mucho, pues de recomendación en recomendación aumentaban su clientela y cuando uno las necesitaba no las conseguía. Los diálogos interminables entre mamá y la modista, los reproches, las promesas de venir, las demoras... hasta que por fin aparecía” (4).

En “Historia de José Montilla”, Fernando Sorrentino da vida a un tendero inmigrante: “Don José Montilla vivía en la calle Bonpland, bastante cerca de casa. Mi padre tenía cierta amistad tenue con él, amistad que no iba mucho más allá del saludo y de alguna breve conversación. Pero quiero decir que don José Montilla y mi padre sentían un mutuo afecto silencioso. Gracias a esta relación, yo puedo ahora contar la historia de don José Montilla” (5).

Para conjurar la nostalgia, algunos inmigrantes traen de su tierra algo que les resulta especialmente querido: un retrato, un mantón, fotos... O el olivo que la española plantó en el fondo de su casa, en el cuento “Don Paulino”, de Marita Minellono (6).

En “El encuentro”, de Jonatan Gastón Nakache, encontramos un mozo español. (7).
El protagonista de “La foto”, de Alicia Pombar de Tourón, es un descendiente de hispanos: “Se llamaba Juan Carlos, era argentino, porteño, y había nacido en Versalles (...) Era nieto de inmigrantes españoles, agricultores por parte paterna, que buscaron alejar a sus hijos mayores de la guerra, y dejaron sus campos soñando volver. Su padre, uno de los menores, no compartía ese sueño” (8).

Notas
1. Groussac, Paul: “La pesquisa”, en H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección, Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
2. Glusberg, Samuel (“Enrique Espinoza”): “Mate amargo”, en La levita gris. Cuentos judíos de ambiente porteño. Buenos Aires, BABEL.
3. Rivera, Andrés: “El hombre de la radio a transistores”, en A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970* antología. Selección, prólogo y notas del Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 107).
4. Torres, Ana María: “Seguir viviendo”, en Seguir viviendo. Buenos Aires, Marymar, 1984. 152 pp.
5. Sorrentino, Fernando: “Historia de José Montilla”, en
http://www.badosa.com/.
6. Minellono, Marita: “Don Paulino”, en Reunión. Buenos Aires, Corregidor.
7. Nakache, Jonatan Gastón: “El encuentro”, en Escritura Joven III Concurso Literario para Jóvenes “Clara Kliksberg”. Buenos Aires, Milá.
8. Pombar de Tourón, Alicia: “La foto”, en el grillo, Suplemento: Gabinete de Letras y Arte El tema es la libertad, N° 18, 2004.

Franceses
“La escalinata de mármol (1852)” es uno de los cuentos de Misteriosa Buenos Aires, de Manuel Mujica Láinez. Lo protagoniza Monsieur Benoit, de quien se dice que era en realidad Luis XVII.

En sus postreros instantes, el francés recuerda su vida: “¡Cuánto dibujó! ¡Cuántos planos nacieron bajo sus dedos hábiles! Desde que llegó a la Argentina, en 1818, no cesó de dibujar.

Dibujó flores y animales extraños para el naturalista Bonpland; dibujó bellas fachadas para el Departamento Topográfico: edificios neoclásicos con frontones y columnatas, proyectos de canales, de muelles, de puentes, un mundo fantástico surgió de su pluma finísima, en la trabazón aérea de las cúpulas, de las torres, de los arcos. Antes, en Francia, había sido marino. Sirvió en las cañoneras del Emperador y en las goletas del Rey. Antes estuvo en muchas partes, en las Antillas, en Oriente, en Inglaterra, en Calais... Antes... antes había una terrible enfermedad, dolores agudos, una neblina que le sofocaba... Por más que se afanara en despejar las sombras que envolvían a su infancia, nada conseguía ver. Sin duda aquella enfermedad esfumó su memoria. Lo único que como un solitario peñón emergía en mitad del lago negro, era la
escalinata de mármol” (1).

En “Trampa”, escribe Elías Carpena: “Don Julio Sosa era patrón de una tropa de carretas y trabajaba con los hornos y con las quintas de los franceses”. Alberto Oscar Blasi, autor de las notas, explica: “En la Loma Verde de Morón, las quintas de melones y espárragos, y los montes de duraznos, pertenecían a familias francesas” (2).

En “El piola”, Adolfo Pérez Zelaschi presenta a un individuo que se quiere hacer pasar por francés: “Monsieur Gastón, un traficante de dinero extranjero a quien acudían sus compañeros del Banco, y él mismo, para algunas especulaciones menores, tipo de confianza, honesto delincuente del mercado negro que jamás había vendido un dólar o un marco falsos” (3).

El ingeniero Ebelot es el protagonista de “El francés de la zanja”, cuento de María del Carmen García: “El ingeniero Alfredo Ebelot llegaba con su andar de trancos largos, sombrero de fieltro cubriendo su rubia y rizada cabellera, botas altas y un poncho pampa cubriendo el hombro izquierdo. El francés se sumaba con frecuencia a beber unas ginebras y a oír y narrar los avatares de un día más en ese confín del mundo en América” (4).

En “Unico testigo”, Jorge Alberto Reale se refiere a una inmigrante: “Manón, Griseta, La Francesita, eran los nombres de la misma mujer. Su aspecto absurdo, de melena recortada y la cruz de su boca bien roja, acompañaban la soledad de aquel lugar. Aquel lugar era el rincón del Bar 103” (5).

Notas
1. Mujica Láinez, Manuel: Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977.
2. Carpena, Elías: “Trampa”, en Carpena, Elías: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973.
3. Pérez Zelaschi, Adolfo: “El piola”, en H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección, Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo).
4. García, María del Carmen: Cuentos de criollos y de gringos, en colaboración con Fanny Fasola Castaño. Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1996.
5. Reale, Jorge Alberto: “Unico testigo”, en el grillo, Buenos Aires, N° 37, Mayo-Junio de 2004.

Griegos
La protagonista de “La rapiña”, de Marta Lynch, se refiere a los Stavros, una familia griega: “El mismo apellido desconcertaba de entrada. Como si vinieran de lejos con un confuso prestigio de Medio Oriente acerca del cual no había obligación de estar bien enterado o con un franco y honesto aire de inmigrante en primera generación, exudando inteligencia para abrirse paso y un límpido chusmaje que a fuerza de ser admitido dejaba de estorbar” (1).

“Michel Moljo: El epigrafista” (2) se titula el cuento en el que Isaías Leo Kremer evoca a este hombre que, “en 1950, dolorido por la devastación de toda la comunidad judía de Grecia, se embarcó hacia Buenos Aires para hacerse cargo de la conducción del templo SHALOM”. “De prisa Michel Moljo –escribe Kremer-, trata de descifrar rápido esas antiguas inscripciones, que ya vendrán los marmoleros para llevarse las placas y no habrá otra oportunidad para hacerlo.

Tu reacción fue instantánea, cuando el alcalde de Salónica decidió tomar una parte del antiguo cementerio judío por “razones urbanísticas”; te apuraste a rescatar ese testimonio que arranca de épocas tan antiguas y que nutrieron con sus nombres a tantas familias de hidalgos españoles“.

Notas
1. Lynch, Marta: “La rapiña”, en Lynch, Marta: Los cuentos tristes. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1967.
2. Kremer, Isaías Leo: “Michel Moljo: El epigrafista”, en SEFARaires, N° 18, Octubre de 2003.

Húngaros
Relata la protagonista de “Usurpación”, de Beatriz Guido: “Recuerdo a un acróbata húngaro que se encerraba en su cuarto de pensión, mientras yo me excitaba con sus contorsiones, y su silenciosa acompañante filipina limpiaba los cordones de la muerte, las víboras amaestradas” (1).
Escribe Marta Lynch: “A Rosa le gustaba el Carnaval. Había en la fiesta, una alegría y un misterio que le hacían tanto bien como disfrazarse de aldeana húngara o de mascota, con muchas rosas de paño distribuidas en el pelo y en el ruedo del vestido y una gran cofia almidonada que hacía resaltar su áspera piel oscura” (2).

Notas
1. A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970. Selección, prólogo y notas por el Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz.. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 48. (Capítulo).
2. Lynch, Marta: “Entierro de Carnaval”, en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967, p. 129.

Ingleses
En “Nelly”, de Eduardo L. Holmberg, uno de los personajes es inglés: “El señor Phantomton era rubio y delgado, usaba bigote caído, y en sus ojos vagaba una niebla de misteriosa sugestión. Vestía correctamente, como todos los ingleses acomodados, y conversaba con la franqueza de un hombre que dice lo que piensa, lo cual no suele ser agradable para los que no piensan lo que dicen” (1).

En “Un sepelio atmosfèrico (Crònica de 1891)”, Juan Carlos Dàvalos relata el destino que un astrònomo inglès radicado en Salta, eligiò para sus restos: “A toque de clarines, la ceremonia dio comienzo a las 3, hora en que el globo, totalmente hinchado, cernìase por encima de la muchedumbre apeñuscada. Debajo del globo, sobre una mesa, notàbase un bulto largo, especie de tùmulo cubierto por un amplio trapo negro: ahì estaba el cadáver de Mr. Stop” (2).

Un británico protagoniza “Mister Meaney”, de Juan Carlos Dávalos: “ ‘El gringo Meaney’ fue en el Colegio Nacional de Salta una de las últimas víctimas de nuestra incultura, en una época en que la buena crianza de mucha gente bien nacida estaba lejos de alcanzar el excelente nivel medio que observamos hoy” (3).

Un inglés protagoniza el relato que un personaje narra en el cuento “Al rescoldo”, de Ricardo Güiraldes: “-Est’ era un inglés –comenzó el relator-, moso grande y juerte, metido ya en más de una peyejería, y que había criao fama de hombre aveso para salir de un apuro. (...) El inglés, poco amigo de alcagüeterías, prometió cayarse y dejarlo al infelis yorando su amargura. Esto pasó hase muchos años, y dicen que al inglés, como premio a su güena alma, nunca le salió más redondo un negocio” (4).

Uno de los cuentos reunidos en Carroza y reina -libro de Isidoro Blaisten premiado en el Concurso Literario de la Fundación Fortabat-, es “Lotz no contesta”. En ese cuento, el narrador, Pecheny, recuerda a Míster Donovan. Pecheny y Lotz “Desde el veinticuatro que usaban el Longines. Desde el veintidós que estaban juntos en el ferrocarril. En el veinticuatro los ascendieron a los dos. Míster Donovan los hizo llamar y él en persona les entregó el Longines. Cuando entraron al despacho, Míster Donovan tenía ya los dos Longines encima del escritorio. Los felicitó y los mandó en comisión especial” (5).

Pedro Orgambide describe, en “La señorita Wilson”, a una inmigrante inglesa, acerca de la que manifiesta uno de los personajes: “Yo he visto a la señorita Wilson en la terraza, escuchando una sinfonía de Mozart que se empinaba por las paredes grises y subía hasta los cables tendidos y las antenas de televisión y las nubes de un atardecer en Buenos Aires. Y me pareció que la señorita Wilson sonreía” (6).

El protagonista de “Huella digital”, de Marta Celina Linardi, “Recordó los años transcurridos en el White School. Su educación había sido un privilegio. Y aquel comedor con enormes arañas y las mesas de roble pulcramente cubiertas con manteles almidonados. Las sillas eran muy pesadas para sus cuerpos de niños pero había que aprender a correrlas sin hacer ruido. Y las aulas. Y los jardines. ‘Eres afortunado’ decía mamá. Ella siempre me trajo regalos. Los mejores. Claro que no era fácil tolerar los fines de semana allí adentro. Por suerte Miss Focker me entretenía leyendo cuentos en inglés” (7).

En “Pleamar”, Oscar González evoca al capitán Griffith George, quien, tras naufragar en 1883, se radicó en la estancia “Los Yngleses”, en el Partido de General Lavalle (8).

A Amy Stirling –que “había sido inglesa, linda y joven”- se refiere el narrador, en un texto de María Esther de Miguel: “Como no hay males completos tuvo su porción de dicha: murió una tía y la dejó heredera. Amy Stirling, buscando defender su sueño hecho polvo, cerró la casa de Liverpool y dispersó sus días por el ancho mundo. Su meta fueron las ciudades con puertos: en ellos recorría muelles y cafetines, días y noches, los ojos bien abiertos y la foto del marinerito en la mano” (9).

En “La noche de la cruz de plata” -uno de los cuentos por los que Jorge Torres Zavaleta mereció el Premio Fortabat en 1987-, la guerra, que parecía tan lejana, tan europea, llegó a la Argentina. Tan argentino se siente el hijo de Miss Lucy que, cuando se declara la guerra de las Malvinas, se alista para combatir a los ingleses. Muere en el combate, luchando contra los soldados de la nación de sus padres. Miss Lucy, al enterarse de la muerte del joven, “pensó que de lejos, sin advertirlo, sus compatriotas la habían mutilado” (10).

Don Domingo, personaje creado por Fanny Fasola Castaño para su cuento “Y el paisano va”, recuerda su infancia: “Los niños tenían una mesa aparte, alrededor de la cual podían mezclarse en sus juegos. Y él se veía corriendo atrás de sus primas, algunas criollas y otras gringas. Sí, porque su madre era una de esas inglesas que habían llegado con su familia buscando mejores horizontes, huyendo de conflictos religiosos e intentando afianzarse en la campiña que tanto les agradaba” (11).

Con “La tarde que oscureció de tristeza”, Julio Enrique Juárez obtuvo el Primer Premio Categoría Narrativa 2004 en el Concurso Literario Identidad, en la Ciudad de Azul, Provincia de Buenos Aires. En ese texto se alude al mal proceder de un inglés: “Don Carlos Azcona, el hombre entrañable y admirado por la sociedad azuleña, se había quitado la vida. En una nublada tarde de verano de 1987 cuando aquel benemérito empresario pujante y exitoso, se dejó vencer por la ira y sacando de un cajón del escritorio el lustroso 38 Smith & Wesson que siempre lo acompañaba, gatilló tres veces” (12).

Notas
1. Holmberg, Eduardo L.: “Nelly”, en Cuentos fantàsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957.
2. Dávalos, Juan Carlos: “Un sepelio atmosférico (Crónica de 1891)”, en Los buscadores de oro. Incluido en Dávalos, Juan Carlos: La muerte de Sarapura Antología. Buenos Aires, CEAL, 1980. Págs. 96 a 101. (Capítulo, vol. 66).
3. Dávalos, Juan Carlos: “Mister Meaney”, en Los buscadores de oro. Incluido en Dávalos, Juan Carlos: La muerte de Sarapura Antología. Buenos Aires, CEAL, 1980. Págs. 102 a 106. (Capítulo, vol. 66).
4. Güiraldes, Ricardo; “Al rescoldo”, en R. J. Payró, J. C. Dávalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Selección y prólogo por Eduardo Romano; notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 60).
5. Blaisten, Isidoro: “Lotz no contesta”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
6. Orgambide, Pedro: “La señorita Wilson”, en La buena gente. Buenos Aires, Sudamericana. Incluido en A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970 antología. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 107).
7. Linardi, Marta Celina: “Huella digital”, en Varios autores: Nosotros el Sur. Selección de Nené D’Inzeo. Buenos Aires, Tu Llave, 1992. 124 pp.
8. González, Oscar: “Pleamar”, en El Tiempo, Azul, 1° de diciembre de 1996.
9. Miguel, María Esther de: “Amy Stirling”, en el grillo, Buenos Aires, Marzo-Abril de 2003, Año 12, N° 34.
10. Torres Zavaleta, Jorge: “La noche de la cruz de plata”, en El palacio de verano. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1987.
11. Fasola Castaño, Fanny: “Y el paisano va”, en “Cuentos de criollos”, en Cuentos de criollos y de gringos, Breves historias con Historia, en colaboración con María del Carmen García. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996.
12. Juárez, Julio Enrique: “La tarde que oscureció de tristeza”, en El Tiempo, Azul, 28 de noviembre de 2004.

Irlandeses
William Bulfin, escritor irlandés que llegó a la Argentina en 1880 y fue director de The Southern Cross, es el autor de Tales of the pampas. Alejandro Clancy, el traductor de la obra, afirmó: “Cuentos de la Pampa –escritos por Bulfin a partir de 1880- narra cómo era la vida de los irlandeses y de los argentinos en el campo, cerca de los fortines. Los irlandeses –que sobre todo eran ovejeros- llegaban acá sin un centavo y empezaban haciendo las tareas manuales que no querían hacer los gauchos” (1).

En el cuento “Los afanes”, Adolfo Bioy Casares alude a las irlandesas: "Milena tenía el pelo castaño –lo llevaba muy corto-, la piel morena, los ojos grandes y verdes (menospreciaba los ojos azules de las Irish-porteñas), las manos cubiertas de mataduras. Era alta y fuerte” (2).
Juan José Delaney es el autor de Tréboles del Sur (3), quince textos que transcurren a lo largo de más de un siglo. En “Destinos (1929)”, escribe una inmigrante irlandesa: “No te enojes porque no haya escrito antes. Me fue imposible hacerlo debido a la angina tabacal que me arrancó la promesa de no fumar más. Aciertas al suponer que no soy feliz. La vida es algo difícil por acá y confieso que estoy dudando de si mi arrojo de hace diez años valió la pena”.

Notas
1. S/F: en El Tiempo, Azul, 16 de noviembre de 1997.
2. Bioy Casares, Adolfo: “Los afanes”, en Mi mejor cuento. Buenos Aires, Orión, 1973.
3. Delaney, Juan José: “Destinos (1929)”, en Tréboles del sur. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1994.

Italianos

Abruzzos
Doménico, un campesino italiano herido durante una huelga en Buenos Aires, en 1919, siente nostalgia de su país. El personaje creado por María del Carmen García “Se quedó pensando en su casa de Pescara, la casa de sus padres, las paredes amarillas, las viejas tejas rotas, descoloridas, que cobijaban en una cocina y en una sola habitación a una numerosa familia de doce almas” (1).

Notas
1. García, María del Carmen: “Dóménico, el campesino obrero”, en “Cuentos de gringos”, en Cuentos de criollos y de gringos, Breves historias con Historia, en colaboración con Fanny Fasola Castaño. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996.

Friuli
Una madre deja en Italia a sus hijas, y viaja a la Argentina llevando al hijo, en el cuento “El tren de medianoche” de Syria Poletti: “Era un atardecer iluminado al rojo cuando mi madre se acercó al tren excitada y hermosa como todas las mujeres cuando van a reunirse con el marido y le llevan un hijo varón. Atrincherada en mi espeso mutismo, no quise besarla. Y ella, para aliviar su culpa, quiso creer que no la quería. –Todavía no comprende...-justificó su cobardía” (1).

Notas
1. Poletti, Syria: “El tren de medianoche”, en Mi mejor cuento. Buenos Aires, Orión, 1974.

Lacio
En “La conquista de Buenos Aires”, de Enrique Loncán, Cicerón vuelve a la vida en el siglo XX y emprende, “para los idus de marzo de 1932 (d.C.)”, un viaje del que se arrepentirá amargamente. El latino escucha que “más allá del Atlante existe una ciudad nueva, maravillosa, pletórica de esperanzas. Es la tierra prometida de los inmigrantes, la meta de los destinos fantásticos y las riquezas fabulosas. Se cuentan por millares los hijos del Lacio que en Buenos Aires hicieron fortuna...” (1).

Notas
1. Loncán, Enrique: “La conquista de Buenos Aires”, en Cuentos y esquicios. Buenos Aires

Lombardía
Un personaje de “El día de las grandes ganancias”, de Alberto Gerchunoff, es italiano. El dueño de la “Tienda de las cuatro estaciones” es descripto así por el narrador adolescente: “Lombardo de fuertes piernas, espaldas enormes y cara redonda como un plato, en la que brillaban dos ojos grises, rientes y móviles, hallábase siempre instalado en el fondo del negocio, colgando de los labios la curva pipa de barro. Hombre de cuarenta años, obeso y jovial como un párroco de aldea, no concebía entre las paredes de la tienda el malhumor que amargaba mis planes” (1).

En “Santana”, de Roberto Mariani, una lombarda sufre un percance: “Después de aquel temporal en que un aletazo de viento tumbó al suelo a la lombarda del segundo patio destrozándole la sopera y derramándole el humeante caldo, las vecinas todas, en un acuerdo defensivo, decidieron cocinar en sus respectivas habitaciones durante los días de recio viento o dura lluvia, rebeldes a la obstinada reclamación del negro Apolinario, encargado del conventillo” (2).

Notas
1. Gerchunoff, Alberto: “El día de las grandes ganancias”, en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amèrica, Tomo I, Nº 8, 1919. Págs. 227/8.
2. Mariani, Roberto: “Santana”. Citado por Páez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.

Piamonte
“La loca y el relato del crimen” es el cuento de Ricardo Piglia en el que el autor presenta a la amante de Bairoleto, hijo de piamonteses. “No hubo nunca en todo este país un hombre más hermoso que Juan Bautista Bairoleto, el jinete. (...) La vieja entró mirando la luz y se movió por la tarima con un leve balanceo, como si caminara atada. (...) –Yo he visto todo he visto como si me viera el cuerpo todo por dentro los ganglios las entrañas el corazón que pertenece que perteneció y va a pertenecer a Juan Bautista Bairoleto el jinete” (1).

Notas
1. Piglia, Ricardo: “La loca y el relato del crimen”, en H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 104).

Sin mención de origen
Giusseppe el zapatero protagoniza un tango de Guillermo del Ciancio. En un cuento de Horacio Vaccari, el hijo médico escribe una carta a Giuseppe. Le dice: “Hoy me duele decir todo esto, pero necesito torturarme con la verdad, con mi triste verdad y he de asumirla hasta el fin. Cumplí con la voluntad que usted me impuso desde la cuna. Estudié Medicina, fui uno más en el montón, aunque sacaba buenas notas. Tenía que hacerme perdonar mi origen, si bien mis compañeros me respetaban porque era callado y estudioso” (1).

En “El salón dorado 1904” (2), de Manuel Mujica Láinez, la dueña de una mansión en decadencia se entera de que muchas de las habitaciones se han transformado en locales. Uno de ellos es ocupado por un sastre presumiblemente italiano: “El ama de llaves la detiene delante de la puerta que da al comedor. En su panel central hay clavado un cartel: ‘Bruno Digiorgio, sastre’. Entran allí. Los cortes de género se apilan sobre un mostrador; los maniquíes rodean a la estufa, encima de la cual permanece, como un testigo irónico, el lienzo pintado de la ‘Carrera de Atalanta’ que imita un gobelino”.

Guillermo House evoca, en “El mangrullo”, la agonía de un hijo de inmigrantes, y el heroísmo del camarada sanjuanino que intenta protegerlo: “El conscripto Colombo (un hijo de gringos de la provincia de Santa Fe) es regular tirador, pero flojazo para las penurias. (...) Como Colombo no puede moverse, él le introduce en la boca su dedo meñique húmedo de rocío. Pero el sol no tarda en disipar este engaño, y desde temprano se deja sentir” (3).

Humberto Costantini escribe acerca de un gringo; en su “Historia de una amistad”: “a mí me gustaba cuando don Aldo me hablaba de sus cosas. Cuando vine a América, ¿sabe?, me soñaba tener una casa y una familia. Muchos hijos, sabe. Así como usted. O más todavía. Ocho, diez. Una mesa larga, larga, y todos allí a la noche comiendo con buen apetito. En mi ciudad había un sastre que tenía doce. Todos carabineros. ¿Se imagina? Con estos sombreros grandes..., me decía“ (4).

En el cuento “Niebla”, escribe José Luis Pérez: “Era el patio de ladrillos de un inquilinato, pulido por los pasos de fatigados inmigrantes, con enrejados verdes de varillas de maderas entrecruzadas, grandes macetas rojas y amarillas de formas acampanadas llenas de plantas, un gran piletón en el centro, el parral cubriéndolo todo y en una silla baja, sentado, con una chaqueta en su falda y una aguja en su mano, cosiendo con destreza y chupando su pipa, estaba él. Un aroma de uva madura y tabaco fuerte llenaba el espacio, de una vieja radio salía la voz de Beniamino Gigli, cantando “Wien, Wien, nur du allein’ ” (5).

Un amor imposible causa la emigración de un italiano, en un cuento de José Luis Cassini: “El mismo día en que Enrico se hizo cargo de la sastrería, el único auto de la villa se detuvo enfrente. El chofer entró: ‘La hija del Patrón se va a casar con un doctor de Zóppola, como él ha dispuesto; y aquí te manda este dinero a cuenta del traje de novia que le vas a confeccionar’. Enrico lo entregó y se embarcó” (6).

En “La confesión” (7), Víctor Casafús relata un extraño suceso en el que intervino un italiano: “Antes de irme, se me ocurrió pasar por la Sacristía para averiguar el nombre del Santo que tanto bien me había hecho. Para mi sorpresa me dijeron: -No. Con motivo de la pintura se quitaron todos los Santos. Al único que puede encontrar por ahí es a Don Giuseppe, el pintor”.
La historia secreta de un italiano es el tema de “El último patio” (8), de Haydee Massa, que se inicia con estas palabras: “Resolví ir a Jujuy porque en una de las últimas cartas tío Antonio rogaba que lo visitase. Era el hermano menor de mi padre y a éste le hubiese gustado que satisficiera su deseo. Ambos vinieron muy jóvenes desde Italia para establecerse en la Argentina. Después de convivir varios años en Buenos Aires, la afición por la arqueología incitó a tío Antonio a promover investigaciones en los yacimientos indígenas del país. Con el paso del tiempo quedóse definitivamente a vivir en Jujuy”.

En “Desarraigo”, cuento de Ana María de Benedictis, el narrador, que piensa en emigrar de la agobiada Argentina del siglo XXI, se arrepiente, evocando una historia familiar vinculada con la guerra: “Recordó que una mañana muy temprano llegó una carta bordeada de una franja verde, blanca y roja; que la abrió su abuela materna y comenzó a secarse las lágrimas con el delantal; que una a una iban llegando sus tías tratando de frenar el llanto que brotaba sin pedir permiso” (9).

Notas
1. Vaccari, Horacio: “Final de juego”, en Cuentos elegidos. Buenos Aires, Troquel, 1978. 138 págs.
2. Mujica Láinez, Manuel: “El salón dorado 1904”, en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977.
3. House, Guillermo: “El mangrullo”, en L. Gudiño Kramer, J.P. Sáenz y otros:: El cuento argentino 1930-1959* antología. Selecc. prólogo y notas de Eduardo Romano. Buenos Aires, CEAL, 1981. Pág. 83.(Capítulo, vol. 77).
4. Costantini, Humberto: “Historia de una amistad” (fragmento), en
http://www.abanico.edu.ar/.
5. Pérez, Jose Luis: “Niebla”, en Varios autores: Nosotros el Sur. Selección de Nené D’Inzeo. Buenos Aires, Tu Llave, 1992. 124 pp.
6. Cassini José L.: “El mar en los ojos”, en Rotary Club de Ramos Mejía Comité de Cultura. Buenos Aires, 1994.
7. Casafús, Víctor: “La confesión”, en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996.
8. Massa, Haydee: “El último patio”, en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996.
9. De Benedictis, Ana María: “El desarraigo”, en El Tiempo, Azul, 24 de marzo de 2002.

Japoneses
Anna Kazumi Stahl es la autora de “Sueño tanguero de un japonés” (1), cuento que comienza así: “Toshiuri Matsushiro arribó a Buenos Aires en 1947 a bordo de un enorme barco vacío. Había viajado –a buen precio- en las apagadas cámaras frigoríficas de la Estrella Austral que proveía al mayor país exportador de carne vacuna en todo el mundo. Cuando bajó, se puso a caminar por la ciudad. Era una figura pequeña y enflaquecida entre tantas personas corpulentas y bien nutridas que poblaban las calles”.

Notas
1. Kazumi Stahl, Anna: “Sueño tanguero de un japonés”, en Catástrofes naturales. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Pp. 200-206.

Polacos
En “Permiso, maestro”, Isidoro Blaisten presenta a “La Colorada”, “una polaca llamada Vlasta, es la prima de la pollera” (1).

En “Carroza y reina”, escribe: “Ya se ven las guirnaldas en la laca restallante, las guardas, las cenefas y las volutas de color de fuego, las letras en alegre novecientos en la madera calada, y los lises, las rosas, los tréboles, las fustas con diamantes, los escudos argentinos, las amapolas de cinco pétalos, las guitarras encintadas, los facones con chispitas y el bandoneón desplegado que el maestro filetero León Untroib ha pintado en las cuatro barandas de la carroza, en seis días desde el alba al crepúsculo” (2).

Los inmigrantes padecen las secuelas de la guerra. En un cuento de Sebastián Jorgi, un hombre dice a su mujer: “A la semana de vivir juntos, mamá Freda se largaba a llorar todas las noches en la habitación contigua. Vos me explicaste que estuvo en el Ghetto de Varsovia y no quiere dormir sola porque tiene mucho miedo de sólo pensar que los nazis la llevarán a la casona del fondo del campo” (3).

Weronicka, la protagonista de un cuento de Natalia Kohen, manifiesta: “vinimos a la tierra elegida por nosotros, a la Argentina, donde rehice mi vida y tuve a mi hija. A pesar de eso, a veces añoro mi tierra natal. En Polonia, cuando tenía dieciocho años, soñaba con ser médica. Aquí soy masajista, hice masajes a todos los que me llamaban, a las gentes más dispares. Ahora, gracias a Dios me doy el lujo de poder elegir...” (4).

En “Gratitud” (5) -cuento de Leonel Giacometto distinguido con la Tercera Mención en el Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía, convocado por la AMIA-, la narradora recuerda a su abuela inmigrante: “Abuela había nacido en Polonia, y muy joven llegó, en barco, a la Argentina, más precisamente a la ciudad de Rosario. Era lo único, en mis tardes de siete años, que sabía sobre la vida de abuela, que se llamaba Hanna, y no Anna, así, como decía madre que se escribía, con dos enes”.

Notas
1. Blaisten, Isidoro: “Permiso, maestro”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
2. Blaisten, Isidoro: “Carroza y reina”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
3. Jorgi, Sebastiàn Antonio: “Tardes del Lorraine”, en Tardes del Lorraine. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996.
4. Kohen, Natalia: “Weronicka, la masajista polaca”, en Todas las máscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997.
5. Giacometto, Leonel: “Gratitud”, en León, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004. 96 pp.

Portugueses
Carlos Molina Massey, en uno de sus cuentos, evoca a un comerciante portugués establecido en la provincia de Buenos Aires. Es el 25 de Mayo. En Mercedes se aprestan a conmemorar la fecha patria. “En la plaza, embanderada, había música y cueterío. Desfile de escolares. Aglomeración de curiosos. Por las calles jinetes gauchos paseaban el lujo de sus fogosos caballos. Don Contreras realizaba su programa anual desde el almacén de don Quintino, el portugués, situado en la esquina crucera de la plaza. Allí tenía concentrada su gente” (1).

En “La caza del yacaré”, escribe Elías Carpena: “de pronto se oyeron unos gritos que surgían de la maraña del monte. Era el portugués Jaime. Entró en la senda con los mismos gritos y se nos allegó. Lo descubrimos transfigurado: en él se dibujaba el espanto. Se puso en los más descontorsionados aspavientos; con el habla trabada e hipando” (2).

Notas
1. Molina Massey, Carlos: “La muerte del pingo”, en El cuento argentino 1930-1959 antología. Buenos Aires, CEAL, 1981.
2. Carpena, Elías: “La caza del yacaré”, en Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973

Rusos
“La siesta” (1) se titula uno de los cuentos que Alberto Gerchunoff incluyó en Los gauchos judíos. Así comienza: “Sábado, día del santo reposo, día bendecido por los escritos rabínicos y saludado en las oraciones de Yehuda Halevi, el poeta. La colonia duerme en una tibia modorra. Blancas las paredes y amarillos los techos de paja, las casuchas lucen al sol, sol benigno de la primavera campestre. Del cielo, lavado por la lluvia de la víspera, desciende una paz religiosa, y de la tierra se elevan rumores apacibles”.

Alberto Gerchunoff dejó, en el cuento “El día de las grandes ganancias”, testimonio de su época de vendedor ambulante, durante la adolescencia. “Necesitaba poco para abandonar el comercio a que me dedicaba. Era yo entonces alumno del colegio nacional. Había dado examen de primer año, encontrándome imposibilitado para continuar los cursos. Me faltaba el dinero para la matrícula, carecía de libros, del traje de cierta apariencia, a fin de que los camaradas de aula no se burlasen demasiado de mi aspecto gringo” (2).

En “Mate amargo”, escribe Samuel Glusberg: “Las alpargatas criollas y el mate amargo fueron los primeros síntomas de adaptación del tío Petacovsky. Pero la prueba definitiva, la evidenció dos meses más tarde, concurriendo al entierro del general Mitre.
Aquella imponente manifestación de duelo popular, lo conmovió hasta las lágrimas, y durante muchos años la recordó como la expresión más alta de una multitud acongojada por la muerte de un patriarca”.
Glusberg evoca en ese cuento, a propósito de la circuncisión del hijo del inmigrante llegado a la Argentina en 1905, un hecho luctuoso: “Sabido es que: de cien judíos que llegan a juntar algunos miles de pesos, noventa y nueve gustan instalarse como verdaderos ricos. De ahí que el tío Petacovsky, que no era de la excepción, amueblara regiamente su casa, comprara piano a la pequeña Elisa, y con motivo del nacimiento de un hijo argentino, celebrara la circuncisión en una digna fiesta a la manera clásica. Era justo. Desde el asesinato del primogénito, en Rusia, el tío Petacovsky esperaba tamaño acontecimiento. Igual que Jane Guitel, él había soñado siempre un hijo varón que a su muerte dijera en su recuerdo esa oración del huérfano judío, que el mismo Heine recordaba en su tumba de lana: Nadie ha de cantarme misa,/ Nadie ‘cádish’ me dirá,/ Sin cantos y sin plegarias/ Mi aniversario fatal...” (3).

En “Las noches de Goliadkin”, H. Bustos Domecq –seudónimo de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares- evoca el exilio argentino de una princesa rusa. Goliadkin relata su historia: “Veinte años lo separaban de esa noche de pasión, de robo y de fuga; en el interín, la ola roja había expulsado del Imperio de los Zares a la gran dama despojada y al caballerizo infidente” (4).

En “El baile”, Jorgi relata: “Había sido Mariuska, hija de una princesa rusa con veleidades de artista plástica, la que lo inició en pormenores del arte. Con tal de conquistarla al fin, le siguió el tren. Después de haberla conocido –recién finalizada la Segunda Guerra Mundial- en un bailongo de la Boca, simuló interesarse por la pintura” (5).

El bisabuelo de Zahira Juana Ketzelman llegó a Azul con su familia, pero, molesto por la actitud de los lugareños para con sus hijas casaderas, se fue de esa localidad (6).

Notas
1. Gerchunoff, Alberto: “La siesta”, en Los gauchos judíos. Incluido en R.J.Payró, J.C.Dávalos, R.Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Selección y prólogo por Eduardo Romano, notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 60).
2. Gerchunoff, Alberto: “El día de las grandes ganancias”, en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amèrica, Tomo I, Nº 8, 1919.
3. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): “Mate amargo”, en La levita gris Cuentos judíos de ambiente porteño. Buenos Aires, BABEL.
4. Bustos Domecq, H.: “Las noches de Goliadkin”, en H. H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 104).
5. Jorgi, Sebastián: “El baile”, en Fuga y vigilia. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996.
6. Ketzelman, Zahira Juana: en el grillo

Ucranios
Natalia Kohen evoca, en “El gran sueño” (4), la festividad de Pesaj. Relata la narradora, refiriéndose a su abuela llegada desde Ucrania: “Me pide que la ayude ‘aunque sea un poquito’: estamos en Pesaj (1) y me transformo en su ayudante de cocina. Colaboro con el guefilte fish (2), con los farfalaj (3) para la goldene iuj (4), y con los kneidlaj (5). Con qué fruición hundo mis manitas en la harina de matze (6) húmeda, para moldear los bocadillos. Qué trabajo me da pronunciar esas palabras en idisch, la abuela me ayuda, y también a percibir los aromas apetitosos con que se va saturando nuestro entorno”. (1) conmemoración de la salida triunfal del pueblo judío de su cautiverio en Egipto / (2) pescado relleno / (3) masa cortada en trocitos para acompañar sopas y guisos / (4) caldo de gallina / (5) bocadillos de harina de matze / (6) pan ácimo.

Notas
1. Kohen, Natalia: “El gran sueño”, en Todas las máscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997.

Sirios
En “El camello ciego”, relata Francisco Montes: “Los sirios sueñan siempre con la dorada esperanza de América. Y Rachid no era diferente. Esas esperanzas, los sueños de riqueza y unas libras en oro que Ibrahin colocó en su bolsillo, lo decidieron. Y días, después, en Lataquia tomaba un buque atiborrado de mugrientos emigrantes con su carga de sueños” (1).
Notas 1. Montes; Francisco: “El camello ciego”, en Leyendas y Aventuras de Alpujarreños, en Unisex. Buenos Aires, Bruguera. 163 pp.

Suizos
Víctor Juan Guillot, en “Un hombre”, evoca a “Morand, el suizo Morand, tirador infalible, que arrojaba al aire una caja de fósforos y la incendiaba de un tiro de revólver; de él sabíase que más de una vez hiciera blanco sobre cosa seria que una caja de fósforos” (1).

Notas
1. Guillot, Víctor Juan: “Un hombre”, en El cuento argentino 1900-1930 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980.

Turcos
En la “Cantata para los hijos de Gracimiano”, escribe Daniel Moyano: “Yo conocí a Gracimiana cuando ella todavía era una niña. (...)Los obrajeros y los turcos más ricos de la zona querían casarse con ella. Su desgracia fue Gracimiano. Todavía iba a la escuela cuando lo conoció. Gracimiana envejeció a los treinta años, gastada por él y por los hijos. Después la perdimos de vista, pero quien tuvo la suerte de conocer a Anita, su hija, podía ver otra vez a Gracimiana con las mejillas paspadas por el aire” (1).

En “El mundo, una vieja caja de música que tiene que cantar”, Héctor Tizón describe al “Turco”: “Con la negra barba cortada a golpes de tijera, el pelo sucio, abundante y revuelto de tal manera que pueda encajar dentro del pasamontaña y mantenerse allí por días y noches y días y sobre todo con su andar cauteloso, asentando con seguridad la planta de los pies evoca sin lugar a dudas largas travesías de camelleros en los arenales de Yemen, o en las faldas de Sinaí, o quién sabe dónde” (2).

Escribe Marta Lynch, en “Entierro de carnaval”: “Pasó una murga en traje de raso negro y amarillo que llevaba un cartelón ‘Los pesados de San Justo’ y un conjunto de chicas de la fábrica, disfrazadas de hawaianas. Pasó el carro del lechero adornado como para las fiestas patrias con una familia entera que cantaba cumbias y estribillos de Perón y pasó también el turco de la carnicería con un traje nuevo” (3).

El protagonista de “Rubishimón Benyojai”, cuento de Luis León, recuerda los relatos de su abuela sefaradí: “- Rubí Shimón Ben Iojai, mos acompaña akí y en la kái, Alfridico. Cuando lo bushkaron para matarlo, fuyieron él y su isho a la muntanyia. Era un cuento como cualquier otro. A la abuela Masaltó le agradaba narrarnos trozos bíblicos, que de vez en cuando mechaba con un poco de cábala y fábulas de Esopo. Yo la escuchaba con admiración, y habitualmente, haciendo dibujos sobre cartón, yo levantaba cada tanto mi cabeza, para controlar que no callara, y volvía a bajarla en silencio, para zambullirme en el dibujo, sin saber en realidad si debía entender todo lo que ella me contaba, o simplemente disfrutar del misterio de escucharla” (4).

En el cuento de Luis León, “Izmir, Vísperas de Pésaj”, judíos de Esmirna preparan su viaje hacia la “Aryintina, como Ierushalám, tierra prometida de leche y miel...” (5).

En “Chacarita, Vísperas de Pésaj”, otro sefaradí proveniente de Esmirna recuerda con disgusto su paso por el hotel de inmigrantes: “Cuarenta días en el vapor no fueron menos que cuarenta años en el desierto, y al llegar, ese hotel. Parecido a la timaraná de Chesmé, igual a ese manicomio donde murió Doudou, su madre que nunca lo abandonaba, y comenzó a dejarlo un día, de a poco, en su cerebro, poco a poco hasta olvidar quién era su único hijo, y otro día se fue entre esas paredes ajenas. Esas inmensas salas llenas de camas, donde cada uno hablaba de lo suyo y sin que nadie los entienda” (6).

Dyusepo –protagonista de “El sueño de Dyusepo”, cuento de Luis León distinguido con el Primer Premio en el Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía, convocado por la AMIA- ”reconocía su dicha al llegar al Río de la Plata. Dios había sido hartamente piadoso con él, aquel día en que Nissim Janná esperó largas horas en el puerto hasta que el enorme cuerpo de metal llegó a la dársena y con su mujer y sus dos pequeñas hijas, subieron al carro que los llevaría a esa pieza de 25 de Mayo y Viamonte” (7).

Un inmigrante, personaje de un cuento de José Mantel, relata su historia: “-Apenas tenía quince años cuando vine de Izmir con mi padre viudo. No tuvo suerte, y al tiempo decidió probar en otro lado, dejándome con una prima suya. No lo vi nunca más, no sé nada de él, ni siquiera si está vivo o muerto. La prima estaba casada con un mal hombre, que cuando se hacía ‘preto candil’ le daba ‘jaftonás’. Un día quiso pegarme a mí, y le partí la cabeza con un banco que había en la cocina. Salí de la casa, sabiendo que no podría volver más” (8).

En dos cuentos de Carolina de Grinbaum aparece el turco comerciante. En “La inocencia de los culpables”, escribe: “Nadie faltó al convite, desde el boticario, el Juez de Paz, el turco del almacén, el cura párroco, el comisario y algunos vecinos de vieja data. La cosa daba para gran jolgorio”. En “Un amarillo hiriente”, leemos: “Estaban sólo ellos y el pudor en la rústica cortina comprada al turco, única escenografía florida, entre esa aridez” (9).

Notas
1. Moyano, Daniel: “Cantata para los hijos de Gracimiano”, en Hernández, J.J., Tizón, H., Blaisten, I. y otros: El cuento argentino 1959-1970 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980.
2. Tizón, Héctor: “El mundo, una vieja caja de música que tiene que cantar”, en Hernández, J.J., Tizón, H., Blaisten, I. y otros: El cuento argentino 1959-1970 antología. Buenos Aires, CEAL, 1980.
3. Lynch, Marta: “Entierro de Carnaval”, en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967, pp. 132-3.
4. León, Luis: “Rubishimón Benyojai”, en SEFARaires, Nº 4, 2002. Buenos Aires.
(sefaraires@fibertel.com.ar).
5. León, Luis: “Izmir. Vísperas de Pésaj”, en SEFARAIRES.
6. León, Luis: “Chacarita. Vísperas de Pésaj”, en SEFARAIRES.
7. León, Luis: “El sueño de Dyusepo”, en León, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004. 96 pp.
8. Mantel, José: “La historia de Yaquito Péres (3) La confesión de Yusef”, en SEFARaires, N° 13, Mayo de 2003..
9. Grinbaum, Carolina de: La inocencia de los culpables. Buenos Aires, e.g, 2003.

Ucranios
En “Lotz no contesta” (1), el narrador, Pecheny, tiene el apellido de algunos inmigrantes llegados de Ucrania.

Notas
1. Blaisten, Isidoro: “Lotz no contesta”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.

Sin mención de origen
En “Doña Rita Material”, relato de Juan Bautista Alberdi, una mujer se queja de la imparcialidad de un juez: “Mi primo, el alcalde de este barrio, con quien nos hemos criado juntos, uña y carne con Donato, mi marido, que todos los días viene a casa, y muchas veces se queda a comer, a quien no hace tres días le mandé un pastel de choclos, ha tenido alma de sentenciar en contra nuestra, en una demanda que tenemos contra un gringo, ¡y contra un gringo, vea Ud!, por unos espejos que nos vendió muy caros, y se los quisimos devolver a los seis días” (1).

En “El pozo” (2), de Benito Lynch, relata el narrador: “Si ‘El Gringo’ estaba en ‘La Fortuna’ a pesar de las múltiples ocupaciones que le reclamaban desde la capital: remar, nadar, levantar pesas, arrojar la bala ‘y hasta’ prepararse para dar alguna materia de ingeniería en los complementarios de febrero; era simplemente por hacer una obra de caridad...”.

En “Lotz no contesta”, cuento de Isidoro Blaisten que integra Carroza y reina, volumen distinguido con el Premio Fortabat, aparece una alusión a los gringos: “Pecheny (...) dio vuelta varias veces el sobre del papel, lo abrió, leyó todo lo que decía: Papel de fumar – 75 hojas. El Surubí . Marca registrada. Tírese suavemente de la hoja. Selecta SAIC – Goya. Corrientes Papel engomado. Lotz se reía: ¿Cuándo piensa comprar los cigarrillos hechos, Pecheny? Ya ni los gringos de las colonias” (3).

En “Papá”, Susana Goldemberg relata una despedida: “Argentina. El nombre raro. Otro país. Del otro lado del mar. Papá trató de explicarme: -Es un país grande, rico, generoso. Allí respetan a todos los hombres del mundo que quieran trabajar sus tierras. No importa en qué templo o en qué idioma le hablen a Dios. Enseguida papá me alzó en sus brazos. Con torpes manos, recorrió mi cara: los rulos sobre la frente, las cejas, el dibujo de mi nariz, la línea de los labios. Y pellizcó mi mentón, como siempre lo hacía cuando me daba el beso de las buenas noches” (4).

En “Esperanza”, escribe Santiago Korovsky: “Un 27 de Abril partió de su casa. En el viaje, la mitad de los días se los pasó en la borda, con la cara verde, el estómago revuelto, mirando cómo lo poco que había comido caía al mar. Cuando se sentía mejor lo obligaban a entrar de nuevo a una bodega, sin ventanas, donde había unas cuatrocientas personas más. Ahí era peor, el movimiento del barco se sufría más, y el aire no circulaba bien” (5).

En su cuento “El cardenal”, Márgara Averbach escribe: “Yo siempre habìa querido un cardenal. En ese entonces, habìa muchos en los àrboles de la casa de las tìas, como flores rojas màs ràpidas que las otras. Y el abuelo, -que había nacido en una ciudad de Europa y después se había visto obligado a convertirse en gaucho judío, una conjunción inimaginable para él, supongo- me habìa prometido cazar uno para mì ese verano” (6).

De otro agricultor judío, “Aarón”, y su esposa, dice María Inés Krimer: “Aarón cerró la Biblia y se puso de pie para apagar la hornalla de la cocina. Dio unos golpecitos al mate para asentar la yerba y empezó a cebar. Vivía en un campito con su mujer, Clara. Nadie pudo explicar por qué terminaron ahí, perdidos en el medio de la pampa, cuando parientes y amigos se habían dirigido a las colonias de Santa Fe, Entre Rios y Chaco” (7).

Hilel Resnizky dedica Peregrinación entre patrias a la memoria de sus padres y su hermano, “como homenaje a la judería argentina, que supo unir valores”. El volumen consta de tres partes, cada una de las cuales muestra “características distintas que van de un realismo sentimental a un surrealismo –o metarrealismo- de mirada alerta”. La primera, “Argentino y Judío a mucha honra pretende presentar esbozos, aunque sean aislados, de la epopeya de la colonización judía en la Argentina”. Aparecen entonces los gauchos judíos, los conservadores y radicales, la discriminación, el tesón, la victoria y la desazón que caracterizaron a toda una época (8).

Notas
1. Alberdi, Juan Bautista: “Doña Rita Material”, en Varios autores: 20 relatos argentinos 1838-1887. Selección y prólogo de Antonio Pagés Larraya. Ilustración en colores de Horacio Butler. Buenos Aires, Eudeba, 1961.
2. Lynch, Benito: “El pozo”, en Lynch, Benito: Cuentos. Selección, prólogo y notas por Ana Bruzzone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 70).
3. Blaisten, Isidoro: “Lotz no contesta”, en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
4. Goldemberg, Susana: en Cuentos de la bobe. Buenos Aires, Sudamericana.
5. Korovsky, Santiago: “Esperanza”, en El Jardín de la Esquina / ÆQUALIS /
6. Averbach, Màrgara: “El cardenal”, en Aquì donde estoy parada. Còrdoba, Alciòn, 2002.
7. Krimer, Marìa Inès: en El Tiempo, Azul, 9 de febrero de 1997.
8. Resnizky, Hilel: Peregrinación entre patrias. Buenos Aires, Milá, 2001.

Varios
En “Santana”, uno de los Cuentos de la oficina, Roberto Mariani se refiere a los habitantes de un conventillo: “Una de estas antiquísimas mansiones actualmente agoniza en conventillo. En sus espaciosas habitaciones donde acaso en 1815 ó 1820 algún general de la Independencia abandona esposa e hijas para ir a satisfacer su sed patriótica en los abiertos campos de batalla, hoy conviven apretujadas seis u ocho familias de las más diversas nacionalidades, y costumbres contradictorias hasta la beligerancia. Italianos, franceses, turcos, criollos. La última habitación la ocupa un griego relojero” (1).

En “Una patada”, escribe Samuel Glusberg, bajo el seudónimo de Enrique Espinoza: “es necesario estar al tanto de las crueles trabas impuestas en Rusia y Polonia por los secuaces zaristas, para impedir a los jóvenes judíos llegar a las profesiones liberales; y conocer los sacrificios heroicos de aquellos estudiantes de toda la vida, para explicarse el valor que una madre judía concede a su diploma universitario” (2).

En “Trampa” (3), escribe Elías Carpena: “El niño Prudencio Suárez mantenía con Aquiles una amistad más entrañable que la fraternal. (...) Hacían juntos los deberes y estudiaban en la casa de Aquiles. Los afligían las mismas cosas y recibían por igual el contento. En las siestas de verano salían unidos a las quintas; a la del francés le quitaban los melones y sandías a las del vasco”.
Víctor Juan Guillot, en “Un hombre”, evoca a inmigrantes de varias nacionalidades. Un danés es el protagonista: “Como hombre, el teniente Christiansen era verdaderamente un hombre. Eso no lo había dicho el capitán Romero, y el capitán Romero, en Chile, se batiera con tres oficiales en tres días seguidos, matando a uno, hiriendo a otro y recibiendo del tercero ese sablazo que le alcanzaba de la sien izquierda al ángulo de la boca; ni el escocés Mac Dougall, un antiguo administrador de yerbales, del que se contaban en voz baja muchas cosas; ni, finalmente, Morand, el suizo Morand, tirador infalible, que arrojaba al aire una caja de fósforos y la incendiaba de un tiro de revólver” (4).

El protagonista de “Unisex”, de Francisco Montes expresa: “Yo, Tufic Farjat Gurruchaga (hijo de libanés y catalana) funcionario municipal de la noble San Luis de la Punta de los Dos Venados, mercedino de nacimiento, categoría 22 en el escalafón municipal, con tres años de filosofía (que no me sirven para nada) y tres de francés en la Alianza Francesa (que de algo me sirven ahora), tomé la excursión a Europa con mi mujer y dos parientes, antes de jubilarme y quedar anclado por secula seculorun” (5).

En uno de sus relatos, narra Hilel Resnizky: “En 1870 su abuelo, José Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buques y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareció un judío ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirtió y casó a su hijo Marcos con la hija de Molinas” (6).

El protagonista de “Esperanza”, de Santiago Korovsky, “Con la gente del conventillo se había ido encariñando, había cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judíos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariñosa, generosa y solidaria. Algunos habían probado suerte como él, pero, también, habían perdido” (7).

Notas
1. Mariani, Roberto: “Santana”. Citado por Páez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.
2. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): “Una patada”, en La levita gris Cuentos judíos de ambiente porteño. Buenos Aires, BABEL.
3. Carpena, Elías: “Trampa”, en Carpena, Elías: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. Pág. 121.
4. Guillot, Víctor Juan: “Un hombre”, en R. J. Payró, J. C. Dávalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Selección y prólogo por Eduardo Romano; notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 60).
5. Montes, Francisco: “Unisex”, en Unisex. Buenos Aires, Bruguera.
6. Resnizky, Hilel: Puentes de papel. Buenos Aires, Milá, 2004.
7. Korovsky, Santiago: “Esperanza”, en “Bienvenidos al Concurso Literario 1997”, El Jardín de la Esquina / Aequalis.


María González Rouco
Licenciada en Letras UNBA, Periodista

Nota:
Vetas Digital agradece a la autora el envío del trabajo precedente

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